Ayúdame a salir 96 Alex
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96 Alex

Llegamos a casa de Ethan, sus padres estaban ahí.

Al oír la puerta, Esther, seguida de Andrés, se asoma por el marco de la de la cocina, que justo daba a la entrada.

Se nos quedaron mirando con miradas expectantes.

Ethan niega con la cabeza, frunciendo los labios; su madre ahoga un grito y viene hacia mí en zancadas envolviéndome en sus menudos brazos.

Por un momento, me recuerdan a los de mi madre.

Empiezo a llorar como una niña pequeña otra vez, escondiendo mi cara en su pecho, notando su corazón latiendo con fuerza.

Una mano se posa en mi hombro, y sé que es la de Andrés.

Estoy sentada en el sofá de Ethan con la vista al frente sin mirar nada en concreto.

Los padres de Ethan hace un rato que se han ido a dormir.

Simplemente estoy con los ojos abiertos, pensando en cómo iba a cumplir la promesa que le he hecho a mi madre una hora antes.

Lo que tenía claro es que iba a cumplirlo.

No sabía la manera en la que lo haría todavía, pero lo haría.

Una figura aparece por la puerta con una taza en cada mano y me ofrece una al llegar a mi lado y sentarse.

Le sonrío débilmente y la acepto. Olía a café y leche de arroz.

Él sabe que me encanta esa leche, nunca me ha hecho un café sin ella.

Se queda en mi misma posición y mira al frente también.

Apoyo mi cabeza en su hombro y le doy un sorbo al café, cerrando los ojos y disfrutando de la sensación de calma que me causa.

Noto que Ethan también apoya su mejilla en mi cabeza; suspirando.

—¿Cómo estás? —Si no lo conociera, me parecería una pregunta estúpida.

¿Cómo me sentía? ¿Quería ir a Madrid ahora que mi madre no estaba? ¿Quería seguir estudiando? La respuesta principal era no. No tengo ganas de nada ahora mismo.

—¿Ahora mismo?

—Ahora mismo.

—Devastada, destrozada, sin saber qué hacer a partir de ahora, con la uni que empieza en tres meses, en Madrid; no quiero irme sin ella. Sin ti. —Pasa un brazo por mis hombros y me rodea con él. Exhalo y doy otro trago a mi café. Ethan también bebe.

—Creo que debes centrarte en lo de «destrozada y devastada». —Por contradictorio que parezca, eso me hace reír un poco—. Y de lo otro… ya lo pensarás cuando acabe todo esto.

La verdad es que tenía razón. «Primero una cosa, luego otra» me digo, para recordármelo.

—Sí… —confirmo con cansancio, agotada—. Solo quiero dormir ahora mismo, si te soy sincera.

Ethan se aparta sin brusquedad, se levanta y me ofrece la mano.

—Pues durmamos. —Alzo las cejas hasta el nacimiento del pelo y giro la cabeza—. Deja que te mime un poco.

Me desarmo entera. Sonrío mirando hacia abajo, notando que el color me sube por las mejillas, vuelvo a mirarle, aún con las comisuras hacia arriba. Le cojo la mano y me dejo llevar por el leve tirón hacia él para levantarme.

—¿Cuándo llegan tus tíos? —pregunta mientras nos dirigimos a su habitación.

—Mañana por la mañana.

—Más razón para descansar un poco, mañana va a ser un día largo… —Coge mi taza y la deja en el escritorio junto a la suya, a pesar de que no nos los hemos acabado.

Sin más palabras, me sienta en la cama, Me doy cuenta que desde que hemos llegado solo he estado sentada en el sofá, sin hacer nada.

Ni siquiera me he puesto el pijama. De repente, me doy cuenta de mis dos horas de ausencia.

Solo me acuerdo de haber comido lo que Ethan me había ofrecido, pero nada más en concreto. Solo la tele apagada en frente mía.

Ethan se arrodilla delante de mí y me coge un pie, saca la bota y la deja a un lado, lanzándola sin brusquedad.

Hace lo mismo con el otro pie. Me quedo observando sin palabras, con el corazón desbocado, tanto por los nervios que me ha provocado, por cómo me trata.

