Ayúdame a salir 45 Ethan
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45 Ethan

Los exámenes de final de semestre no fueron del todo mal.

Alex, Erika y yo hicimos bastante piña estudiando; me ayudaron a ponerme un poco más al día y lo agradecí muchísimo.

Ahora, nos toca esperar. A mi parecer, la peor parte de las cosas .

Pero, bueno, seamos optimistas. Nos habrá ido bien, espero.

Estamos en los últimos días de clase antes de las vacaciones de Navidad y las cosas del semestre se van cerrando: notas, trabajos, exámenes…

Poco a poco, nos van dando las últimas calificaciones y, ante todo pronóstico, no, no fueron del todo mal, porque todos salimos aprobados el penúltimo día de clases.

—Esperad, voy al baño —anuncia Erika, parando en frente del baño de las chicas. Yo asiento junto con Alex.

—Voy con ella —me informa ella.

Vuelvo a asentir poniéndome contra la pared en señal de «aquí os espero» mientras ella se da la vuelta para irse con Erika, que la está esperando. Entran las dos en el baño y yo me quedo pensativo.

A Alex no le ha ido mal, pero podría haberle ido mejor.

Y no porque ella no se haya esforzado, eso seguro.

Suspiro largo y tendido. Sé que ella hace lo que puede, pero en clase las cosas no mejoraron desde el día que le pegaron.

Ayer mismo tuve que impedir que se cayera por las escaleras porque alguien espabilado pasara corriendo al lado nuestro y le diera «sin querer» un empujón.

Cuando me fijé, el tío ni siquiera estaba caminando.

Niego con la cabeza pensando en la anécdota, le pregunté si estaba bien y ella me respondió que sí con su sonrisa tímida de siempre, pero yo sé que no.

No realmente. No lo dice, pero sé que no quiere dar importancia a cosas como esa, cualquier persona que pase por lo mismo que ella diría que simplemente se ha chocado y ya, aunque en el fondo saben que no es así, y todo por no crear conflictos con nadie, a pesar de que, si lo piensas bien, el conflicto lo están creando ellos.

No le dije nada al imbécil porque estaba ya abajo del todo cuando Alex estuvo bien enderezada, ya que estando en medio de las escaleras y con tanta gente subiendo y bajando, otra caída era probable si no estabas muy atento.

Todo esto sin pensar en lo mínimo, su mochila del revés después de clase de gimnasia, junto con los balonazos intencionados, que ahí sí que tuve que decir cuatro palabras, o quitarle el dinero del almuerzo un día que decidimos comprar los bocadillos en la cantina.

La situación está complicada y, aunque Erika y yo estemos ahí con ella, me da la sensación que eso no impide que ella se sienta mal.

No lo dice, pero a veces veo esa expresión en su cara que me recuerda a cuando la conocí y me invade la impotencia, rabia y pena.

No puedo impedir que afloren. No si es ella.

No sé qué es lo que me pasa todavía, pero tampoco lo voy a reprimir.

En el mes y poco que la conozco no he parado de sentir la necesidad de protegerla de todo lo que pueda, cosa que tampoco he querido reprimir.

Y en unos días vuelvo a Málaga...

Aunque sea solo por vacaciones de Navidad, ya que ahí está toda mi familia, no paro de tener la mosca detrás de la oreja todo en día.

Sé que estará Erika aquí con ella, sé que incluso irán quedando, pero no puedo quitarme esa sensación de no querer separarme de Alex.

Aún no les he dicho que me voy a ninguna de las dos, porque no hemos tenido tiempo nada más que para estudiar.

Salen del baño y me muevo hacia ellas.

—¿Vamos? —pregunto ya a su lado. Asienten y nos dirigimos a la salida—. Oye, tendríamos que celebrar que ya ha acabado el trimestre con unos batidos —digo llamando la atención de las chicas, girándome hacia ellas—. Me voy a Málaga en unos días de vuelta y quiero quedar con vosotras antes de irme.

Alex abre mucho los ojos sorprendida y con lo que parece ser preocupación en la mirada. Erika asiente con ansia.

—¡POR FAVOR! —dice simplemente.

Yo me río y Alex niega con la sonrisa aún en los labios.

—Por mi vale —dice. Yo sonrío más y asiento, después pregunta con un poco de aprensión—: ¿Te vas a Málaga otra vez?

—Solo de vacaciones, chiquitilla —le tranquilizo revolviéndole el pelo con cariño. Ella parece relajarse y sonríe, intentando apartarse—. Tengo a toda mi familia allí, así que mis padres decidieron ir por las vacaciones de invierno.

Ella asiente, comprendiendo.

—Pues decidido —zanjo—. ¿A las cinco donde siempre?

Las señalo interrogante mientras me voy alejando hacia atrás al coche de mi madre alzando las cejas. Cuando asienten, yo lo hago también mientras bajo la mano.

—¡Hasta las cinco! —digo y me doy la vuelta hacia el coche.

—Hola, cariño —saluda mi madre, poniéndome la mejilla para que le dé el beso de siempre, yo instintivamente se lo doy.

—Hola, mamá —le respondo.

—¿Cómo ha ido hoy?

«¿Por qué siempre me lo pregunta justo en mis peores días?». Suspiro mientras empieza a conducir y ella me mira, frunciendo ligeramente el ceño sin comprender. Antes de que siga preguntando, yo contesto.

—Bueno, ha ido —concluyo, sin más detalles—. Ya les he dicho que me voy de vacaciones.

—Bueno, solo son un par de semanas, amor —me dice ella, que también parece algo confundida.

—Lo sé, mamá.

De verdad que sí. Solo me voy un par de semanas, pero algo me pasa… ¿Por qué no quiero irme? Frunzo el ceño mientras miro por la ventana, pensativo. En realidad, la respuesta estaba clara. Y dejo que fluya junto con la angustia que me provoca.

«No quiero dejarla sola».