39 Ethan
Oigo la puerta abrirse y me muevo en su dirección, tenso.
Vuelvo a girarme hacia Alex con cara de circunstancia preguntándole mentalmente: «¿ahora qué explicaciones damos?
». Veo que ella está igual de tensa. Seguro que su madre no lo sabe.
Suspiro y le dedico una sonrisa cómplice estrechándole la mano.
—Yo te ayudo —le susurro para que nadie más me oiga salvo ella.
Me sonríe de vuelta, aunque de repente parece estar nerviosa y sentirse… ¿culpable? Niego con la cabeza, intentando que lo capte. Ella suspira.
—¿Alex? —Oigo desde lo que parece ser el pasillo y unas llaves dejándose caer.
Yo hago ademán de soltar la mano de Alex para que no se sienta incómoda cuando nos vea, pero a ella no parece importarle, porque me la aprieta antes de poder soltarla y capto que no quiere que lo haga.
Así que no se la suelto, y tengo la sensación de no querer soltársela nunca. Por un instante, me sube el calor por las mejillas, pero no es el momento, así que respiro hondo y espero a que su madre llegue al comedor; a que estemos en su ángulo de visión.
—Me ha llegado un mensaje del instituto de que has faltado —dice en tono severo, llegando hacia donde estamos, y me giro para estar de cara, aún agarrando su mano.
Se queda paralizada un segundo al verme a mí en su casa, cosa que es normal, dado que Alex, según he visto, no trae a mucha gente.
Luego la mira a ella y entonces reacciona.
Su cara de horror refleja la mía, la que yo he puesto al verla al llegar.
Se acerca casi corriendo y veo la hora de soltarle la mano; ella me lo permite.
—Dios mío, Alex, pero ¿qué ha pasado? —le pregunta casi chillando.
Ella parece que ni siquiera puede responder. Tiene los ojos bañados en lágrimas otra vez. Al ver que no le contesta, la abraza fuerte.
Alivio. Eso es lo que siento ahora mismo. Alivio por ver que su madre la abraza de esa manera. No la conozco, pero sus acciones hablan por sí solas. Las emociones vuelven a inundarme poco a poco y hacen que quiera llorar.
Veo que Alex sigue sin poder hablar, por miedo, por vergüenza, por lo que quiera que sea, y yo decido intervenir cuando ella se aleja de su hija un poco.
—Hola. —Empiezo con algo de inseguridad—. Soy Ethan.
Ella finalmente me mira.
—Me lo he imaginado. —Me sorprendo, pero supongo que Alex le habrá hablado de mí—. ¿Se puede saber qué ha pasado?
No dudo en contestarle.
—Parece ser que a algunas no les gusta la idea de que Alex haga amigos —resumo. Antes de que conteste, sigo hablando—. Unas compañeras se enteraron de que quedamos el viernes y no lo llevaron bien.
Ella asiente, aunque su ceño fruncido desprende indignación. Mira a Alex y se dirige a ella ahora.
—¿Por qué no me has llamado? —Entiendo la pregunta, pero eso solo hace que se sienta más culpable, se le ve en la cara.
—No quería molestarte —Esta vez contesta ella.
Yo niego con la cabeza.
—¿Cómo vas a molestarme? —dice ella con las manos en sus hombros.
Niega con la cabeza, suspira mirado hacia abajo y vuelve a mirarla. También tiene los ojos llenos de lágrimas.
—Estabas trabajando y… —Empieza ella.
—¡Eso da igual! —le corta ella—. Eres mi hija y por supuestísimo vas primero. Hubiera venido en cuanto me llamaras, me hubiera quedado contigo.
Alex asiente.
—Ya lo sé, de verdad —dice con voz entrecortada—. Pero no quería que me vieras así.
Cierro los ojos un segundo. Niego imperceptiblemente con la cabeza. Tampoco quería que yo la viera así.
—Alex, que sientas vergüenza es otra de las cosas que me dan rabia —continúo yo, intentando controlar los sentimientos que afloran por mi garganta, creando un nudo cada vez que hablo—. Nada de esto es culpa tuya.
Se lo repito por tercera vez. Y se lo repetiré las veces que haga falta.
Su madre asiente, estando de acuerdo conmigo, cosa que agradezco en el alma.
—Mañana te acompaño al instituto y hablaré con quien tenga que hablar —le dice sin soltar sus manos.
Yo asiento. Alex se pone algo pálida, pero sabe que no hay negación posible por parte de los dos, así que finalmente asiente.
—Estoy contigo, ¿vale? —Vuelve a abrazarla. A Alex le baja una lágrima por la mejilla mientras están abrazadas.
No sé si debería irme, tengo la sensación de que sí, de que este momento es solo suyo, y estoy inmóvil por no estropearlo con mis movimientos.
Cuando se separan, decido levantarme para llamar la atención de manera disimulada.
Su madre se gira hacia mí y Alex me mira, secándose la lágrima indiscreta que me hubiera gustado limpiar a mí.
—Yo opino lo mismo que tu madre, ya lo sabes —coincido—. Le he dicho antes que no hay problema, yo la acompañaría.
Alex suspira, como si estuviera derrotada, cansada. Y normal que lo esté, no solo en lo que se refiere a lo físico. Yo no dejo de mirarla, para que sepa que estoy con ella, al igual que su madre. Veo por el rabillo del ojo que su madre asiente, agradecida.
—Soy Raquel, por cierto —se presenta.
Es verdad, con todo esto no nos hemos ni presentado debidamente. Esta vez miro a Raquel y le sonrío.
—Yo Ethan, aunque eso ya lo he dicho. —Me paso la mano por el pelo, algo nervioso. Ella parece reír un poco—. Soy compañero de Alex en el insti. Bueno… amigo.
Alex sigue con la mirada fija en mí, algo sonrojada.
—No vino a clase hoy y bueno…—La verdad no sabría cómo explicar de otra manera que he venido a su casa porque que estaba preocupado, así que, ¿qué más da? —Lo cierto es que me preocupó que no viniera y, como la acompañé a casa el viernes, más o menos me sabía el camino, así que…
Acabo de explicarme, casi atropelladamente, y mentiría si dijera que no pueden ver que me estoy poniendo rojo por la vergüenza. Raquel me sonríe con el mismo agradecimiento de antes. Yo sonrío de vuelta sin poder evitarlo.
—Gracias, Ethan —me dice.
Sé que lo dice de verdad. Una verdad tan intensa que hasta me duele. Yo vuelvo a sonreír, pero por dentro la rabia se apodera de mí. Nadie debería pasar por esto. Nadie.
Realmente no tengo más palabras.