Ayúdame a salir 86 Alex
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86 Alex

No me he dado cuenta de que me he quedado dormida. Me desperezo todavía en la cama poniéndome cómoda en otra posición, suspirando y frotándome la cara, dejando el brazo por encima de la cabeza.

Cuando salgo de mi habitación mi madre está tomándose el café en el comedor, mirando unas cosas en el ordenador. Cuando me ve, deja la taza y sonríe.

—¿Ya despierta, cariño? —me saluda—. ¿No es muy pronto?

Gira hacia mí en la silla. Asiento y bostezo. Le doy un beso en la mejilla.

—Bueno, me he despertado, simplemente —contesto—. Hoy he descansado, así que estoy bien.

Me siento en el sofá.

—Bueno, me alegro, entonces. —Me sonríe volviendo su atención a lo que estaba haciendo, tomando otro sorbo de café—. Hay en la cocina, por si quieres.

Yo he cogido el móvil, pero asiento igualmente.

—Ahora desayunaré —le prometo, mientras respondo algún mensaje.

Ethan me escribió ayer para desearme las buenas noches y decirme que ya estaba en casa, pero no llegué a verlo, ya que me quedé dormida.

Le envío disculpas y los buenos días; Erika me dice que al final hoy imposible, porque va a ver a sus abuelos.

Le envío que no pasa nada, que ya nos veremos, sin problemas. Me centro otra vez en mi madre.

—Hoy no trabajas, ¿no? —le pregunto para asegurarme.

—No, pero estoy mirando algunas cosas que quedaron pendientes ayer.

Ya veo. Asiento y me levanto para ir a la cocina.

—Voy a hacerme café —le informo.

Ella asiente casi sin despegar sus ojos de la pantalla.

—Acabo enseguida, corazón —se disculpa, empezando a teclear—. Solo me queda enviar un mail y termino.

—No te preocupes —le digo entrando a la cocina.

Cojo una taza y me pongo café ya hecho de la cafetera italiana, aún humeante. Mientras se calienta la leche, saco el pan y pongo dos rebanadas a tostar. Espero a que se hagan mientras me bebo el café, ya caliente. Mi madre asoma por la puerta y entra.

—¿Qué quieres que comamos hoy?

Me quedo pensando, dejando la taza en la encimera. Mi madre espera expectante mi respuesta, a ver si se me ocurre algo. Me doy cuenta de que, si ese es el mayor de mis problemas ahora, benditos sean.

—Pues la verdad, me da igual. —Frunzo los labios y me encojo de hombros mientras cojo otra vez la taza. La tostadora suena y me giro para cogerlas—. En serio, lo que hagas estará bien.

Voy a la nevera a coger la mantequilla y el jamón. Mi madre sonríe y asiente.

—Pues ya veré, porque tampoco tengo idea.

Yo me río untando la mantequilla y negando con la cabeza. Noto que se acerca a mí y me da un beso en la mejilla desde atrás. Yo sonrío complacida.

A las once pasadas recibo un mensaje de Ethan; se acababa de despertar.

Me siento mal por ello, porque llevábamos unos días bastante malos por mi situación y no quería salpicarle.

Ante anoche no fue la peor de todas, pero una de ellas seguro.

No quiero ni recordarla. Solo quiero acordarme de cómo me acomodó en su regazo en el sofá del comedor, encendió la televisión, con intención de entretenerme, me acarició el pelo y me quedé dormida.

Entre sueño y sueño, recuerdo haberle escuchado hablar con alguien, no sé qué hora sería.

Pero como su acento malagueño se agudizó mucho y por cómo hablaba, creo que era Laura la que estaba al otro lado del teléfono.

«Tranquila, mira yo a qué horas me levanto, buenos días, chiquitilla» sonrío ante el mensaje rascándome la nariz y le contesto.

«Bueno, ya lo necesitabas. Siento por todo lo que te he hecho pasar».

«No pienso repetirte lo de ayer, melona».

Sonrío con algo de tristeza. No hay nada que pueda darle en compensación.

Solo aceptar lo que me dijo ayer y acabar de asimilar que hay personas que hacen las cosas sin buscar nada a cambio.

Después de tantos años siendo una chica solitaria, sin amigos ni vida social, en pocos meses he pasado a tener a dos personas con las que de verdad puedo contar, que son reales… Me cuesta que entre en mi cabeza.

«Aun así tenía que decirlo. ¿Nos vemos hoy? Erika no puede al final, pero podemos vernos igual».

