Ayúdame a salir 44 Alex
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44 Alex

No me esperaba que Erika fuese la que le confesara a Ethan que me vio con ellas.

Lo que está claro es que Ethan tiene algo que ver en su cambio de actitud.

Sí que es verdad que nunca me ha dirigido una mala palabra, nunca me ha hecho nada, pero siempre se quedaba al margen, sin hablar, mirando hacia otro lado.

Tenía miedo de que a ella también le terminaran acosando.

La entiendo, no le deseo a nadie lo que estoy pasando yo, lo juro. Y, si por defenderme también la trataran como me tratan a mí, mejor que solo sea yo la que lo sufra.

Al menos, la única víctima seré yo.

Erika parece una buena chica. No tengo duda, y me siento algo culpable por su disculpa; aunque no era necesaria, la agradezco muy sinceramente. Tampoco quiero que a ella también la molesten, o a Ethan.

Se me encoge el corazón al pensar en él.

Erika me está hablando, y estoy atenta, pero no dejo de notar la mirada del chico sobre mí.

Veo en él una culpabilidad de manera palpable y eso me mata.

No se tiene que sentir culpable por algo que no ha hecho.

No tiene nada que hacer ante lo que acaba de pasar con el director.

Pienso en él y un torbellino de emociones me sacude.

Nunca me había pasado antes. Lo conozco desde hace unos días, justo una semana, y no sé qué me pasa.

Solo quiero que siga hablándome, que esté conmigo.

Es un huracán en mi vida. Eso es lo que es, Un huracán que se me ha subido encima del que no puedo salir. Y siento que no quiero salir . Quiero seguir en él hasta que se acabe, hasta que algo decida pararlo.

—Veo que hay alguien entendió lo que quise decir. —Me giro hacia Ethan sin entender—. De verdad, espero que no te lo tomaras a mal.

Erika le dedica una sonrisa tranquilizadora y le quita importancia con la mano.

—Ya te dije que no te disculparas —le responde.

Ethan sonríe. Esa sonrisa sincera que tanto me gusta. Me sube el calor al verla. Me vuelvo a centrar en la conversación, casi negando con la cabeza. Ethan parece darse cuenta de mi confusión, porque cita:

—Con el miedo no se va a ningún lado. —Levanto las cejas y se me para el corazón durante unos segundos—. Eso fue lo que le dije.

¿Eso es lo que ha provocado que Erika haya hecho ese cambio? ¿Qué, a pesar de todo, haya decidido hablarme sin importarle lo que piensen los demás? ¿Solo con esa frase?

Bueno, ahora pienso todo eso, pero cuando me lo dijo a mí… si digo la verdad, también me hizo pensar. Ethan me guiña un ojo, lo que me hace otra vez tener calor. Me sale una risita.

—Parece ser tu mantra —le digo con una sonrisa y el ríe.

—No, ese no es mi mantra, Alex —me responde él negando con la cabeza. Yo ladeo la mía confundida.

—¿«Ese» no es tu mantra? —repito sus palabras en forma de pregunta, interrogándolo—. ¿Ya tienes uno?

Él sigue sonriendo, mirándome como si tuviera un secreto que aún no quisiera compartir.

—Entonces, ¿cuál es? —Su sonrisa se hace un poco más amplia.

—Algún día te lo diré. —Yo abro mucho los ojos, pero decido no preguntarle más al respecto, ya que tampoco sé que más decirle.

Erika ríe ante lo que acaba de pasar.

—¿Qué? ¿Vamos a desayunar? —pregunta rompiendo el hielo.

Yo asiento, sin apartar la mirada de Ethan por unos momentos más, y luego me dirijo a ella.

—Sí, vamos —respondo sin más.

Llegamos donde siempre nos juntamos Ethan y yo.

Me siento en el banco seguida de los demás con un suspiro, sacando mi bocata de la mochila, aunque no tenga nada de hambre. Más bien, estoy con el estómago bastante revuelto desde que hemos hablado con el director.

No sé cómo me siento realmente.

Bueno sí, me siento imbécil, desacreditada, inútil. No quiero que Ethan se sienta peor de lo que se siente, por lo que hago lo posible por no mostrarlo.

Solo había que verle la cara cuando le dije qué me habían dicho. En realidad, los dos sabíamos lo que iba a pasar, no tiene sentido que se sienta culpable por algo que era lo más probable, algo inevitable.

—¿Alex? —Erika me saca de mi ensoñación y sonrío instintivamente.

—¿Qué? —pregunto—. Perdón, no estaba atenta.

Ella ríe.

—Digo que si te vas a ir ahora o te quedas —reitera como pregunta, poniéndose un poco más seria.

Yo me quedo pensando. No sé qué hacer, sinceramente. Ethan me mira, a la espera de mi respuesta.

—No sé… —declaro al fin—. ¿Qué haríais?

Ethan suspira, sentado a mi lado izquierdo.

—Mi madre dice que puedo irme, ya lo ha dicho a la de recepción —murmuro—. Pero no sé si me parece buena idea...

—Vete a casa —me dice Ethan—. Descansa. Creo que mereces al menos eso, ¿no?

Yo le miro, todavía pensativa.

—Igual tienes razón —susurro. Tampoco quiero que me vean hoy, la verdad—. Creo que me iré antes de que acabe el patio, no tengo ganas de que me vean.

—¿Y qué más da si te ven irte? —bufa Erika, molesta.

Sé que no es cosa de nadie que me vaya o no, pero de verdad, no me apetece.

—Simplemente no me apetece —digo encogiéndome de hombros y negando con la cabeza.

Ethan me pone una mano en la rodilla, que hace que toda mi piel se erice con su simple contacto de cariño.

—Vete —repite, con una sonrisa apenas visible—. Aunque te pasaremos los deberes y apuntes igualmente, por si te crees que te vas a librar.

Me quita la mano, lamento la ausencia de su roce al segundo, alzando ambas cejas. Su sonrisa se vuelve más ancha, mirándome con una picardía que hace que me ría y niegue con la cabeza hacia abajo.