Casi se me humedecen los ojos cuando se levanta un poco y se queda a mi altura.

No he dejado de mirarlo ni ahora que lo tengo de frente, también con sus ojos pegados a los míos.

Coge los lados de mi camiseta y la echa hacia arriba, haciendo que levante los brazos y deje que se deslice por ellos.

La deja a un lado también. Alarga la mano hacia el lado contrario y coge una suya, pasándomela por la cabeza y luego por los brazos.

Es una el doble de grande, pero la calidez de ese gesto no se me irá nunca de mi corazón. De mi cuerpo.

Luego de ponerme bien su camisa, vuelve a cogerme las manos y me pone en pie.

Yo sigo dejándome llevar. La camisa cae por mis caderas hasta llegar a mis muslos, haciendo casi de vestido.

Se me tensa el vientre al notar las manos de Ethan en el botón del pantalón, haciendo que mi vello se erice desde la cabeza hasta los pies.

Le dejo que me quite los pantalones subiendo una pierna y luego otra, quedando en braguitas y camisa. Su camisa.

Por un momento, inhalo más fuerte de lo normal para nota su olor. Contengo un grito de sorpresa cuando me levanta por los muslos y le rodeo el cuello con los brazos, impregnándome con su esencia. Me estira en la cama, poniéndose a mi lado sin aplastarme, quedando frente a frente, acostados.

Le acaricio el pelo con ternura y cierra los ojos ante el contacto suave cuando paso a su mejilla.

—Gracias por cuidarme. —Veo que sonríe casi imperceptiblemente.

Pasa su mano por mi muslo hasta llegar a mi cintura y ahí la deja.

—Te dije que te mimaría.

Hacía calor y no nos hacía falta taparnos, así que, tal y como nos metimos en la cama, nos quedamos dormidos.

Al día siguiente, una melodía me despierta y, por el movimiento a mi lado, sé que a Ethan también. Tenía la cabeza un poco nublada, así que intento centrarme.

—Es tu móvil —gruñe Ethan, medio dormido.

Me levanto y voy hacia el teléfono. Efectivamente era el mío. Mi tía. Descuelgo la llamada.

—Hola, tía —respondo intentando despertarme del todo—. ¿Qué hora es?

—Cariño, hola, cielo, son las ocho —responde desde otro lado del teléfono—. ¿Te he despertado?

—No importa —resoplo pasándome la mano por la cara, echándome el pelo hacia atrás—, ¿estáis ya aquí?

—Te llamaba porque estamos casi llegando, amor.

Asiento y empiezo a coger mi ropa para vestirme, lo cual hace que Ethan se despierte del todo y me pregunte con la mirada. Le hago un gesto con la mano de «ahora le cuento».

—Está bien, estoy en casa de mi novio, ahora iré y os espero en la puerta. —Me pongo el teléfono entre la oreja y el hombro para ponerme bien los pantalones.

—Vale, tranquila, no hay problema, aún nos quedan cuarenta minutos, pero quería avisarte con tiempo. —Cuando me ato el botón, vuelvo a coger bien el teléfono—. Tú tranquila, te aviso cuando estemos.

—Vale. Os veo ahora.

—Te quiero, hasta ahora.

—Yo también, ahora nos vemos. —Cuelgo el teléfono y lo dejo encima del escritorio, ya algo más relajada, sabiendo que todavía les queda un rato para llegar.

Suspiro echándome el pelo hacia atrás, pensando en darme una ducha en el cuerpo porque me daba tiempo. Miro a Ethan para informarle de la situación.

—Era mi tía. Me ha dicho que, en media hora, poco más, están aquí. —Me siento en la cama, junto a él, que estaba sentado en el centro.

—Bueno, tienes tiempo, respira. —Ameniza el ambiente con sus palabras.

Mientras habla, se acerca a mí y me frota los brazos con sus manos, para ayudarme a respirar, y yo lo hago, cerrando los ojos, sacando el aire contenido hacia fuera, intentando mentalizarme para lo que se me viene. Me da un beso entre el cuello y el hombro.

—¿Quieres que te haga un café?

—Lo que quiero es que esto acabe ya… —me sincero, murmurando las palabras casi para mí—. Voy a pegarme una ducha en el cuerpo, te harás uno también, ¿verdad?

