Ayúdame a salir 93 Ethan
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93 Ethan

Alex se tensa al escuchar su teléfono; lo había puesto en sonido nada más salir del hospital precisamente por si pasaba esto.

Yo me tenso también, esperando a que reaccione y lo coja.

Saca el móvil del bolsillo y mira la pantalla para ver quién está llamando.

Se queda más pálida de lo que ya está, dudando en cogerlo.

—¿Quieres que lo coja yo? —pregunto, poniendo mi mano encima de la suya, que está en la mesa, inmóvil.

Niega con la cabeza, con una mueca de angustia. Me coge la mano y noto que es para darle fuerzas para descolgar la llamada. Se pone el teléfono en el oído.

—¿Diga? —responde a media voz, cargada de angustia—. Sí, soy yo, ¿cambios?

Mi corazón se para un segundo al escuchar eso: ¿a qué se referirá con cambios? Frunzo el ceño de preocupación. Ella se revuelve un poco en la silla antes de seguir hablando.

—No, no me he ido, estoy esperando a poder volver a entrar a las diez, por el horario de la UCI.

Mi corazón va a mil por hora por saber lo que está pasando en esa conversación.

—Sí, ahora mismo voy, muchas gracias.

Cuelga.

Se queda con la mirada perdida y por un momento me temo lo peor, lo que hace que todo mi cuerpo reciba un escalofrío que hace que se me erice la piel. Dudo un momento si preguntarle, si hablarle. Pero ella lo hace antes de que pueda reaccionar.

—Tengo que volver, Ethan —me dice con la voz sobrecogida.

Aún tiene mi mano cogida y está temblando. Le aprieto la mano para que sienta mi apoyo. Por fin sigue hablando.

—Era el doctor, ha dicho que hay cambios y que quiere hablar conmigo.

Su voz se rompe en las últimas palabras. Empieza a levantarse y me levanto también, yendo a pagar mientras Alex me espera fuera, más ansiosa que otra cosa.

Cuando llego a su lado, ella asiente, con los ojos algo desorbitados y húmedos.

—Vamos —le digo.

Nos dirigimos de nuevo al hospital, con los olores ya conocidos del mismo invadiéndonos, a paso rápido, con Alex por delante, pero sin soltarme la mano.

Llegamos a la uci y ella pica a la puerta.

Mientras esperamos a que nos abran o contesten, Alex está nerviosa, de pie, con los brazos cruzados en el pecho, dando golpecitos en el suelo con el pie derecho, como si eso fuera a calmarle los nervios.

Vuelvo a cogerle la mano para llamar su atención y ella me mira, todavía con esos ojos que quieren echar lágrimas, pero ella no les deja.

—Pase lo que pase, estoy aquí, ¿vale? —No puedo decirle otra cosa—. Tú llámame cuando te cuenten, si no me dejan entrar.

Le pido con súplica en mi voz. Ella asiente, cerrando los ojos un momento. Se abre la puerta y aparece la misma enfermera de esta mañana, interrumpiendo mi discurso improvisado. Dirigimos nuestra mirada hacia ella. Nos ve y nos reconoce, sonriendo con calidez.

—Hola, ¿qué necesitáis? —pregunta con voz amable—. ¿Os habéis dejado algo?

Alex se dirige a ella con paso estrambótico. Yo la sigo.

—Me acaba de llamar el doctor que lleva a mi madre, Raquel Villaescusa —empieza a hablar atropelladamente—. Ha dicho que quería hablar conmigo.

La enfermera asiente y se aparta un poco de la puerta, como para dejarla pasar.

—Entiendo, pasa y ahora intentamos contactar con él, para decirle que ya estás aquí.

Alex asiente y cuando se da cuenta, frena en seco y se da la vuelta hacia mí.

Me mira con aprensión, pero yo rápidamente le asiento, para que sepa que también me he dado cuenta y que no pasa nada.

Con los labios articulo un «te quiero» y ella me regala una pequeña sonrisa de agradecimiento la cual hace que su hoyuelo aparezca, llenándome el pecho de una manera que creía que ya no podría pasar.

Le sonrío también y se da la vuelta, entrando y dejándome atrás, en la puerta, esperando.

Me apoyo en la pared frente a la puerta donde Alex ha entrado y espero.

Si el médico le ha pedido de ir personalmente y que sea por «cambios», solo espero que sea por algo esperanzador…

«Joder».

Por más que le dé vueltas, no se puede esperar nada. Pueden pasar una pechá de cosas, solo queremos que sea una de ellas:

Que despierte.

Que todo salga bien.

Que todo acabe en un susto, en una pesadilla que jamás olvidaremos pero que poco a poco podremos ir dejando atrás, como todo lo que hemos vivido en este año.

Puede que se vaya y en eso no hay negación posible. Ella lo sabe, todos lo sabemos. Y, si es lo que va a ocurrir, solo podemos hacer una cosa.

luchar .

Luchar por seguir adelante, por seguir viviendo, como ella querría.

Ella no querría que su hija se hundiera de nuevo, querría que fuese feliz, pasase lo que pasase.

Pase lo que pase ahora.

Sé que Alex va a sufrir si eso pasa. Se va a hundir, pero eso no le impedirá avanzar y continuar con su vida.

Ha aprendido lo más grande estos últimos meses, eso está claro, y es algo de lo que estoy tremendamente orgulloso.

Sabe que, pase lo que pase, hundirse y no volver a caer en el pozo no es una opción.

Ya no.