77 Alex
Tiene razón, que hablen. Si eso sirve para que sepan lo que he pasado por culpa de ellas, me vale. Así la gente se dará cuenta. Igual consigo que no pase más, que nadie más viva esta situación. Al menos, en esta mierda de instituto.
Enero dio paso a febrero y con él un poco menos de frío, que ya hacía falta. Los exámenes empezaron de nuevo y Erika, Ethan y yo hicimos piña para estudiar y llevarlo lo mejor posible.
La terapia estaba yéndome bien. Bien a medias.
Había días buenos y días malos, pero ellos, junto a mi madre, son mi mayor pilar y no puedo estar más agradecida con lo mucho que me ayudan en el proceso.
Hubo dos sesiones (llevaba unas cuatro) que salí y solo quería llorar.
Me abrazaba a mi madre hasta que me relajaba y lo viera todo (o lo intentara) con otra perspectiva.
La verdad es que ahora vivo en el presente, en el día a día. De momento, pensar en el futuro me da la sensación de que es muy lejano, de que no sé si llegaré algún día. Es algo que también me gustaría comentar con Noelia, porque no lo he hablado todavía con ella.
—¿Querrás hacer algo por San Valentín? —Ethan llama mi atención y le miro, volviendo al presente.
—¿Por San Valentín? —pregunto, como si en mi vida lo hubiera escuchado.
—Sí, ¿te apetece?
—¿Qué habías pensado?
No tenía ni idea de lo que hacer, la verdad.
—Nada en concreto, solo quería ver si te apetecía.
Me quedo pensando unos segundos y, la verdad, es que no me desagrada la idea.
Nunca había celebrado San Valentín; aunque para mí fuese una fecha más, es una excusa para pasar tiempo juntos, así que me encanta la idea.
—Podríamos hacer algo juntos, sí —acepto, algo tímida.
Y así, el día de San Valentín llega con una tarde algo nublada, por lo que no me extrañaría que lloviera.
Llevo un paraguas en la mochilita, por si acaso.
Estoy esperando a Ethan en la iglesia, donde siempre quedamos, pero he llegado algo pronto.
A los cinco minutos de llegar, veo a Ethan a lo lejos, viniendo hacia mí.
Sonrío cuando me ve y se le iluminan los ojos. Llega hasta mi lado y me da un beso.
—Hola, chiquitilla —me saluda entrelazando nuestros dedos—. ¿Llevas mucho esperando?
Niego con la cabeza.
—Acabo de llegar —contesto, empezando a caminar—. ¿Dónde dijiste que querías ir?
Me guía hacia la izquierda.
—No sé si ya habrás ido, pero hay una cafetería que parece estar muy bien por la plaza.
Asiento, conforme. Un café con tranquilidad me parece el mejor plan, sinceramente.
—Me gusta la idea.
—No sabía qué te apetecía, así que he pensado que algún plan tranquilo estaría bien. —Esquiva una bici poniéndose de lado mientras caminamos.
—Sí, la verdad es que es lo que más me apetece —coincido con él.
La cafetería está cerrada. Nos quedamos en la puerta mirando, como si fueran a abrir en cualquier momento.
—Joder, debería haberlo mirado en internet —comenta, en tono de disculpa, rascándose la cabeza.
—No te preocupes, igual podemos ir a otra. —Hay muchas por el centro—. Ya la probaremos otro día.
Decidimos ir a otra que estaba a pocos minutos, pero, sorpresa, también está cerrada. ¿Qué pasa hoy?
—Oye, ¿hoy es festivo o algo? —pregunto, aun siendo consciente de que incluso los festivos suelen abrir las cafeterías.
Se encoge de hombros, igual de sorprendido que yo. Le acaricio el brazo en señal de consuelo.
—No pasa nada. —Él suspira, resignado.
Empezamos a caminar hacia otro sitio, a ver si hay suerte.
Esperando un semáforo, empieza a llover tal y como me temía. Saco el paraguas de la mochila antes de mojarnos. Lo abro y nos refugio a los dos.
—Y ahora llueve.
Casi me hace reír su tono indignado. Solo quería hacer algo por San Valentín y está saliendo todo un poco regular.
—De verdad, Ethan, cualquier cosa que hagamos juntos ya me sirve —le digo como consuelo para que se anime un poco. Me sonríe y me da un beso en la cabeza.
Nos dirigimos hacía otra zona que parecía transitada, a ver si encontramos algún sitio, pero tampoco hay gran cosa. Ethan vuelve a suspirar y a mí se me ocurre algo mucho mejor. Dejo de caminar y él se gira para mirarme.
—¿Y si vamos a mi casa y vemos una película? —Me mira durante unos segundos, pensativo, como si no se hubiera dado cuenta de la opción.
—No sé por qué algo así no se me ha ocurrido antes. —Le estiro de la mano para que caminara conmigo.
—Pues decidido.
Y eso hacemos.
Volvemos atrás y nos encaminamos hacia mi casa, que estaba en el lado contrario. Pasamos por una zona donde hay algunos bares y, entonces, le veo.
Era mi padre. Mi padre.
De repente, ya no estoy allí, estoy en mis recuerdos.
En unos recuerdos incomprensibles e inconscientes a mi edad, recuerdos en los que solo quería entender qué había hecho mal, qué era lo que había hecho para que pasara lo que pasó.
De vuelta a mi edad actual, solo quiero que me trague la tierra, desaparecer del mapa.
Me hacen sentir sucia, indefensa y pequeña.
—Eh, ¿qué pasa? —Ethan llama mi atención y el pitido de mis oídos baja.
Su tono es de preocupación total, su ceño está fruncido y lo encuentro delante mío. Solo puedo decir dos palabras:
—Mi padre.
—¿Cómo? —Su voz fue un susurro, soltando después un gruñido—. ¿Dónde?
Se gira un segundo, por si lo ve, porque aún lo estoy mirando, sentado en un bar, tomando algo, como si nada pasara, pero es inútil porque no sabe cómo es.
Veo que Ethan empieza a moverse, aún sin saber quién es exactamente, pero me pongo delante, impidiendo que siga caminando con mis manos en sus hombros.
—No —consigo decir en un hilo de voz—. Por favor, sácame de aquí.
Quiero desaparecer, que la Tierra me trague. Me aferro más a él por instinto.
—Que no me vea. —susurro mientras mi voz se rompe.
Joder, no quiero que me vea así. Hundo mi cara en su hombro. No puedo moverme.
Ethan agarra mi mano y sale corriendo conmigo adentrándose hacia un callejón, porque se da cuenta de que no reacciono. Solo quiere llevarme a un sitio donde él no me vea. Llegamos al final del callejón, giramos a la izquierda y paramos.
—Ey —dice Ethan poniéndose delante de mí en tono de advertencia. Asumo también que es porque no me doy cuenta de que estoy hiperventilando.
—Mírame —ruega, poniendo sus manos a ambos lados de mi cara, llamándome la atención para que le mire.
Eso hago. Le miro a la cara y solo quiero llorar, gritar, correr… Pero, a la vez, estoy bloqueada. Solo hiperventilo, sin poder controlarlo.
Y cada vez va a peor.
Me ahogo.