Ay Dios, es un Nerd Epílogo
100%

Epílogo

Han pasado ya seis meses desde que Brad y yo dejamos Nueva York.

Compramos una propiedad cerca de un parque natural junto al río Misuri en Nebraska.

Llevamos todo este tiempo trabajando sin parar.

Viendo vídeos de tutoriales, Brad aprendió a hacer reformas y reveló tener muy buen ojo para los trabajos físicos.

Se dedicó a reparar muros y techos, mientras que yo le eché una mano con la jardinería. Estamos en medio de la naturaleza.

Entretanto pasaron muchas otras cosas, como era de esperar. Mi salida de la empresa fue un caos. Los departamentos de recursos humanos no me lo pusieron fácil y tuve que renunciar a varios bonus que debía cobrar este año.

Tim se alegró mucho de mi decisión y me dijo que lo veía venir.

Me contó que durante las últimas semanas le pareció que yo estaba un poco desconectada del trabajo, sin involucrarme tanto personalmente como hacía antes.

En esto estoy de acuerdo; no me sentía capaz de dar el cien por cien como hice en el pasado.

Ya no lo sentía como algo personal. Obviamente a Tim le iba a caer más trabajo ahora, pero con su divorcio y demás me estuvo diciendo que no le importaba estar ocupado.

Samantha fue extremadamente comprensiva y amable.

Me dio un gran abrazo y de vez en cuando nos envía una caja de galletas que ha horneado ella misma.

Me sentí verdaderamente apoyada al salir de la empresa y ahora lamento que no hubiera sabido ver esa parte de ella.

En general me doy cuenta de que me quedaba mucho por aprender sobre cómo juzgar a las personas.

Mi director tomó mal mi renuncia. Hubo una conversación con un lenguaje muy brusco en el que me acusó de irme a la competencia con Braulio.

No hubo nada que yo pudiera decir para hacerle cambiar de opinión en su sospecha, incluso tras contarle que lo que de verdad quería era abrir mi propio negocio.

Puesto que en el fondo había tanta desconfianza, me alegro de haberme alejado de la organización en vez de dedicarme a subir.

Una parte de mí se arrepintió de no haber aceptado el ascenso pese a todo.

Brad me dice que es normal sentirse así y que nunca voy a saber qué hubiera pasado si hubiera continuado.

Parte de tomar esta decisión consiste en aceptar eso.

Sigo hablando con Liss por mensaje. Suelo mandarle selfies cuando salimos a pasear por los senderos al final del día.

La he invitado varias veces para que venga, pero es complicado hasta que no terminemos el hotel.

Ella me apoyó, sí, pero también se tomó la libertad que le da la confianza para criticar mi decisión.

No la culpo por ello; hizo lo mismo cuando le contaba mis inicios con Brad.

Además estoy de acuerdo en algunas cosas que me dijo.

Sí, estoy en medio de la naturaleza, lo cual es algo que me encanta, pero aquí no hay nada.

Ni siquiera puedo salir a comprar un helado o pedir una pizza.

Al parecer a Brad de Finance no le fue muy bien.

Su director salió del puesto justo cuando él entró.

Parece como si hubiera estado esperando meter a alguien en su departamento cuanto antes para poder salir sin faltar a su responsabilidad.

No es la primera vez que veo esto en mi empresa.

Después de eso no lo tuvo fácil, como era de esperar.

Liss aún me cuenta chismes. Parece ser que este Brad ya le ha tirado los tejos a sus compañeras, sin éxito alguno.

Cuando tiene tiempo, Brad escribe alguna cosa.

Tenemos un par de habitaciones en buen estado, una de ellas llena de libros, aunque ya no lee mucho.

Parece feliz con el cambio. También mantiene contacto con sus amigos de la universidad y sus padres.

Al parecer Pearl se echó un novio enseguida.

Me da la impresión de que necesitaba alejarse de Brad para poder hacerlo.

Aunque no he vuelto a hablar con ella, me alegro de que le vaya bien.

Santi dice que quiere hacer un road trip para venir a vernos, quizá este verano.

Aunque ahora vivimos en el mismo estado, estoy a una distancia de casi dos horas en coche de mi padre.

Vamos a comer con él algunos fines de semana.

Se llevó bien con Brad la mayor parte de las veces.

Digo la mayor parte porque mi padre tiene una tendencia a corregir el uso de las palabras y cuando eso ocurre Brad se pone rígido y despierta al académico que hay en él.

En esos casos me echo más vino. Por su condición, mi padre tampoco puede ayudarnos demasiado con las obras.

Me gusta estar más cerca de él por si soy yo la que tenga que ayudarle algún día.

Mi amiga Krisi abrió su propio estudio de alfarería. Durante este tiempo le ocurrieron muchas cosas. Es alguien a quien admiro y me gustaría tener la oportunidad de oír su historia en persona. Aunque ahora no hemos tenido la oportunidad, vamos a planear un encuentro este año.

Dejé mi portátil al final del día, cansada de ver los requisitos y las regulaciones con las que tengo que cumplir.

Me dirigí al jardín que tenemos sobre una colina, mirando el río y el bosque.

Arrimé una silla y estiré los pies, notando cómo desplazaba la tierra polvorienta.

Algún día los clientes se sentarán aquí y una parte del jardín será para nosotros.

Me acordé de Tessa e internamente agradecí lo que nos había pasado.

Brad estaba cerca, fijando el asiento de una silla.

—Ya está. Puedes sentarte para ver si está bien —me ofreció.

—¿Me voy a caer?

—¡Espero que no! Me ha llevado un rato arreglarla.

Nos sentamos el uno al lado del otro. La brisa de la tarde, cálida, me meció el cabello.

Siento que estoy más cerca de una parte de mí que en algún momento perdí por el camino. Me acepto más. Me cuesta mucho expresarlo con palabras, y por eso todo lo que puedo decir suena vago. Pese a todo, lo que he hecho con acciones tiene un gran significado para mi.

—¿Entonces vas a hacerlo hoy? Es la hora.

—Sí… tampoco sé si es el mejor momento. Puedo enviarle un mensaje.

—No. Es mejor si la llamas —dijo Brad con firmeza.

Miré el móvil. Está bien. Presioné el botón de llamada y ella cogió el teléfono al instante:

—¿Brenda?

—Mamá, soy yo. ¿Puedes hablar? Me gustaría contarte algo…