Ayúdame a salir 9 Ethan
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9 Ethan

Llego sintiendo que estoy en mi primer día de clases.

Entro en el aula y el profesor me presenta.

Qué vergüenza. Al final de la clase hay una chica que conozco.

Abro mucho los ojos sorprendido. Al menos alguien «conocida» está aquí.

El profesor me da vía libre para sentarme donde quiera, así que voy donde está la chica y me siento.

Ella está roja como un tomate, supongo que también me ha reconocido.

Apenas me mira, pero de vez en cuando lo hace de reojo y yo me daba cuenta, así que no digo nada por el momento.

Hoy tocan exposiciones, con lo cual poco hago en esta clase.

El profesor dice «Alex» y la chica se pone rígida como un palo de escoba. Por fin tenía nombre: Alex.

Ella se levanta aún tensa y va hacia la pizarra con una cartulina enrollada.

La prepara y, al darse la vuelta, me preocupa su mirada llorosa y nerviosa; parece que no vaya a poder hablar.

Nuestras miradas se cruzan y por un momento noto su inquietud.

Nos quedamos un instante así y ella (después de lo que me parece una eternidad) aparta sus ojos de los míos y empieza a hablar.

Al final parece salirle bastante bien. Recoge su cartulina, la deja junto al profesor y vuelve a sentarse a mi lado sin mirarme.

Cojo un boli y un papel en el que escribo: «aburrido, ¿no?». Cuando acabo de escribir, lo doblo y se lo paso a Alex. Parece alucinar, no sé por qué. Ella al final se decide por coger su boli y escribir. Me vuelve a pasar la nota.

«¿Aburrido?».

Cojo el boli otra vez.

«Bueno, no se me da bien… soy Ethan. Tú eres Alex, ¿no?» le escribo y se la vuelvo a pasar.

Ella parece suspirar y empieza a escribir. Vuelve a pasarme la nota.

«Sí».

Le debía una disculpa por lo del viernes; casi se cae por mi culpa. Así que allá voy.

«Espero no haberte hecho daño el viernes, casi te caes porque yo estaba en medio…»

Coge la nota y, al leerla, ella escribe de vuelta. Me cae la nota al lado y sonrío.

«Estoy bien. Fui yo la que no miraba hacia delante».

Niego con la cabeza y escribo.

«Yo tampoco estaba muy atento, te debía una disculpa. Por cierto, no conozco nada de esto, ¿me harías de guía?». Le paso la nota.

Se pone roja y empieza a escribir. Me la devuelve.

«Hay más gente, ¿por qué yo? Seguro que las de ahí delante estarán encantadas. No paran de mirarte». Frunzo el ceño y miro hacia donde dice.

Es verdad, pero no me miran a mí, sino a ella. Tenían una cara de asco increíble y yo alzo mucho las cejas ante eso. Se dan cuenta de que las estoy mirando y, descaradamente, giran la cara hacia otro lado. Eso me desconcierta aún más.

El timbre suena y cogen rápidamente sus cosas, yéndose con un gesto de enfado. Pero… ¿enfadadas por qué? Me giro hacia Alex, que ya casi ha acabado de recoger sus cosas. Empiezo yo también a recoger y la sigo rápidamente antes de que se vaya.

—¡Espera! —le digo mientras la alcanzo y le doy un toque en el brazo. Ella se gira. Tenía una mirada extrañamente neutral—. Como te escribía… No conozco a nadie aquí salvo a ti.

—No, no me conoces —me dice a la defensiva—. Solo nos hemos visto dos veces, ¿y eso ya es conocernos?

Suelto un suspiro. ¿Por qué de repente se comporta así?

—Oye —digo alzando las manos en son de paz—. Sé que no nos conocemos realmente de nada —continuo—. Pero eres la única persona con la que he hablado aquí, hoy y el otro día, literalmente. No me ha dado tiempo a hablar con nadie más

Ella me mira dudando. Yo no digo nada más hasta que ella se rinde.

—Tienes razón —me dice suspirando—. Te enseñaré esto, notas .

«¿Notas?». Empieza a caminar y yo me doy prisa para alcanzarla.

—Gracias —digo riendo por el sobrenombre—. No me gusta empezar el instituto solo.

—De nada —responde sonriéndome, y me mira más relajada—. Sé lo que es sentirse solo en un instituto.

Ahora su voz suena apagada y su mirada parece triste.

—Oye, lo de las otras chicas… ¿Por qué te miraban así? —pregunto aún sin entender—. Porque no me miraban a mí, y de eso creo que te diste cuenta.

—Siempre miran así a quien no les caen bien —responde—. O sea, a los que no son como ellas… Y yo soy como ellas, claro —continua irónica.

Yo me río y niego con la cabeza.

—Pues menos mal que eres como ellas —le digo igual de irónico—. Si no, estaría solo ahora mismo.

Ella ríe.

—Esto es la cafetería, como puedes ver. —Me señala con la mano un tipo de bar que hay justo al lado—. Voy a por un bocata, ¿vienes?

—Sí, aprovecharé para cogerme uno yo también —respondo sacando el monedero de mi mochila.

Ella asiente mientras busca algo en la mochila, supongo que lo mismo que yo. Se pone seria de repente y frunce el ceño.

—¿Es que hoy también me han quitado el monedero o qué? —se pregunta a sí misma susurrando.

—¿Qué has dicho? —le pregunto sorprendido, frunciendo el ceño sin entender.

«¿A qué se refería con eso?».

Veo cómo saca el monedero con alivio.

—Nada, nada —dice—. ¿Vamos?

Continúa caminando. Aún en ascuas la sigo.