42 Alex
Estoy al lado de la puerta esperando a Ethan, que siempre llega un poco más justo a clases, aunque para justificarlo, hoy he llegado yo mucho más temprano, junto con mi madre, que ha insistido en venir a hablar también, aunque le dije que iría con él y ahora está aparcando. Además, aún son menos cuarto.
También, soy sincera si digo que en mi vida me había puesto maquillaje, pero tampoco quería ir echa un asco a clases. Me puse un poco de corrector esa mañana, aunque apenas hizo el apaño; Ethan ya me había visto así, pero no dejaba de darme vergüenza ir con la cara así.
De repente, noto una mano en mi hombro y alguien me habla.
—¡Ey! —Ethan. Debo admitir que casi me da un paro cardíaco, pero parece que lo he disimulado muy bien, porque no se ha dado cuenta.
—Hola —le digo con una sonrisa—. Llegas pronto.
Él asiente.
—Sí, quería llegar antes —me dice con cara de circunstancia. Es mi turno de asentir—. Aunque es tu decisión decirlo o no.
Me lo recuerda de nuevo. Yo me quedo pensativa. ¿De verdad cree que servirá de algo? ¿Merecerá la pena? Suspiro.
Me da la opción de simplemente dejarlo pasar, aunque su expresión me pide que no lo haga. Le agradezco que tampoco me obligue si no quiero. Y por eso mismo no quiero tampoco defraudarle, si se le llama así.
—No te niego que me da mal rollo decirlo —le contesto, mirando al suelo—. Pero también creo que tienes razón. En el fondo es lo correcto, lo que deberíamos hacer. Aunque tenga miedo.
Él me sonríe, reconfortante.
—Yo estaré contigo, ya lo sabes —me recuerda para tranquilizarme, supongo—. ¿Tu madre viene al final?
—Sí —suspiro—. Está aparcando. Debería ir a trabajar, no estar aquí.
Niego con la cabeza, algo molesta. Me siento mal por hacer que se pierda parte de su jornada laboral por mí.
—Lo hace porque te quiere, Alex —me contesta Ethan. Yo le miro, preguntándome qué quiere decir. Como si me leyera la mente, me responde—. Si tiene que faltar un día al trabajo por ti, lo hará, si necesitas algo de ella, te lo dará, porque eres su hija.
Yo miro al frente, sabiendo lo que quiere decir.
—Me da pena que tenga que hacer esto solo por hablar con el director.
—Ese es el problema. —Yo le miro otra vez sin comprender—.
No es solo por hablar con el director. Un problema es un problema.
Todos tienen importancia. Al tuyo, no se la das, porque te sientes inferior, o piensas que no vales tanto como para que importe lo que te pase, o lo que pienses, o lo que digas.
Me quedo sin aliento ante esas palabras, y tengo que mirar al frente porque él se gira a mirarme. Yo no puedo hacer lo mismo o volveré a derrumbarme.
Y ahora no puedo. No quiero. Vuelve a mirar hacia delante y parece suspirar, dándose cuenta de mi reacción.
—Sé que es difícil de asimilar, y lo siento —continúa diciéndome. Voy a hablar cuando mi madre cruza la esquina y viene hacia nosotros—. Por cierto, luego hay alguien que querrá hablar contigo.
Lo último lo dice antes de que mi madre llegue a nuestro lado, y eso me deja sin tiempo para contestarle, aunque le dirijo una mirada de interrogación.
—Hola, ya estoy aquí —dice mi madre—. Venga, entremos.
Y, sin más dilación, entramos en el instituto.
De repente, tiemblo. Tengo miedo. Quiero huir. Ethan va a mi lado y mi madre por delante, encaminándose hacia la recepción. Empieza a hablar con la recepcionista. Cada vez estoy más nerviosa. Mi respiración se acelera. La ansiedad me invade.
Mierda. No ahora. Un ataque de pánico ahora no. Intento respirar normal, pero apenas puedo.
De repente, noto una mano en mi espalda y empieza a hacer círculos en ella, dejándome sin aliento. Me giro hacia Ethan, que me mira con preocupación. De golpe, vuelvo a la realidad, me concentro en respirar y parece que consigo tranquilizarme, aunque mi respiración se entrecorte en algún momento.
—¿Estás bien? —me pregunta.
Yo cojo aire profundamente antes de responder.
—Estoy nerviosa.
—Estás aterrada —me corrige—. Y es normal.
Yo asiento, con los ojos que empiezan a humedecerse. Mi madre viene y me dice:
—Dice que podemos entrar si queremos, está en el despacho. —Yo miro a Ethan de vuelta y él asiente.
—Pues vamos —digo mirando a mi madre de vuelta.