Ayúdame a salir 8 Alex
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8 Alex

La tarde del domingo la paso en casa con mi madre viendo un par de pelis y acabando el trabajo de Biología. Por la noche, cenamos algo de pan con embutido y nos vamos temprano a la cama. Al menos yo, ya que me espera otra semana interminable de instituto.

Tardé un rato en dormirme, pero al final lo conseguí.

Me suena el despertador, con pereza, me dirijo a la cocina a poner un par de tostadas en la tostadora y voy a vestirme mientras tanto.

Cuando vuelvo a la cocina, las tostadas ya han saltado, así que cojo la mantequilla y la mermelada y las preparo suspirando, aún con sueño .

Joder. Cada vez que pienso que he de ir al instituto, me dan náuseas.

Casi no tengo hambre. Pero bueno, no tengo opción.

Hoy me toca la exposición de Biología delante de toda la clase.

Muy divertido, sí. Me acabo las tostadas, meto el plato y la taza en el lavavajillas y salgo de casa con la cartulina enrollada bajo el brazo y la mochila en la espalda.

Biología a primera hora. Cuanto antes presente el trabajo, mejor. Camino hacia el instituto preguntándome qué será de mí en la exposición. Ahora, estoy sentada donde siempre, mientras los demás van llegando, pero apenas presto atención. Llega el profesor y todos se sientan en sus pupitres.

«Espera…».

—Antes de empezar las exposiciones, que no me he olvidado… —Todos sueltan suspiros de resignación, junto a risas.

Pero yo no me estoy fijando en eso.

—Tengo el placer de tener un nuevo alumno en clase a partir de hoy. —Le pone una mano en la espalda al chaval que impidió que me cayera el viernes.

«Oh, Dios. ¿En serio? Esto no puede estar pasándome».

—Siéntate donde quieras, Ethan.

Ethan… estaba con la boca abierta, cuando mira al fondo, donde estoy yo, y la cierro al momento, mirando hacia otro lado al instante, pero veo como abre mucho los ojos al reconocerme. Mierda, seguro que estará pensado: «mira, la subnormal que casi se cae el otro día».

La sorpresa es mayor cuando veo que se sienta a mi lado.

No puedo mirarle. Se me cae la cara de la vergüenza, seguro que estoy súper roja; noto mucho calor en la cara.

No sé dónde meterme. ¿Y si pido ir al baño?

No, será muy evidente. Joder… aún no he levantado la cabeza desde que se ha sentado, aunque sé que de vez en cuando me mira.

Creo que tampoco se esperaba que estuviera aquí.

¿Por qué se ha sentado a mi lado? Casi todos están cuchicheando y sé exactamente sobre qué.

Sigo preguntándome por qué se ha sentado aquí…

Mientras un par de personan exponen, sigo sin poder girar la cara, aunque de vez en cuando le echo alguna mirada cuando él no se entera.

El profesor dice mi nombre. Joder. Me toca.

Sin tener mayor opción, tomo mi cartulina y me levanto de mi asiento, en dirección a la pizarra, con un montón de miradas siguiéndome.

Me muero de la vergüenza. Mi corazón late como un tambor, creo que se me va a salir del pecho.

Parece que vaya a ahogarme en cualquier momento; mi respiración es entrecortada y apenas puedo controlarla; casi no oigo nada, solo mis propios pasos.

Pongo la cartulina estirada en la pizarra para que todos la vean, aunque a nadie le interese.

Cuando me giro hacia la clase, no puedo evitar mirar a Ethan.

Tengo los ojos llorosos de los nervios que tengo.

Cruzamos miradas, ahí entonces me doy cuenta de una cosa: su mirada es de preocupación.

Nos miramos fijamente durante un momento y parece que puedo oír lo que piensa: «Vamos, tú puedes».

Seguramente, habrá notado mi ansiedad y nervios por exponer, pero…

Entonces, retiro mis ojos anclados en su mirada y empiezo a hablar.

De repente, no siento nervios, solo quiero acabar cuanto antes, nada más.

Acabo la exposición y casi se oyen grillos.

Cojo la cartulina mientras el profesor me da la enhorabuena y afirma que le echará un vistazo más a fondo.

Vuelvo a mi sitio con la mirada en el suelo y me siento con un suspiro de resignación.

Quedan quince minutos de clase.

«Que pasen rápido, venga».

Con suerte, me tragará la tierra, si no me muero antes de la vergüenza.

Me cae una nota al lado. Frunzo el ceño y me doy cuenta de que la nota la ha dejado Ethan a mi lado. La abro.

«Aburrido, ¿no?».

Estoy completamente incrédula. Es imposible. ¿Le contesto? Joder, pero… ¿qué me pasa? Saco un boli de mi estuche medio roto. Esto es una locura. Suspiro.

«¿Aburrido?».

Le devuelvo la nota. ¿Qué estoy haciendo? Nadie me habla aquí, él es el único. No sé por qué le contesto. Al minuto, me pasa la nota.

«Bueno, no se me da muy bien… Tú eres Alex, ¿no?».

«Si, soy Alex».

La idiota que se chocó contigo.

Eso último no lo escribo. Como no sé qué más poner, le devuelvo la nota. Él la agarra y empieza a escribir. Vaya, es zurdo. Me la vuelve a pasar.

«Espero no haberte hecho daño el viernes, casi te caes porque yo estaba en medio…».

Obviamente me recuerda por eso. Pero en verdad fue culpa mía por no mirar hacia delante. El resto de la clase (los diez minutos que quedaban), nos la pasamos mandándonos notas. Parece increíble, pero creo… que estoy equivocada con este chico.