Capítulo 24
Day
P or increíble que parezca, conseguí dormir pegada a Terry; mi cuerpo lo tomó como algo natural. Él cumplió su palabra y no me tocó de una forma inapropiada más allá de unas suaves caricias cuando sentía que me revolvía a causa de un mal sueño.
¿Estoy decepcionada? No lo tengo muy claro…
Por una parte, me alegro de que no sucediese nada entre nosotros; por otra…, hablamos de Terry, joder. Besarlo de nuevo fue un chute de adrenalina explosivo que no puedo explicar.
Cuando nos hemos despedido, me ha preguntado si volveré esta noche. No me he comprometido a ello, pero reconozco que me apetece estar de nuevo con él. A pesar de la bomba que me arrojó encima…
Cuando vuelvo al complejo, lo hago con un nudo instalado en el estómago. Lo que peor llevo de toda esta situación es tener que ocultar información a las chicas. Pero antes de contarles nada quiero encontrar algo que acredite la versión de Terry para que ellas no duden de su palabra.
Es temprano. Mi intención es subir a mi apartamento, darme una ducha e irme a GenoLabs a trabajar como infiltrada, sin embargo, mis esperanzas se ven truncadas cuando, tras aparcar el coche en mi plaza y subir en el montacargas, este se pone en marcha sin necesidad de que yo le dé al botón.
Eso significa que alguna de las chicas está despierta y me ha escuchado llegar.
Mis nervios aumentan porque yo nunca he sabido mentir, y si me preguntan dónde he pasado la noche no seré capaz de inventarme algo que las convenza.
Al llegar a la planta comunitaria, sé que los siguientes minutos determinarán mi existencia. No solo está alguna de las chicas, ¡están las tres!
De Neva no me sorprende. Aunque yo soy la más madrugadora para ir al laboratorio, ella también suele despertarse cuando aún no ha amanecido.
Nao puede permitirse disfrutar de la cama todo lo que quiera, ya que hasta mediodía no abre el estudio de tatuajes.
Pero que Row esté aquí es lo que me alarma.
Ella, por norma general, no se levanta temprano si no tiene que trabajar. Y esta semana va de tardes.
Me decanto por la última opción. Y una Row sin dormir es sinónimo de problemas.
Entro con una sonrisa, la mejor arma de la que dispongo contra sus semblantes inexpresivos.
—¿Una buena noche, Day? —Nao es la primera en hablar.
Ojalá hubiese sido Neva, a ella consigo leerla mejor. Nao es como un puto libro cerrado.
—No ha estado mal… —digo comedida.
Para ganar tiempo, me voy directa a la cafetera. Ahora mismo necesito un café más que respirar. Porque el enfrentamiento es inminente. Capto que no están contentas.
Lleno una taza hasta el borde y me giro hacia ellas, apoyando la espalda en la encimera.
—¿Algo más que quieras añadir? —pregunta Neva con retintín.
Doy un sorbo y niego con la cabeza. Si tengo la boca ocupada no puede salir nada de ella.
—¡No me jodáis! —Resopla Row—. ¡¿En serio vamos a jugar a este juego?!
Las otras dos le dedican una mirada reprobatoria a Row.
—¡¿Dónde coño has estado, Day?! O, mejor dicho, ¡¿con quién narices has pasado la noche?! Y más te vale no mentirnos a la cara.
Su amenaza me crispa.
Sé que no estoy actuando bien al andar ocultando información, pero no tienen ningún derecho a prepararme una encerrona. Es mi vida y me la follo como quiero.
«Te recuerdo que no has follado con nadie…».
Aprieto los dientes y me encaro a Row.
—O, si no, ¿qué, Row? —Dejo la taza de café en la encimera y me acerco hasta el centro del comedor—. ¿Qué es esto? ¿La Inquisición española? Que yo recuerde, nunca nos hemos metido en la vida privada de las demás…
—¡No lo hemos hecho porque ninguna había pasado la noche con un asesino! —exclama vehemente.
—Tiene gracia que digas eso cuando todas aquí lo somos.
Es la verdad. Por mucho que nosotras matemos para hacer justicia, no dejamos de ser asesinas.
—Has estado con el puñetero Terry, ¿verdad? —suelta Nao directa.
Una cosa es que les oculte información y otra muy distinta es mentirles de forma vil cuando me lo están preguntando.
¿Cómo pueden saberlo?
No es la primera vez que no vengo a dormir. Aunque siempre es porque estoy tan enfrascada en algún proyecto que he pasado toda la noche en el laboratorio.
