Azufre 33
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A nastasia entra en el pequeño piso en el que reside y espera que Buda le dé la bienvenida; sin embargo, el gato permanece acurrucado en el sofá, durmiendo plácidamente. La sargento piensa en lo envidiable que resultan las pocas preocupaciones que puede tener una mascota.

Comprueba la caja de cartón que colocó anoche a modo de arenero.

Está limpia. Pero en la casa no percibe ningún mal olor.

Ha sido buena idea dejar la ventana abierta para que pueda salir siempre que lo desee, al fin y al cabo es un gato callejero.

Si pretende quedárselo tendrá que pensar en vacunarlo.

Tras darse una ducha fría, Anastasia sale del baño desnuda, secándose el pelo con una toalla. Lo primero que se pone son las bragas y el pantalón de un pijama de seda. Se queda en tetas un rato mientras acaricia la espalda de Buda que gime una leve protesta antes de seguir durmiendo.

Oye entonces un ruido que reconoce: el de una motocicleta. Se coloca la parte de arriba del pijama y se asoma a la ventana abierta.

En la calle, montado en la motocrós, Cristian espera en una esquina.

No lleva casco y se peina la cabellera de manera muy parecida al capitán Paz.

Espera a alguien y ese alguien llega; aunque Anastasia no logra verle porque está tras la esquina, sabe que está ahí porque oye a Cristian conversar.

Poco tiempo después, Cristian saca algo del bolsillo y se lo tiende al mismo tiempo que su cliente le paga con un billete.

La sargento se lleva una mano a los labios. Ha visto algo.

Cristian gira el volante de su moto y arranca para marcharse. Anastasia oye los pasos de quien se aleja con la mercancía comprada a Cristian. Sabe quién es y se lamenta. Ha visto su mano envuelta en vendas…