30 Alex
Entro en casa y me encuentro con la mirada acusadora de mi madre. Yo abro la boca para disculparme, pero no me da tiempo.
—¿Sabes la hora que es? —me dice. Ahora sí deja que hable.
—Lo siento, se nos fue el tiempo, y…
—¿Se nos fue el tiempo? —repite—. ¿Desde cuándo sales hasta estas horas?
—Mamá, lo siento, de verdad —le repito suspirando. No quiero que me fastidie el buen humor que tengo—. ¿Podemos hablarlo mañana?
Ella suspira y me mira juzgándome. Al cabo de unos instantes de esperar que me responda, se sienta en el sofá donde estaba y da unos golpecitos a su lado, esperando que yo haga lo mismo. Suspiro. No lo va a dejar pasar. Me siento a su lado y empiezo a hablar.
—Mamá, en serio, es medianamente tarde, podemos hablarlo…
—¿Cómo ha ido? —me pregunta de repente, expectante. Yo abro mucho los ojos, sorprendida—. ¿Quién ha hecho que salgas hasta tan tarde?
«Dios mío, qué vergüenza».
—Mama, por favor, solo hemos quedado un rato, nada más.
—Venga, como madre quiero saberlo —me dice dándome en el hombro con el suyo—. ¿Quién es?
Suspiro.
—Es un chico nuevo de clase, se llama Ethan. —Aunque eso ya se lo había contado—. Simplemente hemos dado una vuelta. Hemos tomado un café, andado, hablado y, como eran las 8, decidimos tomar algo, eso es todo.
Ella me sonríe con complicidad.
—Entonces, ha ido bien —confirma.
«Supongo que sí».
—Eso creo…—le digo con algo de inseguridad. Ella me mira seria.
—¿Te ha dado razones para pensar que no?
—La verdad es que no, pero…
—Pero ¿qué? —me corta ella—. Alex, no seas tan dura contigo misma.
Como si fuera tan fácil. Yo suspiro.
—La verdad es que ha ido bien —le sonrío con sinceridad. Ella me sonríe de vuelta y me da un beso en la mejilla.
—Me alegro mucho, cariño —dice algo emocionada—. Hacía mucho que no salías y estoy muy contenta de que al menos por un día lo hayas hecho. Espero que solo sea uno de muchos.
Yo sonrío otra vez.
—Gracias mamá —digo en serio—, por tu consejo del otro día. De verdad me sirvió.
Me tengo que dar una oportunidad; eso quiero hacer. Ella tiene razón. Me vuelve a dar un beso en la mejilla y se levanta.
—Me voy a la cama, amor —me dice. Yo me levanto también.
—Buenas noches, mamá —le respondo dándole yo esta vez un beso en la mejilla.
Ella se va a la habitación y yo me quedo un instante más ahí parada, de repente sin saber qué hacer, poniendo los brazos en jarra.
La verdad es que no me esperaba que la tarde fuera tan bien.
Al menos, eso ha parecido. Niego con la cabeza ante la mierda de inseguridad y empiezo a caminar al baño.
Necesito una ducha. Me lavo el cuerpo y entro en la habitación.
Me pongo el pijama y me meto en la cama.
La verdad es que me ha sorprendido todo lo que Ethan me ha dicho, todo de lo que se ha dado cuenta, aunque no sabe ni la mitad, eso está claro.
Pero esa conversación…
Sabe que me hacen bullying . Yo ya tenía una ligera idea, pero el hecho de querer quedar conmigo, de querer hablar conmigo de ello, de querer sacarme una sonrisa.
Todo eso, ha hecho que nazcan en mí unos sentimientos que sigo sin entender.
Estoy confusa, a la vez que contenta, a la vez que siento… ¿cómo se le llama?
Esperanza.