—Claro, esa era la idea.

—Pues voy a ducharme; quiero quitarme el mal cuerpo de encima.

Asiente y yo me levanto, sin muchas ganas de dejar de notar el cuerpo protector de Ethan detrás mío, en dirección al baño.

Enciendo el agua y espero a que salga más o menos tibia, mientras me quito la ropa, puesta apresuradamente creyendo que tendría que salir corriendo al encuentro de mis tíos.

Me meto dentro de la ducha. Dejo que el agua me corra por los hombros. Ya que no tenía intención de lavarme el pelo, me hice un moño improvisado y despeinado antes de entrar. Cierro los ojos ante la sensación agradable del agua acariciando mi piel y dejo que mi mente hable por si sola.

¿Qué haría al ver a mis tíos? Era obvio que tenía ganas de verlos, eran mi única familia y los únicos que nos han estado ayudando siempre a mí y a mi madre, para lo que fuera.

Mi tía era mi madrina, ya que es hermana de mi madre y ella se lo pidió, no puedo estar más agradecida de tener a alguien como ella a mi lado ahora.

Bueno, de tenerlos. Mi tío es una muy buena persona y, aunque no fuera de la familia de sangre, es un hombre que, como mi tía, está dispuesto a hacer lo posible por nosotras.

Sobre todo, cuando pasamos por todo lo de mi padre.

Aunque fuera muy pequeña, los recuerdo con mucha gratitud.

Cuando me enjabono y me aclaro, salgo de la ducha, me visto y voy al encuentro de Ethan, ya en la cocina preparando los cafés.

Olía a tostadas también. Sonrío de medio lado y me quedo viéndolo unos instantes, aprovechando que no me ha visto venir.

Le quiero. Le quiero muchísimo. Creo que él no se da cuenta de lo que me ha llegado a salvar.

Creo que no se ha dado cuenta de lo que significa para mí, por mucho que se lo diga.

Me acerco para que note mi presencia y gira un poco la cabeza.

—¿Quieres que te acompañe? —me pregunta refiriéndome al encuentro con mis tíos, mientras pone las tazas en el micro y da a los botones que le hacen funcionar. Sin decir nada, accedo con un asentimiento de cabeza.

Aunque no tenga mucha hambre me obligo a desayunar una tostada y el café que me ha preparado con tanto amor. Luego, nos preparamos para salir.

Llegamos a mi casa; prefiero subir antes de que lleguen y asegurarme de que tampoco esté en malas condiciones y provocar mala impresión, aunque estoy segura de que tampoco les importaría si fuera así.

Entramos dentro y todo parecía normal, como si nada hubiera pasado, seguía oliendo a mi hogar, a nosotras, al perfumador que ella usaba y al ambientador de siempre.

Por un momento, voy a preguntar si está, como si mi madre en cualquier momento fuese a salir a mi encuentro.

El estómago se me contrae y mis ojos se llenan de lágrimas.

Antes de que nadie pudiera decir nada o hacer algo, mi IPhone vuelve a sonar. Sacudo la cabeza para volver al presente y miro el mensaje.

«Ya estamos llegando, 5 mins ».

Suspiro y mando un okey , volviendo la cabeza hacia Ethan, que está también algo compungido.

—Casi están aquí, ¿bajamos? —Asiente y salimos de la casa.

Bajamos al portal y, cuando llegamos a la calle, un coche que me resulta familiar está aparcando casi en la puerta.

Cuando la maniobra está hecha, se apaga el motor y mi tía sale precipitadamente del coche, creo que, al salir, me ha visto mientras aparcaban.

Viene hacia a mí con los ojos llenos de lágrimas, lo que provoca que yo también me emocione y acabe también a punto de llorar.

Avanzo unos pasos hasta llegar hasta ella y nos fundimos en un abrazo que hacía tiempo que no sentía, casi maternal.

Llego a la conclusión de que era lo que necesitaba en ese momento, las personas que necesitaba.

Las dos nos permitimos llorar la una abrazada a la otra y, pasados unos minutos, me separo de mi tía para abrazar a mi tío, también con la misma sensación.