Ayúdame a salir 100 Alex
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100 Alex

Mi corazón bombea como si de un tambor se tratase. Ethan está acabando de hablar con Erika, volvemos a tenerla al teléfono. Mis tíos se están encargando de papeleo sobre mi madre y no están. Yo voy de un lado a otro de la habitación.

—Vale, déjame un minuto, te pongo en espera. —Oigo que le dice, aunque el zumbido de mis oídos no es colaborador a entender una sola palabra, a no ser que me concentre.

Ethan se acerca a mí con la grabadora, mientras yo cojo aire de forma entrecortada al verlo llegar.

—Te pondré esto detrás, en el bolsillo trasero. Disimulará el hecho de que la manipulas haciendo que pones una mano en tu cadera —empieza a decirme.

Por su voz, noto que él también está nervioso. Joder, se le da bien controlarse.

Asiento y él me rodea, poniéndose a mis espaldas. Coloca la grabadora en el bolsillo derecho y coge mi mano para comprobar que sé dónde están los botones. Después de estar seguros, vuelve a rodearme para estar de nuevo frente a mí.

Yo ya estoy temblando, aun así, intento que en mi mirada haya seguridad y decisión. Ethan parece darse cuenta de mi lucha interna.

—Alex… —Me agarro a sus brazos, solo para anclarme otra vez a la Tierra.

—Solo dame un segundo —susurro cerrando los ojos y bajando la cabeza.

Él me da mi espacio y, así, callados, me tomo un momento para respirar hondo de nuevo y regresar al presente, dejando que los pensamientos intrusivos se queden lejos. Los necesito lejos, al menos, por ahora.

Unos minutos más tarde, asiento.

—Hagamos esto —manifiesto, regalándole una sonrisa cómplice.

Él me sonríe de igual manera, ofreciéndome un beso en los labios.

Pongo mis manos en su nuca, aceptándolo, y bebo de ese beso como si fuera el último que pudiera darle.

Él parece pensar lo mismo, porque pone sus manos en mi cintura, acercándome más a su cuerpo, abrazándome.

Separamos nuestros labios y le estrecho con tanta fuerza como él.

—Saldremos —pronuncia nuestro mantra como si fuera una plegaria.

—Saldremos. —Le doy como respuesta a ella.

La llamada que hice a mi padre para poder vernos fue tan larga como me imaginaba. Diez segundos si contaba. Pero ha aceptado.

Ahora sí que esto está haciéndose real.

Le haremos confesar, le haremos decir la puta verdad, aunque pueda costarme la vida.

Por algo le dije a Ethan aquello antes. Porque sé lo que este hombre es capaz de hacer, no solo por lo que ya ha hecho y demostrado antes, sino por su mirada cuando se enfada, esa mirada de ojos oscuros que te hacen temblar, que te hacen tener incomodidad, miedo, temor.

Pero me he hartado. Ya no pienso recular, no pienso dejar que el miedo me domine.

Voy a enfrentarme a él.

Estamos en el tejado, ladeo la cabeza hacia donde está Ethan a unos metros de mí, escondido tras una gran estructura rectangular que parece una carcasa bastante grande, que supongo es un tanque de agua.

Me sonríe para infundirme ánimo mientras prepara su móvil para grabar vídeo. Trago saliva y respiro profundo.

Como estoy sola, aprovecho la oportunidad para coger la grabadora de mi bolsillo trasero y darle al play , volviendo a guardarla en el mismo sitio. Hago pulgar arriba a Ethan, que hace lo mismo mostrándome su teléfono y dejándolo detrás de unas tuberías, asegurándose de que no tape la cámara.

Solo pienso en que mi madre subió aquí, que fue el último sitio donde estuvo con vida; de repente, la siento conmigo, a mis espaldas, como un escalofrío, una brisa ligera y cierro los ojos para disfrutar de ese momento que deseo que no acabe nunca.

El sonido de una puerta acaba con esa paz. Veo que Ethan se esconde mejor y desaparece de mi campo de visión, tapado por lo antes mencionado. Me centro en el hombre que veo entrar.

—¿Alex? —Su voz me produce repulsión, pero disimulo como puedo.

Acaba por verme y parece que sus hombros se relajan. «Por ahora».

—¿Qué haces ahí? —me dice con tono de advertencia, como si realmente se preocupara algo—. Apártate de ahí, ¿quieres?

Giro la cabeza hacia atrás y vuelvo al frente, entendiendo a qué se refiere.

Su hipocresía casi me hace reír.

—No tengo intención de tirarme, si es a lo que te refieres —suelto sin pensar.

«Contrólate».

Él me mira con cautela y pone las manos en los bolsillos delanteros, como para parecer más despreocupado.

