Capítulo 32
Day
N o recuerdo haber conducido tan deprisa nunca.
Las luces de la ciudad se convierten en manchas al otro lado del parabrisas mientras me salto más semáforos en ámbar que en toda mi vida. Toda mi atención se concentra en llegar antes de que las chicas cometan una locura.
Aprieto el volante con tanta fuerza que me duelen los dedos, deseando deshacerme de esta desagradable sensación que se me ha instalado en el cuerpo desde que he encontrado a Evan solo en el apartamento.
Cuando aparco frente al edificio donde Terry se esconde, ni siquiera me molesto en cerrar el coche. En este momento, que me lo roben es el menor de mis problemas.
Salgo de un salto y las sandalias que aún llevo dificultan que lo haga a la velocidad que me gustaría.
Me late tan rápido el corazón que temo sufrir un infarto de miocardio antes de evitar una tragedia.
Irrumpo en la lavandería como si mi vida dependiera de ello. Y la imagen que encuentro nada más entrar me lo confirma.
—¡NO!
Mi voz se desgarra con esa única palabra.
—No te metas, Day —gruñe Row entre dientes.
Terry aún sigue en su esmoquin, pero lejos de estar impoluto como hace unas horas, ahora le faltan varios botones de la camisa y una de sus mangas está rota a la altura del hombro, señal de que se ha defendido antes de acabar como está; de rodillas y rodeado por tres expertas asesinas.
Row permanece a su espalda, agarrándolo de las muñecas. Neva se mantiene en una posición algo más alejada, aunque no significa que no esté implicada. No obstante, de quien no puedo apartar mis ojos es de Nao, que empuña a Bésame en su mano derecha.
—Por favor, Nao… No lo hagas.
Mi hermana ni siquiera me mira. Está tan enfocada en Terry y sus ojos desprenden tal odio que temo que, de un momento a otro, se lo clave en el cuello con un movimiento limpio.
Avanzo hacia donde están con pasos lentos y controlados para no sobresaltarla.
Me trago una arcada cuando las emociones de todos me alcanzan. Puedo sentir la furia de Row, la incertidumbre de Neva y el instinto asesino de Nao. Todo se arremolina a mi alrededor y se entremezcla con mi propio pánico.
—¿Qué demonios haces aquí, Day? —cuestiona Terry al ver que me coloco delante de él, pasando a ser un nuevo obstáculo que separa el cuchillo de su objetivo.
—Day, joder… —suplica Neva.
Nao me lanza una mirada tan fiera que estoy a punto de dar un paso atrás.
—Apártate ahora mismo.
Apenas entiendo la frase de la rabia que deposita en ella.
—No pienso hacerlo.
Row suelta una carcajada que no tiene nada de graciosa.
—Maldita sea, Day…, ¡eres más idiota de lo que pensaba!
El desprecio que desprende me golpea con intensidad. Está enfadada, pero debajo de esa emoción percibo sus dudas.
—Si quieres acabar con él, tendrá que ser por encima de mi cadáver —le digo a Nao sin apartar la vista de sus ojos azules.
—Day, no… —musita Terry a mi espalda.
No he querido ni mirarlo, más allá de comprobar que estaba de una pieza.
—¿Tan importante es él para ti que arriesgas tu vida por la suya? —cuestiona Nao con incredulidad.
—No solo se trata de él, sino de nuestra propia existencia.
—Se te está yendo la cabeza, Day —replica—. Este tipo aparece después de ocho años, nos cuenta una historia imposible y, de repente, decides confiar en él.
—Tú mejor que nadie sabes lo que me une a Madre. Si confío en él es porque he visto las pruebas suficientes para hacerlo.
—¿Te refieres al dichoso vídeo que puede estar hecho con inteligencia artificial? ¿Te cuento la de vídeos que he creado yo paseando a un perro que no tengo?
—¡Por eso necesito descubrir la verdad! Mi habilidad me dice que no miente. ¿Creéis que me he vuelto una inútil?
—Neva nos contó lo que te pasó en el sótano de GenoLabs…
—Eso fue real.
—¡¿Y qué más necesitas para entender que todo esto es una locura?!
—¡Lo que haga falta para demostrar que Madre miente!
—Day… —se inmiscuye Neva—, fui a hablar con Sam y le pedí las grabaciones para que Evan les echase un vistazo. No encontró evidencias de que fueran manipuladas de ninguna forma.
«¿Que hizo qué?».
—¡¿Has involucrado a Evan en esto?!
—Después le borré la memoria. Pero sí. Es su campo. Lo necesitaba. Tu cordura estaba en juego…
Me mira como si fuera un juguete roto, y no me gusta nada.
—¿Tú tampoco me crees? —pregunto dolida.
—Lo intento, DayDay, de verdad que lo hago, pero todo lo que cuentas…
—¡Nos han manipulado toda nuestra maldita vida!
—estallo—. Todo lo que tenemos hasta ahora son versiones contradictorias de una misma historia.
La de Madre y la de Terry. Ninguna de ellas está respaldada por pruebas suficientes como para que podamos tomar una decisión definitiva, pero sé lo que vi en ese vídeo.
Y cada vez estoy más convencida de que nos han clonado.
La mandíbula de Row se tensa.
—¡No somos putas ovejas, joder! No es tan fácil clonar a un ser humano. Por no hablar de que es completamente ilegal.
—Necesito un poco más de tiempo para encontrar evidencias. Solo os pido que confiéis en mí. Si después descubrimos que Terry nos ha mentido, yo misma os ayudaré a acabar el trabajo.
