6 Alex
Estoy sentada en la cama haciendo los deberes cuando mi madre entra con un puñado de ropa doblada y la deja encima del escritorio.
—Guárdala cuando puedas, que, si no, se arrugará —me dice.
Yo asiento y vuelvo mi atención a los deberes, mientras mi madre sale, cerrando la puerta. En cuanto los acabo, guardo la ropa que mi madre ha dejado y salgo fuera a ayudarla con la cena. Al ver que ya ha acabado, decido darme una ducha.
«Necesito relajarme».
Al día siguiente, me sorprendo al levantarme tan tarde. Son las 12 del mediodía y parece que tengo resaca. Me siento en la cama y pongo una mano en mi cabeza. Me duele. Acabo por levantarme e ir a la cocina a comer algo, aunque sin mucha hambre. Mi madre no está.
«Claro. Son las 12, Alex».
No sé si desayunar o comer, pero como veo que hay una olla con espaguetis, decido comer viendo la televisión.
Al acabarme el plato, voy a la cocina a dejarlo en el fregadero y, seguidamente, recojo mi habitación y echo un vistazo a los deberes que tengo para la semana siguiente.
Biología y Mates, estupendo. Como veo que hay muchos, decido que voy a empezar cuanto antes a hacerlos para quitármelos de encima.
Antes de empezar voy al baño, chocándome con el marco de la puerta. Ahogo un grito, más por la impresión que por el dolor.
De repente, me viene a la mente el chico con el que me choqué ayer en el instituto. Me pongo colorada al momento. No sé si porque el chico era tremendamente guapo o por la vergüenza que pasé.
En dos horas, he recogido la habitación, sacado la ropa a lavar y puesto los platos en el lavavajillas y terminado mis deberes de mates.
Es lo que tiene tener una vida casi solitaria, por no decir aislada.
Escucho la puerta de casa y salgo a encontrarme con mi madre; iba con un par de bolsas de la compra.
Le ayudo con una y la dejo en la cocina junto a la que deja ella.
—¿Qué tal el trabajo? —le pregunto.
—Cansado, hija —me responde, suspirando mientras guarda la compra—. Mucho trabajo hoy.
Ella trabaja en una gestoría, así que, depende del día, la cantidad de trabajo varía mucho.
—No te hagas gestora, te lo ordeno. —Me señala con un dedo acusador.
Yo me río y empiezo también a guardar las cosas en su sitio.
—Después de trabajar, he ido directa a comprar, así tenemos para el resto de la semana y puedo olvidarme —comenta.
Me da el pan.
—Lo entiendo —digo guardándolo en el cajón—. Por cierto, necesito comprar material para Biología. Nada caro, solo unos rotuladores y demás. Es para un trabajo y quiero currármelo.
Mi madre asiente.
—Vale, te dejaré dinero para que compres lo que necesites —le agradezco y, cuando acabamos de recoger, cenamos juntas.
Son las 21:43 cuando acabamos. Nos sentamos en el sofá y ponemos la tele. Con la tontería, se hacen las 00:12, así que nos vamos a la cama en cuanto nos damos cuenta de la hora.
Los domingos por la mañana suelen abrir los quioscos, así que decido ir a comprar el material para el trabajo de Biología.
Ahora estoy en casa, haciendo maniobras para conseguir hacerlo todo.
Además, pongo las imágenes adecuadas según lo explico.
Tengo todo por el suelo, ya que hay más sitio que en el escritorio.
Me tomo un rato libre para merendar cuando casi he acabado.
Voy a la cocina, abro la nevera y la miro de arriba abajo.
Me decido por un par de bikinis de jamón y queso.
Cuando los termino de hacer, me siento en la mesa del comedor a ver la televisión mientras me los como.