40.
No tengo muy claro cuándo desperté al día siguiente, ya que varias veces abrí los ojos cuando ya había luz y volví a dormirme.
En cierto momento reparé en que había alguien sentado cerca. Me estiré en el sofá débilmente:
—¡Hola! Debe ser que ronco demasiado para que sigas queriendo dormir en mi habitación —saludó Tanya—. Me preocupé cuando te vi durmiendo aquí y te abrigué como pude.
Me di cuenta de que estaba tapada por una mantita.
—Gracias, Tanya —dije—, y te pido disculpas.
—Para nada… ¿Está todo bien? —preguntó notando que algo no estaba bien conmigo.
De repente recordé lo que había pasado ayer.
Sentí una mezcla de ridículo y desprecio.
Miré a Tanya, que no tenía culpa de nada.
Estaba junto a personas amables. No obstante, el motivo que me había traído hasta aquí, es decir, mi relación con Brad, se había evaporado la noche anterior.
Ya no había razones para permanecer allí más tiempo.
—Yo… debe ser que bebí mucho —comencé—. Al final me encontré aquí más cómoda.
Se oyó un ruido de una de las habitaciones. Una puerta que se abría. Era Yijing.
—Chicas —dijo acercándose al vernos—, vamos a tener que cambiar el plan de todos para volver en coche. Yo me voy ya. La situación con Jimmy ha llegado a un punto insostenible.
—Yijing, no paráis de discutir. Estáis cansados… —empezó Tanya.
—No me apetece entender sus excusas. Lo correcto para mí es irme. Estoy haciendo mi maleta y salgo en breve en mi coche.
—¡Qué dramática! —exclamó Tanya—. Lo haces para ver qué hace él cuando se entere, ¿verdad? Perdona que te lo diga así tan directamente, pero es lo que parece desde fuera.
—¡No! Esta vez es de verdad —dijo Yijing y se dirigió hacia el cuarto de baño.
Sus palabras resonaron en mí de manera inevitable. En mi caso me daba igual lo que Brad hiciera después. Podía tener a Pearl todas las noches si quería.
Me incorporé en el sofá. Por suerte no tenía resaca.
De repente se oyeron unos ruidos provenientes de la habitación de Brad. Él había pegado dos gritos. Súbitamente se abrió la puerta y del cuarto salió Pearl carcajeándose. Descalza, salió corriendo por el pasillo riéndose a todo volumen.
—Espera, ¿ahí estaba durmiendo Brad, entonces…? —preguntó Tanya como si pensase en voz alta.
Yijing volvía por el pasillo después de haberse cruzado con Pearl.
—Yijing —llamé yo—, espera por favor. Voy contigo.
En menos de quince minutos estábamos fuera, cargando las maletas en su coche. Inhalé el aire frío de la mañana y suspiré. Vuelta a Nueva York.