Azufre 80
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L a caída se frena por unas manos vendadas.

Lucas, tras ver lo que el asesino pretendía, ha llegado a tiempo para colocarse entre la escalera y el fuego que quema sus pantorrillas y su espalda.

Su hija, Belén, grita encima de él y él grita por el dolor que le provocan las quemaduras en sus piernas y su espalda.

Ruge como un león porque está sobre el propio fuego.

Se está quemando vivo por salvar a su hija.

Usa todas sus fuerzas y empuja la escalera hacia atrás para apartarla del incendio.

La escalera se le viene encima de regreso y Quique la sujeta. No lo ha visto venir. El padre de la chica ha aparecido de la nada para fastidiar su mejor momento.

Lucas aprovecha que Quique tiene las manos ocupadas en la escalera y lanza un tremendo gancho de derechas que impacta en las costillas del gigante. Este se dobla lo suficiente para soltar la escalera y que su hija Belén caiga de espaldas, alejada de las llamas que amenazaban con quemarla.

Belén sigue gritando.

Lucas trata de golpear de nuevo a Quique, pero este ya está prevenido y cubre su costado. Da un paso atrás y agarra el brazo de Lucas con relativa facilidad. El guardiacivil nota entonces toda la fuerza de aquel gigante que como un huracán lo lanza por los aires.

Quique intenta levantar la escalera para tirarla al frente. Belén vuelve a sentir su cuerpo elevarse y acercarse al calor. El asesino tiene un único objetivo y piensa cumplirlo.

Lucas se levanta a tiempo para correr y embestir a Quique lanzándose a su cintura como un jugador de rugby.

Sin embargo, su cuerpo es tan grande y pesado que no logra derribarlo con el placaje, ni tan siquiera que suelte la escalera.

Quique la sujeta con una mano y con la otra, convertida en un puño, golpea las ampollas de la espalda quemada de Lucas que no puede evitar quedar de rodillas ante la bestia que va a matar a su hija y probablemente, después, a él.

—¡Cabo! ¡Cabo! —oye que le gritan sus mayores pesadillas.

Aprieta los dientes y con lágrimas en los ojos vuelve a golpear las costillas con ambos puños, de lado a lado, y logra apartar al monstruo de la escalera que cae otra vez. Los gritos de su hija suenan taponados.

El monaguillo se olvida de la escalera y se centra en la amenaza de aquel insecto desesperado.

Con su peso lo reduce colocándose encima.

Cierra los puños y, esta vez, golpea hacia abajo repetidas veces.

Aprende y decide alzar más los brazos para coger más impulso y que el mazazo llegue con más fuerza.

Lucas cae rendido bajo una lluvia de puñetazos que no logra apartar.

Trata de escapar de aquel chaparrón de golpes, arrastrándose por el suelo, incluso alejándose de su hija…

por sobrevivir. Si no sobrevive, tampoco podrá salvarla.

La bestia le agarra y trata de asfixiarlo por detrás.

Lucas siente la presión en su garganta y lanza dos débiles codazos.

Pasados un par de minutos que parecen horas, el monstruo se da cuenta de que no logra matarle así y entonces intenta darle la vuelta para ahogarlo por delante.

Sujetar y manejar a una joven resulta mucho más fácil.

Quique es grande, pero, a pesar de ello, siente el cansancio de aquella enérgica lucha.

Al fin logra darle la vuelta a su víctima y rodear su cuello con ambas manos.

No obstante, el guardiacivil sigue retorciéndose y le mira fijamente con los ojos ensangrentados.

No cesa, no se rinde, y Quique se siente cada vez más fatigado; por lo que decide soltarle para recuperar el aliento y buscar su martillo.

Tiene la garganta seca al igual que la sangre que rodea su labio partido por la caída de las escaleras. Matar a alguien cansa mucho.

Lucas está tumbado, semiinconsciente. No puede moverse más que para tomar oxígeno. Sabe que su hija está en peligro, sabe que él está en peligro y, a pesar de ello, su cuerpo no le responde. Se ha apagado. No tiene fuerzas para más. Quiere, pero no puede.

Quique regresa con el mazo en la mano. Va a destrozarle el cráneo como hizo con Manfred.

El guardiacivil no es capaz de dar más de sí mismo. Exhala el aire de sus pulmones mirando al cielo, observando las ascuas incandescentes que vuelan por el denso aire. Una lágrima caliente cae por su mejilla. Lo ha intentado. Lo ha dado todo y ahora se dispone a morir.