Azufre 26
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D aniel está realmente aburrido. Se ha levantado temprano para deambular por las calles vacías del pueblo.

Es martes, sin embargo, no hay clases de instituto porque se ha decretado cierre de escuelas y día de luto en Zufre y su vecina Santa Olalla del Cala por la gran tragedia que asola el ánimo de los convecinos.

A Dani le aburre todo aquello. Mueren cientos de miles de personas a diario.

Millones de animales. Qué importa que una pija tonta se haya ido.

La gente es gilipollas. Seguro que ahora todos la querían, incluso esa pandilla de golfas y fumetas que le dieron de lado una vez pasaron del cole al insti. La gente es muy falsa.

Dani detesta a todo el mundo menos a sí mismo.

​ Sus pasos le llevan hasta la escuela infantil donde conoció a Jésica.

Lleva todo el día muy rara, apenas han hablado cuando antes se escribían wasaps cada quince minutos.

No cree que sea por estar ocupada con el bebé; más bien piensa que es por haberla grabado haciendo aquello.

Dani mira su móvil: nada. Pues, si esa es la actitud que va a tomar, que le den. Él no ha hecho nada malo.

​ Frente al colegio está el puesto de la Guardia Civil rodeado de vehículos oficiales. Han venido los de la policía judicial y también los de la científica. Aquello es un hervidero de acusaciones y Daniel se acerca a una ventana de la que parecen salir voces. El acento es vasco:

​ —¡Ahí va la hostia! Te juro que lo intuía.

Llevaba pensándolo desde la mañana que me enteré lo de esa pobre chica.

En cuanto supe que había sido en el bosque sabía que algo tendría que ver el tipo raro este.

Joder que si lo sabía, creo recordar que algo le dije a la sargento nueva sobre la posibilidad de que hubiera sido él, y se ve que me creyó porque enseguida lo detuvo.

Yo le dije más o menos por donde solía estar.

La ha matado él, estoy seguro, el holandés errante.

​ ¡El holandés errante! Habían detenido al holandés errante, menudo notición.

Dani saca el móvil y comienza a escribir un wasap a Jésica.

Tía… a que no sabes a qui….

Se detiene. Borra lo escrito y se guarda el móvil.

Si ella no quiere saber nada de él, tampoco él de ella. Que le den por culo.

Dani se acerca a otra ventana. Quiere encontrar al holandés detenido y verlo con sus propios ojos.

​ —¡Eh! ¡¿Qué te crees que haces ahí, niño?! ¡Largo de aquí!

​ Dani se asusta y mira pasmado a la ventana desde la que una mujer le recrimina. Es la que vio llegar en el Audi amarillo, la que casi lo atropelló, la nueva sargento.

​ —¡Vete ya, si no quieres meterte en problemas!

​ —¡Bruja! —le grita él antes de salir corriendo.

Anastasia se queda con la boca abierta.

​ Dani huye a toda prisa hasta meterse en casa.

Siente el corazón que se le sale por la boca.

Ha sido un valiente por insultarla sin acobardarse.

Ahora solo le queda aburrirse en casa el resto de la mañana.

Ni siquiera ha podido espiar lo suficiente para ver al holandés errante.

Esa bruja zorra le ha fastidiado el día.

Ella es la bruja que vino el mismo día del discurso del padre Santiago acerca de la maldición del azufre.

Esa es la cabrona que trae consigo la maldición.

Desde que ha llegado muchas cosas han cambiado y hasta su mejor amiga ha dejado de hablarle.

Es una extraña en el pueblo y Dani la odia con todas sus fuerzas.

Hará lo que sea necesario para que se largue pronto de allí.