—Yo no he dicho eso. —Me acerco un poco más a donde está él, temiendo que si llega donde estoy yo pueda ver a Ethan.

Si descubre esto… «No es momento de pensar eso».

Ahora que estoy algo más cerca, huele a tabaco, incluso a puro, lo que me hace fruncir un poco la nariz, porque me pica.

—Me has llamado, ¿estás bien? Sé que estás pasado un momento horrible, Alex.

—Ayer me llamaron para hablarme sobre la autopsia. —Al grano.

Sé que no soy yo, pero necesito que esto acabe y volver a casa para desmayarme, como mínimo.

Él arquea una ceja, sin comprender. Pero sigue tranquilo, impasible.

—¿Ya la tienen, quieres decir? —Quiere informarse.

Sigue con ese tono de despreocupación y está a punto de sacarme de mis casillas. Si quiere jugar a ese juego, jugaremos.

—No, no es eso, no —contesto igual de despreocupada que él.

Eso parece desconcertarle un poco y hace que la máscara que tiene en el rostro tenga una pequeña grieta, mostrando unas pequeñas arrugas en el entrecejo por un segundo.

—Me llamaron para pedirme que fuera personalmente a hablar con la forense que se la hizo.

Bien. Cada vez parece algo más nervioso y la despreocupación pasa a una fina línea en los labios.

—No entiendo a dónde quieres llegar.

«No es que no lo entiendas, es que parece que no sabes dónde meterte».

—Fui cuanto antes mejor, y bueno, me dijeron algo bastante interesante.

Si antes tenía ganas de acabar cuanto antes, ahora, de repente, quiero hacer que esto sea lento para hacerle sudar, para que lo pase mal.

Como él hizo con nosotras.

Se queda a la expectativa, así que continúo hablando. Empieza a tener esa mirada que entonces me habría asustado: «cuidado».

—¿Qué te dijeron? —Su tono es incluso de impaciencia, junto con querer seguirme el juego.

—Le sorprendió que tuviera un hematoma en un sitio donde no debería estar en una precipitación suicida —le informo sin rodeos.

Aunque intento seguir pareciendo despreocupada, mis manos empiezan a temblar, así que las pongo en los bolsillos delanteros; no es el único que disimula aquí.

—¿Qué me estás diciendo con eso? —Parece que la paciencia se le ha acabado, por el tono que ha usado y por sus brazos que ahora están a ambos lados de la cadera.

—Yo no quiero decir nada. Solo te estoy informando. —Si no me fallan mis sentidos, diría que está incluso a la defensiva—. ¿Por qué?

Le presiono, sacando mis manos de los bolsillos.

—Porque no entiendo para qué me has llamado realmente.

—Ese hematoma del que te hablo lo tiene en las costillas, me ha enseñado una foto. —Hago caso omiso de lo que me dice; parece palidecer un poco—. No entendía nada, porque me enseñó una que no recordaba hasta ayer, uno de hace nueve años: mi hematoma en el brazo izquierdo.

Aprieto los dientes y, de repente, la rabia sustituye al nerviosismo y al miedo, ardiendo en cada poro de mi piel.

—Y, casualmente, es el mismo tipo de hematoma que le encontraron, pero en las costillas.

Me centro en su cara por lo que acabo de insinuar.

Ya lo había dicho. Aprieto con fuerza mis puños hasta que se vuelven blancos por la presión, esperando su reacción, tensa.

Aun con lo que le había dicho, solo parecía estar nervioso, como si creyera que es una tontería y que me convencerá rápido para dejarlo estar. Pero su reacción me toma por sorpresa.

—Cuidado con lo que dices —reprende, impasible de nuevo—. Cualquiera diría que me estás acusando.

Hace escapar una risita sorprendida y yo frunzo el ceño. No sé por qué, pero el bello de todo el puto cuerpo se me ha erizado. Hasta su mirada ha cambiado.

—Y no está bien acusar a la gente porque te dé la gana. —Sus manos salen de los bolsillos y pasan a sus caderas.

—Dímelo tú —le refuto, aparentando seguridad.

—Yo no tengo que decirte nada, Alex. La marca de una mano no demuestra nada. —Mi mundo se paraliza. ¿He dicho que la marca era de una mano?

Repaso mentalmente muestra conversación hasta ahora.

No lo había dicho. Estoy segura de que en ningún momento he dicho «mano».

O que la marca era de una mano. Mi respiración se vuelve casi entrecortada: «Dios mío, acaba de delatarse».

Quiero mirar donde está Ethan, pero sé que como lo haga, sospechará y lo descubrirá. Tampoco me hace falta hacerlo.

