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¿A caso nadie la comprende?
Está tirada sobre la cama sin saber qué hacer.
Tiene toda la mañana libre, las clases se han suspendido un par de días por el luto a su amiga Alicia, y eso hace que los pensamientos de su cabeza se arremolinen y la torturen.
Está profundamente enamorada de Manfred, lo sabe.
Sus ojos verdes, su melena rubia y su cuerpo tostado por el sol…
Ahora que el holandés está encerrado y no puede verle, siente que le desea con todas sus fuerzas.
Él le ha enseñado tanto sobre la vida y la naturaleza…
Es diferente al resto de chicos que se pavonean por el instituto como mongolos y que solo saben gastar bromas o ser agresivos.
Manfred, en cambio, es todo un hombre. Pero no un hombre aburrido que vive por y para trabajar y está demasiado ocupado para ser cariñoso con sus seres queridos.
Manfred es divertido y también puede ser educado a la vez que salvaje.
Lo adora y lo añora, y es algo que no puede evitar.
No logra dejar de pensar en él. No consigue quitárselo de la cabeza ni apartar de su mente que el hombre de sus sueños está encerrado en una celda a la espera de ser condenado por un crimen que no cometió.
Belén está cansada de que no la tomen en serio.
Ya ha cumplido la mayoría de edad legal en España, ya no es una niña, ¿qué más tiene que esperar?
Tiene dieciocho años y es bastante consciente de sus sentimientos, de lo que siente y padece, de sus emociones; se considera una persona consecuente, lógica e inteligente, ¡y muy madura!
Anastasia se lo dijo. ¿Por qué su padre no lo ve así?
¿Por qué todo el mundo la está tratando como a una cría?
Ha confesado su mayor secreto y, a la vez, su mayor vergüenza: su relación con Manfred, tanto a su padre como a la sargento, con la esperanza de que pronto le dejasen en libertad.
¿Acaso no ha servido de nada lo que ha hecho?
¿Es que su palabra no cuenta ante la ley o es la autoridad de su padre quien está bloqueando la verdad de los hechos?
Puede que su palabra no sirva ante un juzgado; no obstante, sabe muy bien ante quién sí servirá.
Toma una decisión importante. Se viste y se acicala su cabello corto y revoltoso ante el espejo. Luego se calza unas sandalias, coge las llaves de la casa y sale a la calle. Camina con paso decidido, dispuesta a hacer lo que tiene que hacer para liberar a su amado.