33 Ethan
En las horas restantes de clase no puedo evitar no perder de vista a las tres chicas, y cuando suena el ultimo timbre de la jornada de estudio, ya lo tengo todo recogido para ir directo hacia ellas y enterarme de lo que saben.
Ya se están yendo y las detengo en el pasillo poniéndome delante.
Ellas se sobresaltan un poco, pero acaban por sonreír tímidas.
—Ethan, ¿qué tal? Te esperábamos el viernes, pero…—comienza Sandra, yo la interrumpo.
—No sabéis nada de Alex, ¿verdad? —Voy al grano y ellas me observan algo sorprendidas, mirándose entre ellas. Es Carla la que contesta ahora.
—¿Nosotras? No hablamos con ella apenas, no tenemos ni idea.
Mentirosa. La rabia me corroe por dentro. Algo ha pasado y quiero saberlo.
—Mira, Carla —digo con paciencia—. Sé que ella ha llegado esta mañana, pero se ha ido antes de empezar las clases, ¿por qué?
La verdad es que hoy tengo poca paciencia, y más con estas cosas. Se me quedan mirando como si nunca hubieran roto un plato; eso me pone aún más enfadado. Pero me controlo hasta que contestan.
—No tenemos ni idea —dice una de ellas. Yo suspiro con impaciencia—. ¿Por qué tendríamos que saber algo? Si no viene a clases es cosa suya, ¿no?
Ya me he cansado.
—¿Por qué mentís? —dejo escapar negando con la cabeza. Suelto el aire indignado—. Sé que la habéis visto, y creo que hasta habéis hablado con ella.
Ellas se quedan mudas, con la boca abierta, sin saber qué decir.
—Así que no hace falta que sigáis por ahí —continúo.
Espero su respuesta, pero no llega, y al cabo de unos segundos, una de ellas habla por fin.
—Sí, hablamos con ella, pero nada más. —Yo suspiro mirando hacia un lado y vuelvo a mirarlas.
—¿De qué hablasteis con ella? —continúo preguntando.
Sé que posiblemente sigan mintiendo, pero es lo único que puedo hacer por ahora.
—De nada en concreto —suelta Sandra.
No saben qué decir, las estoy pillando.
—Me estáis diciendo que hablasteis con ella de cualquier cosa, ¿y después ni entró en clases? —continúo con sarcasmo.
Esto es la leche.
—Ya te hemos dicho que no tenemos ni idea —sigue diciendo Sandra.
Yo niego con la cabeza suspirando, sabiendo que no llegaré a nada con ellas. Miro un instante detrás de ellas y veo a Erika, que está esperando más allá. Supongo que a mí. Vuelvo a enfocarme en ellas tres y, sin decir nada, voy hasta su lado. Cuando llego, digo:
—No van a decirme nada, eso está claro. Primero porque me han mentido a la cara, y segundo, porque las tres juntas son muy valientes, como todos. Luego cada una a solas no lo será tanto —continúo aún enfadado.
Ella suspira.
—¿Qué hacemos? —pregunta.
Está preocupada de verdad. Yo relajo mis facciones y suspiro, poniéndole una mano en el hombro.
—Tranquila. Averiguaré lo que ha pasado —le aseguro—. Creo que sé dónde vive, porque el viernes quedé con ella y la acompañé a casa. Creo que sabré llegar desde aquí.
Iré a verla. Sé que puede parecer de exagerado, pero quiero saber por qué Alex no ha venido a clases. Erika suspira.
—Vale. Toma mi número. —Me da un papel con unos números escritos. Yo asiento.
—Te digo cuando sepa algo. —Ella asiente de vuelta y me voy.
Le envié un mensaje a mi madre para que no se preocupara, y ahora estoy de camino por la zona que creo que me llevará a casa de Alex. Llego a la rotonda de la C, lo que me hace sonreír al saber que no me equivocaba de camino. Ahora, solo tenía que continuar la ruta que hicimos el viernes.
¿Qué le habrá pasado a Alex? ¿Qué le habrán dicho Sandra y las demás? ¿Por qué había venido para luego irse? ¿Igual he exagerado y simplemente se encontraba mal? Suspiro, le estoy dando demasiadas vueltas. Y, aun así, aquí estoy, yendo a casa de Alex, sea lo que sea que haya pasado.
Subo la cuesta que tanto me cansó el otro día y, cuando llego arriba, tengo que respirar hondo. Ya casi me había olvidado de cuánto me costaba.
Llegué al que se suponía que era el portal de Alex y piqué al timbre. De repente, el corazón me late un poco más rápido, y no sé si es porque estoy nervioso por verla o por saber qué le ha pasado. Espero como mucho un minuto y alguien habla por el interfono.
—¿Quién? —responde alguien.
«Alex». Reprimo un suspiro de alivio.
—Hola —digo tímido, casi tartamudeando—. Soy Ethan.
Silencio. Como veo que no va a hablar, cosa que me preocupa, hablo de vuelta.
—No has venido a clases y quería…—Callo unos segundos, luego continúo, tragando saliva—. Saber qué ha pasado.
No sé si me abrirá la puerta, ni si quiera si querrá hablar conmigo, pero tengo que intentarlo.
—No ha pasado nada —me responde con voz neutra.
«Y una mierda».
—Alex…—suspiro—. Sé que esta mañana has venido a clase, pero te has ido. Y también sé que Sandra y las demás estaban contigo. Por favor. Quiero saber qué ha pasado.
Lo último lo digo casi en tono de súplica, y espero que ella acepte abrirme la puerta sabiendo lo que sé. Iba a volver a hablar, pero ella lo hace primero.
—¿Y has venido a mi casa solo por eso? —me pregunta en un tono que no logro descifrar.
—Sí —le digo simplemente.
Otro silencio que se me hace eterno. Ella suspira y al cabo de unos instantes hay un sonido que parece ser que abre la puerta, y así es. Vuelvo a suspirar de alivio. Paso la primera puerta mientras ella abre la de su casa.
—Hola —vuelvo a decir con una sonrisa—. Aprovecho y te dejo los apuntes de hoy.
Pero ella no dice nada. Tampoco me mira directamente. Yo frunzo el ceño, sin comprender. El alivio que sentía se esfuma en un abrir y cerrar de ojos cuando por fin me mira y veo una herida en su mejilla izquierda.
«Me cago en mi vida».