19 Ethan
«Ella siempre tan temprano».
Cuando llego a clase Alex ya está en su sitio y le sonrío al ver que me está sonriendo. Me siento a su lado, como de costumbre.
—Buenos días, Alex —le saludo. Ella vuelve a sonreír—. ¿Cómo estás?
—Buenos días —responde ella—. Como siempre. ¿Y tú?
—Bien —respondo con ánimo mientras saco los libros y la libreta.
Llega el profesor y las clases empiezan. Pasa un rato y suspiro perezosamente echándome hacia atrás en la silla. Me giro para mirar a Alex y la veo aparentemente atenta a la clase. Vuelvo a ponerme bien en la silla y arranco una hoja de la libreta que tengo delante.
«Me da mucha pereza dar clase hoy» escribo, doblo la nota y se la paso a Alex. Ella sonríe y se pone a escribir. Cuando acaba, me pasa la nota.
«¿Y cuándo no?» pone en ella. Cierto. Sonriendo, escribo de vuelta.
«Tienes toda la razón. Por cierto, aún sigue en pie lo de hoy, ¿no?» se la paso. Ella se sonroja un poco y se pone algo nerviosa. Empieza a escribir. Cuando acaba, me pasa la nota.
«Claro, si tú quieres. ¿Qué es lo que conoces? ¿A dónde sabrías llegar?» leo.
Es verdad. Algo conozco.
«Creo que al centro» le escribo de vuelta.
«Me parece bien, pero es muy grande, ¿conoces la iglesia?» me pregunta.
Creo que sí. Asiento con la cabeza y ella vuelve a escribir.
«Entonces, ¿qué te parece en la iglesia?».
«Me parece bien» respondo. Ella toma el papel.
«Seguimos hablándolo luego, si quieres».
Yo asiento, mirando al frente y guardando la hoja de papel.
El resto de clase intentamos no reírnos y pasar desapercibidos, todavía pasándonos alguna que otra nota comentando lo que pasa.
En una ocasión, a mí se me escapó un poco la risa.
Menos mal que están más distraídos que otra cosa, aun así, me tapo la boca, mirando a Alex, que sonríe mientras niega con una mano en la cara, en plan «tierra trágame».
Por fin acaban las clases y llega el descanso. Al salir de clase, Alex sale a toda prisa, como huyendo de una manada de leones. Yo salgo detrás de ella.
—Madre mía, Ethan —me reprocha—. Menos mal que estaban distraídos. ¡Nos hubieran vuelto a pillar! ¡Sería la tercera vez esta semana! ¿Por qué quieres hacerme pasar vergüenza?
Me gusta ver a Alex más animada, extrovertida y sonriendo, me hace sentir bien y aliviado después del mal entendido del otro día. Espero que siga con ese buen humor, le sienta muy bien.
—¿Y yo qué quieres que haga? —le pregunto como si la cosa no fuera conmigo—. Es tu culpa con las cosas que me dices en medio de clases.
Ella niega con la cabeza, incrédula.
—¡Venga ya! —me dice indignada, dándome un golpe en el brazo.
Alzo las manos en son de paz, aún con una sonrisa.
—Tendrás que acostumbrarte a pasar vergüenza, Alex, soy Ethan —me señalo a mí mismo—. Créeme que esto no ha hecho más que empezar.
No puedo evitar reírme ante su cara de «no te creo, ¿en serio?».
—¡Bienvenida a mi vida, Alex! —le digo, rodeando su hombro con mi brazo y alzando el otro, mostrando todo lo que nos rodea.