Azufre 27
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E l juez de instrucción decretó el levantamiento del cadáver durante la madrugada.

El brigada Guerrero está presente en la autopsia que lleva a cabo el forense.

Lucas está en el despacho de su sargento donde ha informado a esta de las labores de la policía judicial, con sus trajes blancos para evitar la contaminación, recogiendo cada pista y prueba en el bosque.

Anastasia saca un pañuelo y se seca la frente. Incluso siendo temprano hace calor. Aquel pueblo va a acabar con ella.

​ —Anoche dijo que quería información acerca del padre Santiago —dice Lucas, que parece no haber pegado ojo en toda la noche.

​ —Sí.

​ —He oído que piensa dar una misa especial por el fallecimiento de…

—No se ve capaz de decir el nombre de la hija de su amigo— de la chica.

Creo que sería bueno que usted acudiera a la misa y así poder conocer mejor tanto el pueblo como su iglesia.

Aquí hay mucho capillita que no se salta una misa.

​ —Así lo haré. ¿Has dormido?

—He dado alguna cabezada larga —miente. Las oscuras ojeras le delatan.

—Creo que necesitas descansar más, Lucas.

​ Lucas titubea. La sincera preocupación de su nueva sargento le pilla en fuera de juego.

​ —No importa. Pensaba ir a hablar con la gente del pueblo.

Ya le pasé una lista al brigada con las personas que recuerdo haber visto por la zona del bosque ayer por la mañana.

Puede que nos venga bien hablar con ellos.

El pueblo desea ayudar y ser partícipe de esto.

Les gusta hablar y contar su versión de lo vivido y creo que yo puedo adelantar ese trabajo y preguntar para conocer sus coartadas o para saber si vieron por allí a Manfred. Quizá logre sacar algo de ellos.

​ —Lucas, no debes correr en esto. Os necesito al cien por cien y para ello es necesario dormir.

La policía judicial se encargará de los testimonios porque ellos saben mejor que nosotros lo que debe hacerse.

También estamos Yohanna y yo…, y Patxi y…

y…, bueno, no sé quiénes más porque ni siquiera he tenido tiempo de conoceros; pero hay tiempo para todo y no debemos pisarle el trabajo a la policía judicial.

Tú lo que necesitas es descansar. Así que retírate. Tómalo como una orden, hazme el favor.

​ —Recibido —contesta Lucas sin mucho entusiasmo antes de marcharse.

​ Cuando sale de puertas afuera, Anastasia oye un alboroto enorme.

Se incorpora y sale detrás para ver qué ocurre.

Numerosas cámaras de televisión enfocan a Lucas en su prácticamente huida de la zona.

Los periodistas le lanzan preguntas a diestro y siniestro, pero Lucas tiene el buen juicio de no responder a nada y marcharse a paso ligero.

Cuando los periodistas le pierden tras una esquina, dan media vuelta y enfocan sus cámaras hacia la sargento.

​ —Esa es la sargento Petrova —oye decir a alguien.

​ —¡Sargento! ¡Sargento!

​ —¡Sargento Petrova, por favor, unas declaraciones para Radio Televisión Española!

​ —¡Sargento Petrova ¿cómo está siendo el interrogatorio?!

​ —¡Sargento Petrova ¿qué puede decirnos de la autopsia?!

​ Anastasia Petrova alucina con el incremento de periodistas.

Sin duda aquello son malas noticias para el caso.

Más cobertura mediática significa que todo acaba de convertirse en un circo donde las opiniones de las masas y políticos de turno se inmiscuirán e interferirán en un buen desarrollo de la investigación.

​ Da media vuelta y cierra la puerta principal del puesto de la Guardia Civil de Zufre.

Se lleva de nuevo el pañuelo a la frente para secarse el sudor.

Maldita sea… Tiene la sensación de que Zufre se ha convertido en un dique a punto de desbordarse.

Y como si alguien hubiese oído sus pensamientos, oye a un oportuno periodista alzar la voz desde el otro lado de la puerta para poner un broche de oro y convertir aquello en un verdadero culebrón:

—Como pueden observar, ningún miembro de la Guardia Civil quiere realizar declaraciones. ¿Puede deberse esto al temor que existe en el pueblo a la ya mencionada maldición del azufre?