Ayúdame a salir 28 Alex
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28 Alex

Me estoy abriendo. No quiero hacerlo, pero me sale solo.

Hace unos días pensé que ojalá fuese él el que tirara mi muro de mierda.

Y, algo muy dentro mío, sigo queriendo que sea así.

Es como un puto instinto que provoca que hagas cosas sin darte cuenta, abrirme con Ethan es una de ellas.

Tengo el corazón en un puño cuando me pregunta si mi madre sabe lo del bullying .

Era obvio que sabía algo, sobre todo por cómo me comporto.

—Sí —respondo simplemente.

Tengo que ir con cuidado. El miedo me invade y las voces también. «No le cuentes nada. Lo usará contra ti», me dicen. Yo trago saliva, aún tensa.

—¿Y los profes? ¿El director? —sigue preguntando él.

—En teoría sí —respondo cautelosa.

Él parece asentir.

—¿Y no han hecho nada? Es decir, ¿no han hablado con la gente? —Y ahí va otra pregunta.

«Qué fuerte, está indignado».

—Hablaron sí, pero eso no hizo más que empeorarlo, la verdad. Desde entonces, ya no digo nada. Aunque a veces…

—Te gustaría chillar. —Freno en seco.

Me cago en la puta. ¿Tan bien ha pillado de la situación? Estoy flipando.

—Pues sí —respondo casi sin darme cuenta.

¿Qué cojones estoy sintiendo ahora mismo? ¿Comprensión? ¿Me estoy sintiendo escuchada? No entiendo nada…

—Gracias por contármelo —me dice—. No tiene que ser fácil vivir esto.

Un momento… ¿está empatizando conmigo?

—Ya te dije el otro día que me podías contar lo que quisieras, y no es fácil contar este tipo de cosas.

—No lo es —digo sincera.

Me acuerdo de cuando mi madre se dio cuenta de que algo no andaba bien, hace 4 años.

Yo siempre estaba encerrada en el cuarto, no salía nunca, solo lloraba y creía que ella no se daba cuenta.

Hasta que un día me cogió y me preguntó claramente, como Ethan ahora, si sufría acoso en el insti.

Mi respuesta fue llorar. No parar de llorar. Y para ella fue un sí.

—No sé por qué te lo estoy contando a ti, si te soy sincera —continúo con miedo.

—Te entiendo.

—Creo que no del todo —le respondo en automático. No lo entiende. Si supiera todo, todo… me niego a pensarlo—. Pero gracias por escucharme, Ethan, de verdad.

Le soy todo lo sincera que puedo. Es verdad que le agradezco que me escuche.

—A veces, escuchar es más útil que las acciones. —Qué razón tiene…

—Sí —respondo simplemente.

—¿Desde cuándo lo sufres? El acoso, quiero decir.

Alerta otra vez.

Joder con las putas alarmas.

— Desde pequeña, pero se agravó bastante en el instituto —respondo empezando a caminar fijándome en sus reacciones.

Parece quedarse pensativo. ¿Que estará pensando? Joder, me pone de los nervios. No quiero cagarla.

—Si te soy sincero me siento triste e impotente desde que te he dicho que te acompañaba a casa. Me da rabia que no lo veas como algo normal, aunque lo es.

Me sorprendo ante esa revelación. Realmente está preocupado por mí, pero… me acaba de conocer… ¿por qué?

—Es solo... que no estoy acostumbrada a esto…

— Pues habrá que hacer que te acostumbres. —Vuelvo a fliparlo. Me río sin poder contenerme—. ¿Cómo es posible que la gente sea tan cruel? No se dan cuenta de lo que hacen.

«No, no se dan cuenta, pero no puedes hacer nada, Ethan».

—Es lo que hay —me sale decir.

Ahora es él quien frena en seco, y soy yo la que se gira.

—¿Qué? —pregunto sin comprender, encogiéndome un poco.

—No, no es lo que hay —me dice con el ceño fruncido.

Está enfadado. Mierda. ¿Qué habré dicho? Abro la boca para decir algo, disculparme, lo que sea…

—Que lo veas normal no significa que lo sea, Alex. —Cierro la boca—. Ese es el problema. Llega a un punto en que te crees todo lo que te dicen. Todo.

No sé qué decir. Cómo reaccionar. Él se da cuenta y se relaja un poco.

—A ver, cómo te lo explico. —Se pone a pensar—. Cuando no paran de decirte algo, lo mismo, siempre, te lo acabas creyendo, aunque no sea cierto.

Yo sigo sin tener palabras que expliquen cómo me siento ahora mismo. Sigo sin entender. Tal vez «entender» no sea la palabra. No sé cuál es.

—Tienes que asimilar que hay gente que sí es buena, aunque te hayan hecho creer que no.

Asimilar. Esa es la palabra. No asimilo que esté con alguien que sí quiera escucharme, que sí quiera estar a mi lado. Que sí quiera ser mi amigo. Los ojos se me humedecen cuando vuelve a empezar a caminar y yo hago lo mismo.

—No sé si me he explicado bien… —dice algo avergonzado.

Joder si se ha explicado.

—Sí, te has explicado bien —le respondo en un susurro.

No quiero hablar muy alto, porque se notará que estoy a punto de llorar. Él se acerca y choca su hombro con el mío. Yo le miro; me está sonriendo. Le sonrío de vuelta.

—Sé que no es fácil, Alex —me dice—. Pero de todo se sale.

Yo miro al suelo.

«Ojalá».