—¿Y qué si lo he hecho? —digo con valentía.
Me cruzo de brazos en una clara señal defensiva, porque me estoy sintiendo atacada, y esto solo acaba de empezar.
—¡Me cago en la puta, Day! —salta Row.
—¿Te has vuelto loca? —dice Neva a su vez.
—Sabía que me estabas ocultando algo, te conozco como si te hubiese parido —concluye Nao.
Al oírla le dedico una mirada de arrepentimiento. Aunque me dura poco porque estoy muy cabreada. No sé si con ellas o conmigo misma por verme envuelta en esta situación.
—Cualquiera de vosotras hubiese hecho lo mismo —expongo.
—No, Day, cualquiera de nosotras ya le hubiese metido una bala en la cabeza —declara Row.
—Quien dice una bala, también pueden ser unas cuantas cuchilladas —murmura Nao.
—Di que sí. Más doloroso. —Que Neva estire su mano y choque los cinco con Nao termina de alterarme.
—¡¿Ni siquiera se os ha pasado por la cabeza que pueda ser inocente?! ¡Se merece el beneficio de la duda!
—Pero ¿tú te estás oyendo? —cuestiona Nao, alucinada—. ¿Cómo le vamos a dar el beneficio de la duda cuando siempre ha sido un experto en manipularte?
—Que creáis que soy una persona influenciable dice mucho de la opinión que tenéis respecto a mí…
Me duele que ellas piensen que soy débil. ¡Yo no creo a cualquiera a la primera de cambio! Si supiesen que tuvo que esposarme a la cama para que lo escuchase… Pero si lo cuento, será el detonante perfecto para vayan en su busca y terminen lo que a mí se me encomendó.
Ni siquiera ese vídeo las frenaría. No obstante, yo soy una persona empírica y necesito comprobar las cosas antes de tomar una decisión.
Y, por si fuera poco, mi instinto me dice que es inocente.
¿Tengo que ignorarlo? Por otro lado, me niego a darle la razón al 100% porque eso significaría que la persona a la que llevo toda una vida idolatrando no es quién yo creía.
—No pensamos que seas influenciable, Day —asevera Neva en un tono conciliador. Y no sé qué me molesta más, esto o la bravuconería de las otras dos—. Todas recordamos la época en la que estuviste con Terry y lo mucho que excusabas cada uno de sus comportamientos cuestionables.
—No vayas por ahí…
—¡Por supuesto que vamos a ir por ahí! —contraataca Row—. ¿O es que ya has olvidado lo molesta que estabas algunas veces con Terry, y cuando él te colmaba de excusas, tú siempre regresabas disculpándolo y justificando sus actos?
Row siempre va a matar en las discusiones. Y en lo que no son discusiones también. No tiene piedad. Pero esa es una de sus virtudes. Le gustan las cosas claras.
Y claro que no he olvidado todos los pretextos que usaba Terry para evitar responsabilidades. ¡Pero eran temas banales! Lo de ahora es un asunto muy serio. Hablamos de que nos han mentido. De que no éramos huérfanas, sino una aberración de la naturaleza.
—Estaba dispuesta a hacer que entraseis en razón y que me apoyaseis en esto, pero ya veo que es una pérdida de tiempo —comento seria—.
He visto las pruebas suficientes para creer en él, pero me queda claro que nada de lo que os diga os hará cambiar de opinión.
—La tristeza que percibo en este momento es la de mis propias emociones—.
Cuando estéis dispuestas a escucharme sin poner en tela de juicio las pruebas, os lo contaré todo.
Hasta ese momento, me marcho. Algunas tenemos un horario laboral que cumplir.
Nadie añade nada más ni me retiene. Y lo agradezco, porque sé que, si siguiésemos discutiendo, se crearía una fisura mucho más grande de la que ya existe en este punto entre nosotras.
Si vienen a preguntarme con educación, se lo explicaré sin ningún problema. De ellas depende tener la mente abierta o no. Sin embargo, no pienso dejar que nadie vuelva a jugar con mi vida. Ni ellas ni Terry ni Madre.
∞∞∞
El resto del día me quedo encerrada en mi despacho. Tengo tanto trabajo que podría dedicarle una vida entera y, aun así, siempre me quedaría algo pendiente por hacer, pero el motivo real es porque no quiero cruzarme ni a Jesse ni mucho menos a Madre.
