Ayúdame a salir 11 Ethan
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11 Ethan

Iba a impedir que se fuera, pero ya está en la puerta de la entrada. Estoy confuso. ¿He dicho algo malo? Frunzo el ceño y decido volver dentro a ver si encuentro a Alex, pero no la veo. Miro mi reloj y, como aún quedan diez minutos para que empiece la siguiente clase, trato de seguir buscándola.

Voy hacia la cantina, pero no está. Luego me dirijo hacia clase, pero tampoco, ya que aún está cerrada. Pasando la puerta del baño escucho que se abre y me giro. Por fin. Ella me mira y se intenta marchar, pero se lo impido agarrándola del brazo.

—¡Eh! ¿Por qué te has ido tan de repente? —le pregunto sin rodeos.

Ella se zafa del agarre y deja escapar un bufido.

—Y tú, ¿por qué me sigues?

«¿Por qué se cabrea?».

—Solo quiero entender por qué te has ido así, sin más —respondo algo molesto.

¿Ahora qué le pasa? Ella suspira y gira la cabeza.

De repente, en su mirada no veo enfado, solo inseguridad y miedo.

¿Por qué? Abro la boca para preguntarle qué es lo que le pasa realmente, pero suena el timbre que anuncia el fin del recreo.

Ella se sobresalta y se va corriendo hacia clases, me resigno y voy detrás de ella.

Las clases siguientes terminan siendo un poco incómodas para ambos, pero no voy a ignorar lo que acababa de pasar.

Hay varias cosas que no comprendo. Estábamos hablando bien, como personas normales que se acaban de conocer; no sé cómo se ha entorpecido la conversación para que se fuera de esa manera. Y además… hay una frase suya que me da vueltas la cabeza: «¿Es que hoy también me han quitado el dinero o qué?».

¿Cómo que «hoy también»?

Suspiro. Ella parece darse cuenta de ello, pero disimula. Luego está el hecho de que a nadie le interesa saber nada de ella. ¿Es eso posible? ¿Por qué? Cada vez me como más la cabeza... Y cada vez tengo más claro qué cosas preguntarle al acabar las clases.

Por fin suena el timbre y recojo a prisa mis cosas para alcanzar a Alex, que ya se va. La pierdo de vista casi a la salida; ya no la veo por ningún sitio. Chasqueo la lengua con la boca, enrabiado. Mañana, sin duda, hablaré con ella.

Vuelvo a casa pensando en mis cosas cuando alguien me para. Son tres chicas. Frunzo el ceño y, de repente, recuerdo que van a mi clase. Aunque sé que son las que miraban con asco a Alex intento sonreírles. Podría aprovechar para preguntarles sobre ella…

—¡Ey! —me dice una de ellas—. Eres Ethan, ¿verdad?

«Joder, que rápido se aprenden los nombres».

—Hola, sí, soy yo —le digo intentado ser lo más amable posible.

—¡Genial! —Me mira con la cara iluminada—. Estamos juntos en clase, creo que nos hemos visto.

«Obvio, cómo no fijarme en vosotras. Vuestra cara de asco se ve a kilómetros».

—Sí, lo sé —respondo con paciencia, mirando alrededor—. ¿Queríais algo?

Quiero irme a casa. No sé por qué no tengo ganas de hablar con nadie, la verdad. Sonríen ante mi «atención». La que me ha parado es quien habla.

—Verás, este viernes hacemos una fiesta en su casa —dice señalando a su amiga—. Y, como eres nuevo, necesitarás conocer gente y eso, así que estás invitado.

Muestra una sonrisa reluciente.

—Ven —insiste, guiñándome un ojo—. Te lo pasarás genial.

La verdad es que no parece mala idea. Puede que vea a Alex en la fiesta.

—No parece mala idea. —Se les ilumina el rostro ante mi respuesta, pero la reacción que viene ante lo siguiente hace que me eche atrás—. ¿Sabéis si Alex irá?

Les cambia la cara por completo. Se les borra la sonrisa brutalmente, de manera casi instantánea. Se miran entre ellas.

—Ella no está invitada —me dice otra de ellas—. Ella no…

—Ella no, ¿qué? —pregunto incrédulo—. ¿Qué pasa con Alex?

—Simplemente nunca viene a las fiestas así que… ya pasamos de decirle nada —me responde rápidamente—. Solo eso.

No estoy tan seguro…

—Bueno. Me lo pensaré —digo por conveniencia más que por otra cosa, sonriendo de forma falsa—. Gracias por la invitación, nos vemos.

De camino a casa, me voy fijando si veo a Alex cerca, pero no es así.

Llego a casa y la encuentro vacía. Mis padres aún están trabajando y llegaran bastante más tarde.

Me han dejado la comida hecha, así que me pongo a comer.

Luego me pondré a hacer los deberes, para no darle más vueltas a la cabeza con el tema.