79 Alex
—No tenía ni idea de que ya estuviera fuera.
Estamos de vuelta en casa. Mi madre está sentada en el sofá, asimilando lo que acabamos de contarle. Ethan está apoyado en el marco de la puerta y yo he tomado asiento en una las sillas del comedor.
Estamos callados, sin saber qué decir. Esperamos a que siga hablando.
No puedo creerme que esté fuera. Me dan náuseas de pensar que lo he visto, que él podría haberme visto simplemente con girar la cara.
Me tenía casi en frente, a unos metros. Me rasco la ceja, porque mis ojos empiezan a escocer por las lágrimas que quieren salir.
—Pero, no lo entiendo —digo, casi sin poder hablar—. ¿Ni siquiera te han avisado?
—La orden de alejamiento expiró hace un año. —Me echo hacia atrás en la silla con un suspiro resignado—. Me han dado cita para mañana por la mañana de urgencia para tramitarlo otra vez por su salida.
Subo las piernas y me abrazo. No quiero volver a verle.
—¿Y se la van a dar? ¿Cómo sabes si la aceptarán? —Tengo tantas preguntas que no sé ni por cual seguir. ¿Qué cojones? Sí lo sé—. ¿Cómo han podido dejarle salir?
Mi madre se levanta y se agacha conmigo.
—No puedo responderte a eso, cariño.
Sus ojos se llenan de pena al verme así, lo que me hace sentirme igual.
Una lágrima rueda por mi mejilla y ella la limpia.
—Lo que puedo prometerte es que te protegeré, sea como sea —me dice con convicción—. Mañana ya tendré esa orden y no podrá acercarse a nosotras. A ti.
Asiento y me abraza con un suspiro, acariciándome la espalda.
Le devuelvo el abrazo y nos quedamos así un rato. Ethan no dice nada, deja que nuestro momento fluya, todavía de pie en la puerta. Espera a que nos separemos para hablar con algo de timidez.
—Entonces, ¿qué pasará después de poner la orden? —pregunta.
—No podrá acercarse. Lo tendrá prohibido —explica mi madre, girándose hacia él—. Si lo hace, tenemos que llamar a la policía y avisar, entonces, ellos se encargan.
Ethan asiente conforme, pero su ceño está fruncido. Entiendo que esté preocupado. Joder. Me siento fatal de que tenga que vivir esto si no le afecta a él de manera directa.
—Lo siento, Ethan. No deberías aguantar esto.
No se lo merece. Por mucho que me quiera.
Me dirige una mirada de advertencia que entiendo lo que significa, pero aun así no puedo evitar disculparme, sea o no mi culpa.
—Me da rabia que tengas que vivir esto conmigo.
—No le des vueltas a eso —responde caminando hacia mí—. Las que no merecéis vivir esto sois vosotras, yo solo estoy para ayudar si lo necesitáis.
«Le quiero. Le quiero mucho».
Le abrazo con fuerza.
Pasan unos dos días para que mi madre reciba oficialmente la orden de alejamiento.
No respiré con total normalidad hasta ese momento.
No he sabido nada de él desde que le vi en ese bar y quería que siguiera siendo así, que se mantuviera lejos.
Si esa orden le obliga, por mí que se fuera a la mierda.
A la semana siguiente, me toca terapia.
—Siento que tengas que pasar por esto ahora, Alex. —Mis lágrimas fluían sin parar—. Es algo que está fuera de tu control y espero que entiendas que no es culpa tuya toda esta situación.
«Eso es lo que me da rabia».
—Ese es el problema. —Me siento, indignada—. Sentía que, por una vez, podía controlar mínimamente mi vida, mis pensamientos… Esto es algo que me jode, porque no puedo saber qué va a pasar ahora. No puedo saber si voy a volver a verle o va a venir a buscarme.
—Tienes razón, eso no se puede saber, pero sí puedes controlar lo que sientes ahora —me dice, echando un poco el cuerpo hacia delante, dejando a un lado sus hojas y bolígrafo—.
No puedes saber lo que va a pasar en un futuro, pero puedes centrarte en eso, en lo que sientes.
A raíz de ahí, iremos paso a paso gestionando la situación.
Me quedo pensativa, mirando al suelo.
Así fueron pasando las semanas, con exámenes que fueron el centro de atención durante unos cuantos días y me mantuvieron distraída de la situación de que por ahí está el hombre que me violó, aunque siempre abarcaba un hueco en mi cabeza.
Siempre que aumentaban esos pensamientos, intentaba hablar con mi madre o con Ethan.
Los exámenes no fueron mal gracias a la piña que hacemos, ayudándonos mutuamente.
Febrero da paso a marzo y, poco a poco, siento que mi cuerpo va relajándose ante la situación y estoy más pendiente de acabar bien el semestre que de otras cosas.
Si de verdad quiero ir a una universidad relativamente buena, debo sacar buenas notas ahora que me estoy centrando más en mí y en mis estudios.
También está mi madre; siempre me manda mensajes, la mayoría de días intenta venirme a buscar o se asegura que vuelva a casa acompañada de Ethan o Erika.
Abril se asoma con el día uno, con los dos últimos exámenes en unos días y la llegada de la Semana Santa. El corazón me late un poco deprisa, ya que Ethan me confirma que bajan a Málaga, así que estaré unos días sin verle.
Pasamos la tarde en su casa viendo una serie. Como era viernes, nos tomamos un día libre de estudio. Para eso de las 19 (ya que han llegado sus padres) recogemos las cosas y nos despedimos de Esther y Andrés, dirección a nuestras casa.
Erika se despide a mitad de camino y Ethan me acompaña como de costumbre, pero para los dos siempre es agradable pasar ese rato juntos.
Esa precisa noche me hubiera gustado quedarme en casa de Ethan, la verdad.