63
A nastasia se va al baño de la planta baja para cambiarse. Al menos ya no tiene esos dolores de barriga, aunque se encuentra bastante débil y no sabe si achacarlo a la regla o al tremendo varapalo que ha supuesto que la expulsaran del caso de aquellas malas maneras.
Lucas está molesto con su hija y con el mundo en general.
Sus emociones están tan a flor de piel y son tan cambiantes que siente un cosquilleo en el lagrimal, parece sentir ganas de llorar.
Tras el enfado, le asalta una enorme pena por pensar que en una hora asistirá al funeral de su mejor amigo.
Necesita una ducha para relajarse y sube al baño de la planta de arriba.
Allí camufla sus lágrimas con la abundante agua que cae de la alcachofa.
Jabona, enjuaga y seca su cuerpo maduro.
Mantiene una cuidada musculatura sobre su tripa cervecera.
Piensa que su físico está entre el de un chimpancé y un gorila, ni tan bajo ni tan fuerte.
Ni tan mal para su edad. Y la barba canosa le da aspecto de león viejo.
Una vez que se siente más limpio, regresa al salón donde Anastasia observa atenta la televisión con el mando bien sujeto a la mano. Algo importante está ocurriendo.
—Este cuento no se acaba nunca —expresa ella con tristeza.
Hace un gesto con la mano libre para que Lucas atienda a lo que dice el apuesto presentador del programa.
Informa sobre la dureza de las imágenes que van a emitir como si eso fuese penitencia más que suficiente para hacerlas públicas sin pecar de inmorales.
La imagen de la pantalla cambia del plató de tertulia a un espacio abierto.
Lucas reconoce el lugar de inmediato, en varias ocasionas ha esperado a su hija en aquel descampado, es el campo pedregoso que hay a la salida del instituto de Belén.
Dos chicas caminan alejándose de quien les graba.
Luego se detienen y encaran a quien sea que les esté acosando con el móvil.
Sus rostros están pixelados para mantener el anonimato, pero Lucas es el padre y reconoce a su hija con nitidez.
La segunda chica, la que se adelanta para ponerse en primer plano, es la ya fallecida Alicia.
Hace aparición la espalda de una joven de cabellos claros. La rubia mantiene una discusión acalorada con Alicia mientras Belén permanece detrás, en un segundo plano.
—¡Eres una guarra que se tira a todo el pueblo, primero con el calvo y ahora a mi ex! —Por su voz y también por su pelo, Lucas reconoce a la hija de la dueña del hostal, esa que ha sido madre tan joven—. ¡Pues no me sale del coño!
—Yo me tiraré a quien me dé la gana y a tu ex no me lo tiro porque es un enganchao .
Aquello enciende más a la chica rubia, que se adelanta con los puños cerrados y en alto, como si tuviese nociones básicas de lucha cuerpo a cuerpo.
Lucas sabe lo que va a pasar y reza, siendo egoista, porque su hija no se meta por defender a su amiga y se lleve la peor parte.
Jésica propina sendos puñetazos a Alicia que, de manera instintiva, se agarra a la larga melena rubia y le zarandea la cabeza.
La hija de la hostelera parece algo aturdida y la cadencia de sus golpes disminuye.
Alicia suelta una patada que la dobla en dos y, antes de darle la vuelta a la pelea, su hija, Belén, entra en escena para separarlas como buenamente puede.
Se reparten unas cuantas patadas más y a Lucas se le encoje el corazón cuando una de estas coces alcanza a su niña.
Pero al final Belén logra llevarse del brazo a su amiga para alejarse de la agresora y de quien les graba.
—Te ha dado, Jesi, te ha dado —se oye decir a Daniel antes de que el vídeo se corte.
Para limpiar su moral y la del programa, el presentador habla de la importancia de luchar contra el acoso escolar y recuerda que ellos ponen esas imágenes para favorecer a los investigadores del caso, por si este hecho tuviese relación con la posterior muerte de Alicia.
—Le recordamos —dice el presentador— que estos hechos sucedieron a escasas horas del fallecimiento de la joven Alicia Ortiz.
—Voy a hablar con Belén —dice Lucas antes de salir del salón y subir a la planta de arriba. Piensa que no ha sido buena idea enfadarse con ella.
Anastasia se queda pendiente de la noticia.
Hay algo del vídeo que le chirría. Algo extraño que no sabe definir con exactitud, como si hubiese descubierto una anomalía incapaz de recordar.
Se queda pensativa, tratando de analizar lo que acaba de ver; tiene algo…
una palabra en la punta de la lengua… Algo que sabe que debe recordar y no logra. Una pista..., una clave.