Ayúdame a salir 20 Alex
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20 Alex

«Bienvenida a mi vida».

Mi corazón se para durante unos segundos; me mostraba el mundo con su mano. Salgo del trance, niego con la cabeza riéndome y apartándolo cariñosamente de mí.

—Pues vaya vida me espera —bromeo mientras empiezo a caminar hacia el banco de siempre y me siento.

Ethan me sigue riéndose y se sienta a mi lado.

—Oye, te he oído—me reprocha haciéndose el ofendido.

Yo me río y empiezo a comerme mi bocadillo, él hace lo mismo. Estamos en silencio un rato mientras almorzamos, pero no se me hace nada incómodo. Le miro de reojo y en mi mente empiezan a surgir preguntas y dudas.

«¿Por qué quiere estar conmigo?».

«¿Por qué quiere ser mi amigo?».

«¿Por qué yo?».

Ethan me saca del trance.

—¡Tierra llamando a Alex! —me sobresalta ver una mano delante mío agitándose.

—Perdona…—le respondo disculpándome, volviendo en mí—. Estaba pensando…

Él me mira inquisitivo.

—¿Pensando en qué? —me pregunta interesado. Yo suspiro.

—En nada —le resto importancia con un gesto de la mano y una sonrisa.

Él no parece estar de acuerdo con mi respuesta, pero aun así me sonríe de vuelta.

—Bueno, vale. —Acaba por rendirse—. Por cierto, hablando de lo de antes… Entonces, ¿confirmamos la quedada en la iglesia?

Yo me sonrojo ante la idea de quedar con él en un sitio donde no sea el insti , pero asiento.

—Si quieres, claro —le respondo para asegurarme—. Ya te dije que si te apetece ir a esa fiesta por mí no hay problema.

Aún me sorprende que quiera quedar conmigo.

—Nos vemos otro día si te viene mejor —continuo un poco más seria, mirando hacia delante.

Niega mientras se traga otro bocado.

—Que va, no las conozco apenas —me dice. Yo le miro—. Ya te lo dije, no hablo con casi nadie tampoco.

—Y… ¿a mí me conoces? —le pregunto. Sigo estando seria, mirándolo—. ¿De verdad te caigo bien?

Me mira algo sorprendido. De repente, miro al suelo, sin saber qué más decir. Siempre la cago con él, no sé por qué.

—Lo siento —le digo, aún mirando al suelo.

Me da un codazo cariñoso.

—Tranquila —dice en tono tranquilizador—. Y sí, ya te lo dije, y te lo digo ahora —continúa—: Cuando le digo a alguien «bienvenido a mi vida»… ya no sale.

Me río sin evitarlo.

—Te entiendo —me dice de pronto, tras un silencio de unos segundos—. Pero créeme cuando te digo que yo no soy como los demás, y…

Noto su mirada sobre mí.

—Quiero decirte que me puedes contar lo que quieras, y cuando quieras —continúa en un tono que no logro descifrar—. Creo que sé por dónde van los tiros.

No me lo puedo creer. Ahora soy yo quien le mira sorprendida. Solo puedo asentir mientras él continúa comiendo su bocata. Una lágrima desliza por mi mejilla y la seco sin que lo note.