«Confío plenamente en él. Ciegamente».

Doy unos pasos atrás, preparándome para lo que voy a decir.

—En ningún momento he dicho que el hematoma sea la marca de una mano. —Mi voz es casi un susurro ahogado—. Solo dije «hematoma».

Se tensa en el sitio y sus labios vuelven a ser una fina línea.

El silencio se vuelve insoportable, siento que en mi pecho hay una roca enorme que me aplasta las costillas e impide que respire con normalidad. No le quito los ojos de los suyos, que se han oscurecido de repente.

—Tal vez lo haya imaginado. —Esa seguridad que tiene ahora solo es una sombra que se va desvaneciendo.

Se pasa una mano por la cara, está nervioso y eso solo hace que parezca el doble de culpable de lo que es. La rabia vuelve a ponerse por delante del miedo y la inseguridad. Me está tomando por tonta e intenta engañarme, el muy cabrón.

—No —gruño en voz baja, ya que la respiración aún no me deja casi hacerlo—. No te lo has imaginado, ni tu ni yo. ¿Cómo coño puedes saber eso si no lo has visto ni te lo han dicho? ¿Cómo…?

—No juegues con fuego, te lo advierto.

Quiere que me calle, pero ni de coña.

—¿Que no juegue con fuego, dices? —le exploto a la cara, con la rabia saliendo por los poros de mi interior—. ¿A qué coño viene eso? ¿Me estás amenazando?

Es que es de locos. Cualquiera que estuviera viendo esto no se lo creería.

—Las fotos están de camino a un juez para que se inicie la investigación. ¡Y encima tú mismo acabas de decir algo que en teoría no tenías ni puta idea! ¡El que no tendría que jugar aquí eres tú!

Él da un paso a delante y yo hago otro hacia atrás, con un jadeo. De repente, parece más intimidante, más peligroso.

—Tú misma, ¿crees de verdad que te creerán? ¿Que porque haya dicho «mano», ya me estás delatando? —dice con sorna, negando con la cabeza, burlándose de mí.

Frunzo el ceño, abriendo mucho los ojos cuando se agacha un poco y me hace echar la cabeza para atrás, para evitar en contacto con él, ahora demasiado cerca y peligroso.

—Es tu palabra contra la mía, Alex. —Mi corazón empieza a latir desenfrenado

Me doy cuenta de reojo cómo Ethan tiene intención de salir y lo veo como una señal del cielo.

—No. —Niego con la cabeza, apartándome unos pasos de él. Meto mi mano en el bolsillo trasero y saco la grabadora, sin darle al STOP todavía—. Es TÚ palabra contra la tuya.

Su rostro se transforma de calma y superioridad a una mueca de horror y sorpresa.

Ethan entra en su campo de visión, poniéndose a mi lado; su cara es un puto cuadro. Está claro que no se esperaba para nada esto.

Bueno, bien dicen que donde las dan, las toman.

—No sabes cuánto me voy a divertir enseñando este vídeo a la policía —dice negando con la cabeza; le sale una risa ahogada de la garganta.

Nos mira primero a uno, después a otro y otra vez, hasta que se centra en una persona en concreto; en mí. En ese momento, noto cómo Ethan pone algo en mi bolsillo de atrás, donde tenía la grabadora, pero no reacciono, porque mi mirada está clavada en la de mi padre, creo que es su teléfono. ¿Qué…?

—¡Dame eso! —acorta la distancia que hay entre él y yo con las manos por delante, queriendo coger mi grabadora, pero no le da tiempo ni a tocarme, porque Ethan se interpone entre nosotros, haciéndome caer a un lado.

Ahogo un grito por el dolor que me ha causado la caída en la cadera y el hombro izquierdo, pero rápido me repongo y me dispongo a levantarme.

Cuando consigo al menos darme la vuelta y poner las rodillas en el suelo para alzarme, también consigo alzar la mirada hacía ellos, que ahora están forcejeando.

«No, no, no».

Me pongo en pie como puedo a toda prisa, con lágrimas en los ojos.

—¡PARA! —consigo formular con esfuerzo,

Pero es en vano. Continúan siendo una maraña de brazos y manos enlazadas, Ethan intentando que no se acerque a mí, mi padre intentando zafarse de él, sin éxito.

Sin éxito, hasta que, en última instancia, parece que Ethan se tropieza con algo y eso hace que pierda estabilidad, haciendo que el tipo pueda por fin zafarse de un empujón.

Yo ahogo un grito, viendo cómo Ethan aterriza en el suelo y acaba revolcando peligrosamente cerca del borde del precipicio.

Cuando su cuerpo rueda una vez más, llega al borde y cae al vacío.