Ayúdame a salir 26 Alex
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26 Alex

«Te sorprendería la de cosas que veo que tenemos en común».

Yo sonrío y no puedo evitar reírme. ¿Puedo saber qué está pasando ahora mismo?

Es como si… de repente no pienso en nada, solo…

estoy con él. Caigo en la cuenta de que llevo horas con Ethan por ahí, no sé ni la hora que es y no he mirado ni el móvil, porque estoy…

bien. No sé cómo me siento exactamente. Es una sensación extraña, confusa.

—Ala… son las nueve y diez —le informo sorprendida.

—No tenías prisa, ¿verdad? —me recuerda él.

—No, no. La verdad es que no —digo algo anonadada—. Avisaré a mi madre, he estado toda la tarde pasando de ella.

Casi me río, porque es eso, nunca me ha pasado esta situación.

—Oh, claro, sin problemas —me dice—. De hecho, voy a hacer lo mismo.

Yo asiento mientras le escribo. Ella ya me había mandado mensajes y una llamada, estaba preocupada.

«Estoy bien, ahora iré para casa. Un beso». Le mando rápido.

—Listo —le digo guardando el móvil otra vez. Él asiente.

—Yo igual. —También guarda el móvil, mirándome satisfecho—. Estaba todo buenísimo. Tenemos que volver.

Yo sonrío. Tiene razón.

—Pues sí —articulo con dificultad.

No para de decir «la próxima vez», y no voy a mentir, eso me acojona.

Hoy ha ido todo bien. Al menos eso creo, pero…

¿y si hay algo que le haya molestado? He respondido a casi todo con evasivas, sobre todo a la pregunta de con quién vivo.

Él ha cambiado de tema rápidamente, pero ha sido muy incómodo.

De repente, me veo con la necesidad de aclararlo.

—Ethan —empiezo algo tímida—. Sobre lo de antes… lo de con quién vivo…

«Joder, que mal se me da esto, coño». Él se tensa un poco.

—No tienes que darme explicaciones, Alex. De verdad —me dice rápidamente. Yo abro la boca sorprendida, y él continúa—. Entiendo que no tengas ganas de hablar con alguien que casi no conoces de ese tipo de cosas si es un problema para ti.

Sigo en silencio unos segundos.

—Bueno, no es algo de lo que hable a menudo, como has podido comprobar…—le digo apartándome un mechón del flequillo de la cara, aún tímida—. Quería aclarar que no pasa nada porque me lo hayas preguntado, solo… mi padre se fue hace mucho tiempo de nuestras vidas, simplemente.

Espero no haberla cagado. Ahora querrá saber más. Joder. No quiero. No quiero…

—Alex, de verdad —corta mis pensamientos y le miro.

Acabo de caer en que ni le miraba mientras hablaba. No me he dado ni cuenta de que había puesto una mano sobre mi brazo izquierdo para tranquilizarme.

—No está, punto —continúa apartando la mano para beber agua—. Si hay algo que te apetezca contarme adelante. Si no, no.

Yo abro mucho los ojos sorprendida, aunque intento disimularlo, no puedo. Solo puedo asentir con agradecimiento.

—Gracias —consigo decir.

Él me sonríe con complicidad, yo le devuelvo la sonrisa. Y, esta vez, al sonreír, siento que la sonrisa es real. Que todas las veces que he sonreído con él son reales, no fingidas. Suspiro.

—¿Cómo vas? ¿Quieres algo más? Si como algo más, vomito —continúa poniéndose las manos en el estómago y echándose hacia atrás.

Yo me río.

—No, yo estoy bien también —respondo a su pregunta. Vuelvo a coger el móvil y miro la hora. Las 21:30—. Creo que debería ir tirando, Ethan.

Aunque, en realidad, tengo la sensación de que no quiero irme.

—Claro, yo también debería, la verdad —contesta—. ¿Dejas que te acompañe a casa?

«La hostia. Ahora quiere acompañarme a casa».

Esta vez logro disimular mi sorpresa.

—No hace falta, de verdad —le respondo—. Además, tú también tienes que ir tirando, si me acompañas, llegarás el doble de tarde.

—No es que tenga prisa, la verdad… —me dice casi indiferente, poniéndose las manos en la nuca, como si fuera algo lógico que tuviera que acompañarme.

Yo me quedo mirándolo unos instantes, aún sin creérmelo, y al final me rindo.

—Como quieras, Ethan —le respondo—. Gracias.

«No sé lo que estás haciendo…».