Ayúdame a salir 15 Ethan
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15 Ethan

Ahora lo entiendo todo. Por eso reaccionaron así al mencionar a Alex.

Y sus caras en clase, la actitud de ella...

Recelosa, desconfiada. De repente, siento mucha pena por dentro, pero más que eso es el hecho de no saber realmente nada.

Nos acabamos de conocer, en parte es normal que desconfíe, no le puedes pedir a alguien que acabas de conocer que se abra tan rápidamente.

—Pues yo tampoco iré. —Me mira con los ojos como platos, sorprendida por la respuesta—. Como sabes, solo te conozco a ti, así que no voy a ir a una fiesta donde ni pincho ni corto.

Ella sigue igual de sorprendida, sin hablar.

—Podríamos quedar tú y yo —le digo, provocando que reaccione.

Menos mal. De la sorpresa, ahoga un grito.

—¿Qué? —dice nerviosa, tartamudeando—. ¿Tú y yo? ¿Para qué?

Yo me río disimuladamente y ella sigue sin saber qué decir.

—Normalmente la gente suele quedar para hablar, tomar algo, dar una vuelta… —resumo algo coqueto, con humor.

Al ver que sigue en shock, le doy un codazo cariñoso en el brazo.

—Venga mujer, ¡que no es para tanto! —le digo riendo, intentando que se relaje un poco. Después, me pongo más serio—. Quiero ser tu amigo, Alex, nada más.

Ella me mira como si esa opción no fuera posible, pero, para mi sorpresa, acaba por acceder.

—Bueno… vale —dice tímida.

Yo le sonrío con complicidad, mientras ella vuelve a bajar la cabeza, esta vez por la vergüenza.

—Genial entonces —le digo—. A eso de las cinco estaría bien.

Me levanto, la ayudo a levantarse (gesto que le sorprende, no sé realmente por qué) y empezamos a caminar hacia clases, ya que falta poco para la vuelta. Qué rápido pasa el tiempo de descanso…

—¿Seguro que no quieres ir a la fiesta? —me pregunta de repente—. Parecían contentas…

«Un momento…».

—¿Me viste con ellas? —digo parando en seco.

Ella enrojece al darse cuenta de su error, pero, como ya es tarde, no tiene más opción que simplemente asentir con algo de culpabilidad.

—¿Por qué no me lo has dicho? —le pregunto sintiéndome mal—. Ayer te estaba buscando y me pararon. Ahí fue cuando me invitaron a la fiesta. —Niego con la cabeza—. La verdad es que estaba más pendiente de si te veía a ti que de ellas.

Ella se queda callada, sin saber qué decir.

—Yo…—empieza a hablar intentando buscar alguna excusa aceptable, pero al no encontrar ninguna, se rinde exhalando—. Me comporté como una idiota ayer en la hora del almuerzo y quería disculparme. Pero, cuando salí a buscarte fuera, estabas con ellas, y me escondí en una esquina.

Se queda callada por un momento.

—Creí, al verte hablando con ellas, que ya habías hecho nuevas amigas… —se sincera.

Suspiro, negando con la cabeza.

—Alex —le digo con calma—. Primero de todo, no hace falta que te disculpes por eso, creo que voy pillando por qué hiciste lo que hiciste —le tranquilizo.

Se me queda mirando.

—Y segundo, ¿Carla y estas? —Chasqueo la lengua, negando—. Solo fui amable con ellas, nada más. De hecho, no me gusta nada el palo del que van.

Entrecierro los ojos, mirando justo hacia donde están ellas, al otro lado del instituto.

—No sabía que me estabas buscando…—dice ella, con una mirada que no logro interpretar.

—Bueno, dadas tus reacciones, solo quiero comprender lo que pasa —me sincero yo también.

Es verdad que quiero entenderla, ser su amigo, y quiero hacérselo ver. Al decir eso, ella no responde y se queda pensativa.