18 Alex
El miércoles fue bastante entretenido, y que diga yo eso es algo extraordinario, ya que estuve hablando con Ethan mediante algunas notas y con algunas de ellas no tenía otra cosa que hacer que reírme; algún día nos echarán de clase.
En verdad me daba igual. Era la primera vez que me sentía a gusto de verdad, era increíble.
Aún tengo miedo, mucho. No sé exactamente por qué, tengo la sensación extraña de que con Ethan todo va a ser diferente.
Él es distinto, pero, aun así, en mi interior algo me angustia.
Tengo incertidumbre, miedo, recelo, rechazo.
Sé que después de todo lo que me ha dicho y cómo se comporta conmigo es demencial pensarlo, pero no puedo evitarlo. Y lo siento. De verdad que lo siento.
La hora del patio la pasamos donde siempre, aunque el que hablaba más es él; yo solo contesto depende de lo que me diga.
Me gusta escuchar su gracioso acento. Me contó que venía de Málaga, así que entendí al momento dicho acento, y tenía una ligera idea de dónde podía ser, hasta que él mismo me lo confirmó.
Me tomo el café con pereza, cojo mis cosas y salgo de casa dirección al instituto.
De camino, siento mi estómago con cosquillas y no sé realmente por qué.
Son como hormigas o mariposas revoloteando que hacen que hasta sienta nervios por llegar al instituto.
En mi vida me había pasado esto. Impensable.
Llego a clase y me siento donde siempre. Ethan aún no ha llegado; siento un poco de decepción por no verlo todavía. Suele llegar justo de tiempo también.
Las Tres Marías, como las llamo yo, llegan después de mí, también sentándose en su lugar.
Ethan llega después. Se me escapa sin querer una sonrisa al verle. Madre mía, qué tonta. Cuando me ve, también me sonríe, y eso, no sé por qué, hace que me invada un alivio importante.
Veo que las chicas le saludan y él le devuelve el saludo, pero apenas las mira. Se sienta a mi lado y con su sonrisa me da los buenos días.
Joder, quiero que sea él quien rompa el muro de mierda que tengo.
Quiero que sea él.