21 Ethan
Después del descanso, volvemos a clases.
Nos toca Biología y Química durante lo que queda de día, así que la cosa iba a estar entretenida.
Sin que nos escucharan, íbamos comentando lo que explicaban, pero había cosas que resultaban imposibles.
Para colmo, nos pusieron deberes para la siguiente semana.
Acaban las clases y salimos fuera para volver a nuestras casas.
—Te veo luego, entonces —le digo con una sonrisa cómplice—. A las cinco en la iglesia.
—Claro —responde ella sonriendo—. ¡Hasta luego!
Se va y me despido con un gesto con la mano. Yo espero a mi madre, que hoy me viene a buscar. La veo en la puerta al cabo de unos minutos. Entro en el coche.
—Hola, mamá —le saludo dándole un beso en la mejilla—. ¿Cómo ha ido el trabajo?
Me pongo el cinturón mientras ella empieza a conducir.
—Hola, hijo, bien —me responde—. ¿Y el insti ?
—Bien —le respondo sincero.
Ella sonríe. Llegamos a casa y comemos juntos, le ayudo a recoger la mesa y, al ser viernes, me siento un rato con ella en el sofá mientras hablo con mis amigos por WhatsApp, así mato dos pájaros de un tiro.
Al pasar un tiempo, me fijo en la hora y veo que son las 16 de la tarde.
Hago ademán de levantarme y mi madre se da cuenta.
—¿Dónde vas? —me pregunta con cara de pena.
Se me había olvidado comentarle que he quedado con Alex.
—No me acordé de decírtelo, mamá, pero he quedado —le dije—. A las cinco, con una amiga que conozco del insti, así me enseña más todo esto.
Mi madre parece quedarse sin palabras, pero asiente aún un poco desconcertada.
—Vaya, qué rápido has hecho amigos, me alegra oír eso. —No sabe lo equivocada que está.
—Bueno, sí —dije sin saber que responder—. Me choqué con ella cuando fuimos a ver el insti y resulta que vamos a la misma clase.
—Ah, ¿sí? —Se sorprende—. ¡Qué coincidencia!
«O destino», pienso yo mientras asiento.
—Pues sí —le digo suspirando—. Como es la única que conozco casi, pues le pregunté si quería enseñarme la ciudad.
Mi madre me mira con las cejas alzadas, pero me conoce lo suficiente como para saber que realmente soy así, muy social con la gente.
—Bueno, sea como sea —dice levantándose del sofá—. Pásalo genial.
Yo le sonrío.
—Gracias, ma —contesto dándole un beso en la mejilla—. Voy a ducharme.
Ella asiente, empezando a recoger cosas en el comedor.
Una vez duchado, me visto algo más formal que con la ropa del insti, salgo de la habitación y recibo una llamada. Miro mi teléfono: es Laura. Se lo cojo al momento.
—Dime, mija —le respondo cariñosamente—. Acabamos de hablar y ya me echas de menos, ¿o qué?
Ella ríe al otro lado del teléfono.
—Te odio —me dice sin credibilidad ninguna—. Solo quería hablar mejor contigo, melón.
Yo sonrío.
—¿Estás bien? —le pregunto un poco más serio—. Últimamente no hablas mucho, amiga.
Ella tarda un poco en responder.
—Estoy bien —me dice en un tono no muy seguro—. El domingo vino mi padre a casa a dejar a mi hermano, ya sabes, por el finde, y ya puedes imaginar…
—Se volvieron a pelear tus padres —adivino—. ¿Quieres hablar de ello?
—No, la verdad es que estoy bien —me dice, aunque sigo sin oírla convencida—. Solo quería hablar contigo, preguntarte qué tal tus primeros días de insti.
—Si necesitas hablar, ya sabes que no hay problema, aun en la distancia —le recuerdo serio.
—Lo sé, de verdad —me responde—. Si pasa algo te llamaré, ya lo sabes.
Yo sonrío.
—Bueno, entonces okey —me rindo—. Pues, de momento todo bien. Han sido unos días bastante locos, la verdad —le confieso mientras agarro las cosas para salir de casa—. Ya tenemos deberes, y ahora estoy preparándome para salir un rato.
—¿Salir? —me pregunta en tono coqueto. Yo me río ante su insinuación.
—Venga ya, Laura —le reprocho—. ¡Solo llevo una semana aquí!