14 Alex
El resto de la tarde me la paso sin hacer prácticamente nada, salvo ducharme. Por la noche, ayudo a mi madre con la cena, cenamos, recogemos y me voy directa a la cama, sin apetecerme hacer nada más.
A la mañana siguiente, desayuno sin prisas y mi madre me lleva al instituto. Sin ganas, entro al centro por la puerta principal y me dirijo a mi clase. Al llegar a la puerta, veo a Ethan y freno en seco.
«Mierda, es verdad». Alguien me empuja.
—Sal del medio. —Escucho que dice mientras pasa de largo.
Suspiro y continúo andando, sentándome donde siempre, sin mucha más opción. ¿Cómo no iba a estar en clase? Es obvio… Vuelvo a suspirar y saco las cosas de la mochila, mientras el profesor entra y cierra la puerta dispuesto a empezar la clase.
Pasa un rato, el cual estoy intentando no mirar a Ethan y, de repente, me cae un trozo de papel al lado. No me sorprende al ver que es de él. Cojo la nota y la abro con cautela.
«Ayer quise hablar contigo, pero no te encontré por ningún lao’ después de clases, ¿hablamos luego?».
Suspiro. La vuelvo a doblar y me la guardo en el estuche. Asiento con la cabeza con timidez, ya que él me está mirando. Un momento… entonces… ¿Ayer me estaba buscando a mí? ¿De qué hablaría realmente con las chicas?
Parece aliviado al verme asentir, supongo que por zanjar esto ya y librarse de mí. En realidad, me da igual, no es que haya tenido esperanzas de que alguien por fin se fijara en mí y quisiera ser amigo mío. No tengo nada que perder, lo sé.
Las dos horas antes del recreo se me hacen eternas y, cada vez que miro el reloj, parece ir más lento.
Estoy nerviosa y no sé por qué. Cuando suena el timbre, suelto el aire que parece que haya estado aguantando las dos horas de clases, con mis nervios a flor de piel.
¿Por qué? Si ya sé lo que va a pasar. No entiendo a qué viene tanto drama.
Estoy saliendo por la puerta cuando Ethan me alcanza.
—¡Alex! —me llama. Yo sigo caminando mientras él se coloca a mi lado, caminando también—. ¿Vamos donde ayer?
—Como quieras —respondo yo, neutral.
Quiero acabar con esto cuanto antes. Llegamos al sitio y nos sentamos. Él empieza a comerse el bocata
—¿De qué querías hablar? —Voy al grano.
—Sobre lo que pasó ayer —responde al tragar un trozo de bocata—. Te fuiste de repente y aún no sé por qué.
«Me lo imaginaba».
—Intenté encontrarte después de clase, pero eres más rápida que la suerte, así que hoy no te libras de contestarme —añade.
Vaya, él también va al grano. Suspiro.
—Porque en una cosa tenías razón —respondo—. No sé por qué empecé a hablarte y a enseñarte todo esto. —Me mira extrañado. Intento explicarme—. Nunca he hablado con nadie como contigo. Nadie suele querer hablar conmigo.
Él niega con la cabeza, suspirando.
—¿Por eso te fuiste así? —me pregunta, casi indignado.
Yo agacho la cabeza, soltando el aire que tengo atascado, sin responder.
—Oye —llama mi atención—. Este viernes hacen una fiesta.
«Así que de eso hablaba con ellas».
—¿Quieres ir? La organizan Carla y las demás —continúa—. Sé que nunca te apetece ir, pero…
Yo me río ante el comentario. Ethan calla de golpe y me mira, esperando una explicación.
—No es que no me apetezca ir, Ethan —confieso la verdad—. Ellas no quieren que vaya.