12 Alex
Salgo del baño y le veo. Él se gira seguramente al escuchar el sonido de la puerta y me mira. ¿Me estaba buscando? Me giro para irme, pero él me lo impide cogiéndome del brazo y yo le miro molesta.
—¡Eh! ¿Por qué te has ido así de repente? —pregunta.
También parece molesto, y entiendo por qué. Me zafo del agarre enfadada.
—Y tú, ¿Por qué me sigues? —le suelto sin pensar.
¿Por qué me cabreo? Él no desiste.
—Solo quiero entender por qué te has ido sin más.
Porque tengo miedo. Giro la cabeza para que no me mire directamente a la cara.
De repente, me siento como una niña pequeña a la que acaban de reñir.
A los segundos (eternos), suena el timbre y yo me sobresalto, empezando a correr hacia clases.
Él va detrás, pero esta vez no me sigue.
Siento una mezcla de alivio y decepción por ello.
Las dos horas restantes de clase intento no mirar a Ethan.
Parece pensativo. ¿Cómo va a estar después de mi comportamiento de antes?
Me siento confusa, con miedo, y me sabe fatal haberle tratado así.
Él solo quería ser amable y yo lo he estropeado todo.
No sé si de verdad está interesado en mí; en conocerme.
Pero, mirándolo de reojo, veo preocupación e indignación aparte de su estado pensativo.
¿Puede que de verdad quiera ser mi amigo?
Apoyo la espalda contra la silla, resoplando. Miro el reloj. Solo faltan diez minutos. Cuando pasen, podre salir corriendo, como siempre. Huir.
El timbre suena y recojo mis cosas rápidamente, me dirijo a la salida de clase antes de que Ethan me siga y me escondo en el baño.
Suspiro de alivio. ¿O de impotencia? Pasan un par de minutos y salgo lentamente hacia la calle.
Voy a irme hacia casa y ahogo un grito cuando veo a Ethan a lo lejos, mirado a un lado y a otro.
¿Me está buscando? No me lo creo. Igual busca a su madre.
Claro que la busca a ella. ¿Cómo va a buscarme a mí?
Estoy medio escondida en una esquina. ¿Y si voy? Veo que parece rendirse y empieza a caminar al lado contrario al mío. A la mierda.
Salgo de la esquina y voy hacia donde él está, pero le paran. Yo freno en seco. Joder, tenían que ser ellas. Me quedo un momento parada mirando como hablan con él, como él sonríe y habla con ellas. De repente, siento rabia por haber huido, por haber sido así, por tener tanto miedo.
Me voy. Empiezo a caminar hacia casa. Mañana solo seré una más para él, no me mirará, ni me hablará, ni siquiera creo que me reconozca.
Llego a casa y no hago otra cosa que meterme en la cama y llorar.