Capítulo 2
El diablo está en todas partes
C uestión XXX
Onceava manera en el caso de una denunciada que ha confesado su herejía, es relapsa y no se arrepiente.
Atendiendo además a que desearíamos con todas nuestras fuerzas, tal y como realmente lo deseamos, que volvieras a la unidad de la Santa Iglesia, y arrancar de tu corazón la dicha perversión herética, para que salves tu alma y escapes con cuerpo y alma a la muerte infernal, hemos desplegado todos nuestros esfuerzos, para tu saludable confesión, empleando diversos medios apropiados.
Pero, tú, aferrada a un camino equivocado, conducida, puesto que has sido seducida, por un espíritu maligno, has preferido ser torturada en los suplicios crueles y perpetuos del infierno y ser consumida en tu cuerpo con el fuego de la tierra, antes que, siguiendo un consejo más sano, aceptar abandonar tus condenables y envenenados errores, volviendo al seno y a la misericordia de nuestra Santa Madre Iglesia.
Malleus maleficarum, el martillo de las brujas.