43 Ethan
Quería entrar, pero no me dejaron. En cierto modo, era normal, porque la cosa va de Alex, pero igualmente no paro de estar inquieto. Hablé con Erika ayer, ya sabe que está con su madre hablando con el director. Parece estar también algo despistada.
Cuando le dije que con el miedo no se iba a ningún lado, vi en sus ojos un cambio. Supe que había entendido exactamente lo que quería decir, no solo por ese momento, sino en general, en la vida.
Alex no apareció por clase hasta que sonó el timbre del recreo. Cuando sonó, recogimos y salimos fuera, a ver si la veíamos. Cuando nos fijamos en la puerta principal y la divisamos entrar, Erika y yo vamos hacia ella.
—Ey —le digo casi sin aliento por correr hacia ella. Erika llega detrás mío—. ¿Cómo ha ido?
Ella mira a Erika y parece reconocerla de clase; asume que era la persona que quería hablar con ella después, porque vuelve a mirarme a mí. Lo que me respondió no sé si me enfadó, me indignó, o si me rompió en mil pedazos. Puede que fuera todo junto.
—No fue en horario escolar, lo único que han dicho es que estarán más atentos —murmura.
Se lavan las manos. No me lo creo. Ni siquiera puedo formar palabra. Mi cara parece decirlo todo, porque Alex me mira con compasión.
—Ethan, no te preocupes, ya sabía que esto pasaría —continúa ella.
Eso es lo peor; que ella realmente lo sabía. Y yo, en el fondo, también.
—No sé qué decir —contesto al fin, cada vez más indignado—. Deberían mínimamente hablar con ellas. Deberían, no sé…
Ella niega con la cabeza, entendiéndome. Me acaricia un brazo para consolarme, aunque debería ser yo el que la consolara a ella.
—Dijiste que alguien quería hablar conmigo —me dice bajando el brazo, recordándome que Erika está detrás.
De repente, me siento vergonzoso y noto cómo el calor me sube a las mejillas.
—Sí —respondo algo tímido—, sí. Ella es Erika, la chica de la que te hablé ayer —continúo mientras ella se acerca, también de forma tímida—. Me avisó de que te vio con ellas y luego ya no entraste a clase.
Alex asiente, algo desconcertada.
—Siento lo que te ha pasado, Alex, de verdad —le dice Erika. Ella parece estar sorprendida, y solo puede sonreírle tímidamente.
—Gracias por decírselo —le responde igual de introvertida.
Sonrío ante lo mona que me parece cuando se pone tímida, porque me recuerda al día que nos conocimos, hace semana y media.
Solo una semana y media. Solo ha pasado una semana y media desde que la conozco y no sé qué me pasa: es como si un imán me atrajera a ella de manera imposible de rebatir, de impedir.
Un imán que me hace querer protegerla de cualquier cosa, cualquier persona.
Y lo que ha pasado hoy me quema por dentro de una manera que jamás había sentido antes.
La veo ahora charlando con Erika y solo quiero escucharla hablar durante horas.
—Siento no haberme atrevido a hablarte hasta ahora. —Esas palabras me llaman la atención y me centro por fin en la conversación que están teniendo.
—En serio, no pasa nada —le responde Alex con su timidez de antes—. La verdad es que no suele hablarme nadie aquí, así que…
—Pues ya tienes a dos personas —intervengo yo, con una sonrisa.
Erika sonríe al mismo tiempo y Alex me mira.
—Y... —Empieza Erika volviéndose hacia ella acariciándole un brazo—. En serio, siento lo que ha pasado, Alex, de verdad. … Siento todo por todo lo que estás pasando. Solo… a partir de ahora, si necesitas algo, ahí estaré, ¿vale?
Alex se queda algo rígida, yo puedo notar las comisuras de mis labios elevándose.
—Veo que hay alguien que entendió lo que quise decir —le digo. Erika me mira y asiente—. De verdad, espero que no te lo tomaras a mal —insisto a modo de disculpa.
Ella me sonríe quitándole hierro al asunto con la mano.
—Ya te dije que no te disculparas.
Le sonrío con sinceridad.
Alex parece estar algo confusa, por lo que le recuerdo:
—Con el miedo no se va a ningún sitio.
Ella eleva las cejas, empezando a entender.
—Eso fue lo que le dije —digo, guiñándole un ojo.
—Parece ser tu mantra —me dice Alex con una risita.
Yo sonrío ante su comentario.
—No, ese no es mi mantra, Alex —le respondo negando con la cabeza, aún sonriendo.
Ella ladea la suya algo confusa, manteniendo la sonrisa en su rostro.
«Ese no es mi mantra, ni por asomo».