Azufre 35
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A nastasia tiene dieciséis años de edad y mira el listado de los alumnos que van a parar a cada una de las diferentes clases de bachillerato.

​ Su amigo Sergio está a su lado, siguiendo con el dedo el listín de la clase donde le ha tocado a él y con la esperanza de ver en este el nombre de Anastasia Petrova. Pero no lo encuentra.

​ —Vaya estafa —se lamenta.

​ —¡Qué mierda! —se queja ella—. ¡No estoy ni con Nuria ni con María! Pero, ¿qué es esto?

​ —Tampoco nosotros estamos jun…

​ —¡Ey! Shhh —le manda ella callar. Él no lo sabe, pero la joven Anastasia está a otra cosa—. ¡No me lo puedo creer! ¿En serio?

​ —Sí, es una mierda que no estemos en la misma clase.

​ —Tío, que me ha tocado con Jorge, qué vergüenza, con lo guapo que es y todo un curso juntos. Ay, Dios mío, qué bombazo es este. Tengo que contárselo a Nuria y a María ya mismo. Se van a morir de envidia, literal. Qué alegría más grande me acabo de llevar.

​ Anastasia se larga dejando a Sergio con una mirada gélida.

Se siente tan estúpido… El frío viento del cierzo le azota la cara y él encorva su cuerpo para mantenerse caliente dentro de su abrigo.

Lleva años enamorado de Anastasia y esta le trata con tal indiferencia que le hace sentir lo mismo que aquel característico viento del norte.

Sergio nota cómo el cierzo recorre sus entrañas y enfría su corazón siempre dispuesto a amar a una única mujer: Anastasia.

Él ha cambiado tanto gracias a ella. Se ha adaptado tanto.

Lejos quedó ese niño tartamudo incapaz de comunicarse de manera natural con otras personas.

Ha cambiado por ello, pero nada de lo que haga logrará llamar la atención de la chica a la que ama.

Va siendo hora de madurar y dejarla atrás.

Quizá le vaya mejor en la vida amando a otra persona.