«Sí, a mí también me lo ha dicho, podemos tomar café por aquí al lado y luego pasear, que ayer se nos quedó corto».

El calor me sube por el cuerpo llegando a mis mejillas al recordar cierto momento del día anterior. Sonrío de forma pícara.

«Me parece genial, ¿quedamos a las cuatro donde siempre?» le respondo. Me pongo un mechón detrás de la oreja, esperando respuesta.

« De perita , nos vemos, chiquitilla». Vuelvo a sonreír al leer las últimas palabras y dejo el móvil a un lado.

Me ducho, me visto y, cuando salgo de la habitación, mi madre ya está acabando de hacer la comida, así que solo queda poner la mesa y comer.

Cuando estoy lista, salgo para reunirme con Ethan. Vamos a la cafetería de siempre, pedimos el café y nos sentamos.

—¿Cómo lo vais a hacer para lo de la uni ? — me está preguntando, mientras yo doy un sorbo a mi café.

Trago y dejo la taza.

—Pues todavía no está todo bien pensado, pero creo que mi madre pronto me dirá algo —le contesto con un suspiro. Aún no creo que vaya a irme a Madrid. Casi se me había olvidado—. La inscripción está hecha y la matrícula será en breves, así que...

Me remuevo un poco en la mesa por una repentina incomodidad.

La verdad es que no veo el momento de separarme de Ethan, sus padres, de Erika…

Pero, a la vez, siento que es lo único que necesito para pasar página del todo.

Irme. Quedarme aquí, aunque todo haya acabado, solo hace que recuerde todos los días lo que he vivido.

Necesito que eso cambie, necesito huir. Ethan lo sabe.

Me pone la mano encima de la mía y vuelvo un poco a la realidad. Veo que me sonríe con ternura.

—Te irá bien, lo sabes, ¿no? —Se me humedecen los ojos, pero asiento, acabando por sonreír también, entrelazando mis dedos con los suyos.

—Eso quiero, de verdad, Ethan. —Vuelvo a suspirar y me echo hacia atrás en el respaldo de la silla—. Solo espero que todo sea… diferente.

Creo que esa es la palabra que buscaba.

—Que todo sea diferente y empezar de cero con mi madre... —susurro.

Joder, pero también con él. Suspiro de frustración y me paso la mano libre por el pelo, echándolo hacia atrás.

—Ey, que te entiendo —me dice Ethan, dándome un apretón en la mano—. Sé perfectamente lo que quieres decir.

Yo no digo nada, solo le miro con una mueca de fastidio y él continúa hablando.

—Pero sabes que, aunque no estemos juntos, en la misma ciudad, no significa nada, entre nosotros nada va a cambiar.

—Lo sé, es que me frustra que aún no sepas nada. En teoría ya deberían haberlo hecho, ¿no? Sea que sí o que no.

—Todavía están dentro de la franja de tiempo estipulado, supongo que en breves también sabré algo.

Exhalo aire y tomo otro sorbo del café. Ethan me mira, esperando a que hable.

—Me gustaría que vinieras también, nada más —termino por decir, algo azorada, haciéndome pequeña por la confesión.

Él sonríe y me coge un mechón de pelo, quitándolo de mi cara y mirándome con algo de inquietud.

Abro la boca para hablar y aclarar lo dicho, pero una ambulancia me calla la boca, ya que pasa muy cerca y suena muy fuerte.

Ethan se gira al estar de espaldas, ya que el ruido impacta, pero la ambulancia ya no está a la vista.

—Joder, corría una pechá , ¿no? —me pregunta, volviéndose hacia mí con los ojos muy abiertos, impresionado.

Yo asiento con el ceño fruncido, algo incómoda.

—¿Estás bien? —Digo que sí con la cabeza, pero no sé por qué me siento así—. Tenemos todo muy reciente, amor, ¿seguro que te sientes bien? — Quiere asegurarse, con el ceño fruncido.

—¿Te importa que volvamos a casa? —le pregunto, moviendo sin parar las piernas de manera instintiva por debajo de la mesa—. La verdad es que sí me he puesto algo nerviosa.

Él asiente y se levanta sin soltar mi mano.

—Voy a pagar y nos vamos.

Yo asiento, mirando hacia la puerta de la calle.

Habrá sido el ruido; me ha puesto de los nervios.

Ethan vuelve minutos después y nos dirigimos hacia mi casa.