—Y, mientras tanto, te seguirá follando para convencerte aún más de que es inocente.
Terry y yo nos miramos. Su culpabilidad me llega como una bofetada.
—Genial, ya te tiene en sus garras… —Bufa Nao.
Antes de que la discusión continúe, Terry interviene.
—No hacen falta pruebas. Puedo demostrarlo.
Las cuatro nos giramos de golpe hacia él.
—Claro, machote. Espera que lo adivine —dice Row con sarcasmo—. El famoso vídeo.
—No se trata de eso, aunque vuestro experto podría revisar si ese vídeo es inteligencia artificial o es real.
—Sea como sea, tú no eres de fiar —rebate Row.
—Cree lo que quieras, bruja.
—Yo que tú tendría cuidado con lo que sueltas por esa boquita. A lo mejor me despisto y estampo mis labios contra los tuyos.
—Si no me habéis matado nada más entrar es porque una parte de vosotras tiene dudas —le rebate él.
Tiene unos huevos… Nadie en su sano juicio desafía a Row y vive para contarlo.
—Si aún respiras es solo gracias a Day —certifica mi hermana.
Si estuviésemos en otras circunstancias, me lanzaría a por Row y la envolvería entre mis brazos, a riesgo de llevarme una coz por su parte.
—Sabía que este momento llegaría —comenta Terry—. Por eso tengo otra prueba que será difícil pasar por alto.
«¿La tiene? ¡¿Y por qué no me lo ha contado antes?!», pienso, sintiéndome incómoda.
—¿Qué prueba? —quiere saber Nao.
—Tengo a alguien dentro de GenoLabs.
—¿A quién? —exijo saber, mosqueada.
—No puedo decíroslo todavía.
—Entonces, no sirve de nada. —Nao lo vuelve a amenazar con el cuchillo.
—¡Espera!
Con un movimiento rápido, se deshace del agarre de Row y rueda para alejarse de ella.
—¡Será hijo de puta! —masculla ella.
—¡Escuchadme, joder! Esa persona es la clave de todo porque tiene acceso a información que ninguno jamás podría conseguir por su cuenta.
—¿Por qué no me lo has dicho antes? —cuestiono con resquemor. Sospecho que ha sido él quien ha matado a Mikael, y ¿ahora esto?
—¿Cómo sabemos que no te lo estás inventando para volver a huir? —pregunta Row.
—Tú me conoces, Day —dice, mirándome directamente.
—La verdad es que ya no lo tengo tan claro… —musito, bajando la cabeza.
Algo parecido a la decepción cruza su mirada.
«Bienvenido al club. Ya somos dos», me gustaría decirle.
—Dadme unos cuantos días, por favor —suplica Terry.
—No —digo tajante—. Esto se soluciona aquí y ahora. Si evito que te maten, no quiero más mentiras.
—¡Mierda, Day, yo no te he mentido!
La cuestión es que percibo que eso es cierto. Pero estoy cabreada. Y, como siempre, ha hecho y dicho cosas que no apruebo.
—Habla ahora, Terry. Estás estirando mucho la cuerda y al final se va a romper.
—De verdad que no puedo. Me tienen que dar luz verde antes. Necesito tres días.
—Te damos veinticuatro horas.
—Necesito dos. ¡Day, por favor…! Solo un par de días para que contacte con esa persona y os pueda demostrar que todo lo que os he dicho es verdad.
Todas guardamos silencio. Y noto que me miran. No me centro en sus sentimientos. Ahora mismo no puedo distinguir unos de otros.
—Tú decides, Day —dice Nao—. Has puesto en riesgo tu vida por él. Si te has cansado de parecer tonta, lo rajo aquí mismo.
Miro a Row y a Neva y ellas asienten, conformes con las palabras de Nao.
La vida de Terry vuelve a estar en mis manos.
Y puede que sea una idiota, sin embargo, llegados a este punto necesito saber quién es esa persona misteriosa, o si definitivamente no queda nada del Terry del que me enamoré.
—Vale. Tienes dos días —comienzo a decir—, pero necesito saber algo: ¿tú has matado a Mikael Terrence?
Terry me sostiene la mirada y no necesito que responda porque sus emociones me lo dicen antes de que lo confirme.
—Sí.
Noto una opresión en el pecho.
—¿Por qué?
—Él era uno de los hombres que mataron a Monroe, Newman y Tobías… Se lo debía. Para él éramos presas salvajes. Los abatieron como a monos infectados que se escapan de unas instalaciones de alta seguridad. Yo tuve suerte…
Puede que esté tan loca como él, pero si alguien lastimara a mis hermanas y tuviese la oportunidad de vengarme, lo haría sin remordimientos.
Miro a las chicas y las noto evocar el mismo sentimiento.
—Dos días, Terry —mascullo.
—Gracias. —Suspira aliviado.
—No me las des. Si lo hago es porque todas merecemos saber cuál es nuestro verdadero pasado.
Terry me mira, siendo consciente de que algo se ha roto entre nosotros. Puede que le haya perdonado la vida, pero odio haber puesto a mi familia en mi contra por un hombre que me ha ocultado información.
—El domingo por la mañana te esperamos en el complejo con tu contacto. —Quiero que lo que vaya a suceder sea en nuestro territorio, donde podamos controlar la situación—. Y más vale que no falles porque, si me traicionas, no descansaré hasta verte muerto.