Azufre 66
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C omo no se ha permitido a las cámaras de televisión acceder a la iglesia durante el funeral de Fernando Ortiz, el incidente no trasciende a los medios de comunicación ni más allá del pueblo.

Tras la detención de dos miembros de la familia Ortiz, por agredir al sacerdote, y de algún violento más, el brigada Guerrero se da por satisfecho y oculta al capitán Paz el tremendo descontrol y la sensación de inseguridad que reina en Zufre, no vaya a ser que después de rodar la cabeza de Anastasia vaya la suya.

​ Lucas camina de regreso a casa con el brazo echado sobre los hombros de su valiente hija Belén. Yohanna y Anastasia les acompañan. Entran en la casa juntos y se sientan en el sofá del salón.

​ Belén expresa su preocupación por los altercados y no para de repetir que se siente culpable y que ella no quiso provocar que todo se fuese de madre.

​ —Ni se te ocurra sentir un mínimo de culpabilidad por lo que ha pasado —la defiende Yohanna—.

Esto no es tu culpa. La muchedumbre en conjunto se comporta como subnormales, siempre, estén donde estén, sea un partido de fútbol, un mitin político o un concierto de Isabel Pantoja; y el principal culpable de la que se ha formado hoy es ese abusador, que se las verá conmigo pronto, ya verás.

​ Belén no quiere imaginarse en el papel de quien se las tenga que ver con aquella guardiacivil campeona de Muay thai. La había visto entre el gentío reduciendo con mucha seguridad a dos hombres corpulentos.

​ —Tenía que decir la verdad; no podía callarme más.

​ —Claro que no —la defiende su padre—. La gente habla de lo que no tiene que hablar, y calla ante lo que se debe decir —añade—. Has peleado contra la injusticia, hija, eres muy valiente. Estoy muy orgulloso de ti.

​ —Me has defendido, Belén, y te lo agradezco —dice Anastasia—. No estás sola en esto. Me han apartado del caso de tu amiga, pero puedo ocuparme del sacerdote y pienso hacerlo. No voy a fallarte con esto.

​ —Ese hombre era un cerdo. ¿Le han detenido? ¿Irá a la cárcel?

​ —No volverás a verlo por el pueblo, eso te lo garantizo.

​ Anastasia sabe que una condena por abusos no llevará a la cárcel a un clérigo; sin embargo, se promete hacer todo lo que esté en su mano para que, al menos, no vuelva a ejercer su oficio.

No se contentará con las leves medidas que aplica la Iglesia: cambiarlo de localidad y santas pascuas. De eso ni hablar.

​ El teléfono de Lucas suena y este contesta a su exmujer, la madre de Belén. Él no se muestra nada beligerante y asiente a todas las condiciones que ella le pone. Cuando cuelga, avisa a Belén para que termine de preparar la maleta porque mañana se irá para Madrid muy temprano.

​ —La mitad de los alumnos se han ido del pueblo. Tómatelo como unas vacaciones en Madrid hasta que la cosa en Zufre se calme.

Esta vez no monta ningún berrinche, simplemente asiente y se marcha para seguir con lo que empezó esa misma tarde, antes de todo el descontrol de la iglesia.

​ —¿Qué han hecho con el padre Santiago? —pregunta Lucas en cuanto su hija se ha marchado.

​ —Se lo han llevado a un centro de salud. Se ha llevado algunos golpes, aunque nada grave. Iniciaré la acusación para abrir un proceso judicial contra él por abuso de menores.

​ —¿Crees que el asesino de Alicia estaba ahí esta mañana?

La pregunta de Yohanna se asienta en el salón con ellos. Todos sienten un escalofrío.

​ —¿En la iglesia?

​ —Sí.

​ —Creo que esta mañana todos eran capaces de matar a una persona. Ha sido un verdadero desastre. Espero que no vuelva a repetirse algo así, nunca más.

​ —Aunque no lo creas, este pueblo era muy tranquilo.

​ —¿Hasta que yo llegué? —ironiza.

​ —No. Hasta el asesinato de Alicia.

​ —Bueno, si lo piensas bien, para Alicia debía ser tranquilo antes de la llegada del sacerdote…