Estoy segura de que notaría en mi cara que he cambiado de opinión sobre ella. Y sé que no me puedo esconder de Agatha Walsh eternamente, pero antes tengo que ensayar la falsedad con la que la trataré. Bastará con fijarme en cómo lo hace ella.
Por suerte, ninguno de los dos viene a buscarme. Están muy ocupados con la próxima recaudación de fondos que se celebra en el hotel Waldorf Astoria de Chicago.
Es el enclave ideal para conseguir financiación.
Nada como reunir a la clase alta del país, con la excusa de aportar su granito de arena en proyectos benéficos, para captar potenciales inversores para GenoLabs.
Cuando dan las ocho de la tarde y la mayoría de los trabajadores ya se han marchado a sus casas, salgo de mi guarida.
Cruzo el pasillo y suspiro aliviada al ver que tanto el despacho de Madre como el de Jesse permanecen a oscuras, señal de que ambos también se han ido.
Me encuentro a Kendall Freeman, de hematología, que sale con su bolso colgado al hombro en dirección a la salida.
—Deberías marcharte ya, muchacha. Por mucho que nos impliquemos, no vamos a terminar heredando la empresa —dice con una sonrisa maternal.
Kendall siempre me ha caído bien, lleva trabajando aquí desde que tengo memoria. Creo que le quedan un par de años para jubilarse, y el día que lo haga la añoraré.
Durante mucho tiempo he pensado que ella es todo lo que podría haber sido Madre para nosotras. Es cariñosa, cercana y transmite un instinto maternal que no cuadra con la profesión a la que nos dedicamos, ya que la ciencia no solo exige que inviertas tu tiempo, sino tu vida entera.
Que yo sepa no tiene hijos, por eso, siempre que bajamos a hacernos análisis de sangre y coincidimos con ella, nos colma de táperes de comida y pasteles recién horneados.
Me alegra que sea ella con quien me he ido a topar, es de las pocas personas en las que confío.
—Oye, Kendall, estoy trabajando en un proyecto de biomedicina y necesito información de una enzima específica que se usó hace años —le explico—. No sabrás dónde están archivados los antiguos proyectos, ¿verdad?
—Que yo sepa, todo está clasificado en la nube.
Mierda.
—Sí, lo sé. Es donde primero he buscado, pero ya sabes cómo son los temas informáticos, escanean y guardan lo fundamental. La documentación de cada proyecto que no creen relevante ni se molestan en subirla. Pero tiene que estar por ahí, ¿no?
Espero que esto funcione. Kendall es de la vieja escuela y nunca ha sido muy partidaria de los programas informáticos. A sus sesenta y cuatro años es una fiel defensora del papel.
—Luego que si la ciencia no avanza —refunfuña—. ¡Eso pasa porque eliminan información por el camino! —Sonrío y suspiro aliviada al escuchar sus palabras—. El resto de la documentación debe estar en el archivo que hay en el sótano B.
Es en el primer lugar que he pensado, pero yo no tengo el privilegio de tener la llave de acceso que abre todas las puertas.
—Vaya…, me lo temía. Tendré que esperar a mañana para que alguien de recursos humanos me dé una tarjeta de acceso a esa zona. No sé si podré dormir pensando en lo cerca que estoy de descubrir algo importante… —murmuro con mi mejor cara de lástima.
—Puedes usar la mía.
Me dan ganas de apretar los puños y ponerme a saltar de alegría como una loca. Por suerte, contengo mi entusiasmo.
—Eso sería genial. Me ahorrarías una noche en vela.
Ella saca la llave del tesoro de su bolso y me la entrega.
—Aquí tienes, cielo.
—Gracias, Kendall. Te debo un par de cafés —le prometo, dándole un cariñoso beso en la mejilla para compensar que estoy utilizando a alguien a la que aprecio de verdad.
Cuando me doy la vuelta, escucho que dice:
—Con que dejes de torturar al pobre JJ me conformo.
Me quedo quieta en el sitio y la miro por encima del hombro.
—Yo no torturo a Jesse, más bien diría que es al contrario…
Ella se echa a reír.
—Ay, Dayane…, puede que sea vieja, ¡pero no estoy ciega!
Y, tras decir eso, se marcha muy segura de sí misma.
Me quedo observándola hasta que desaparece sin saber qué ha querido decir en realidad. Tampoco le doy demasiadas vueltas, y con energías renovadas, voy en busca de pruebas que incriminen a Madre y así poder estampárselas en la cara a mis hermanas.