28.
El día había llegado a un extremo de ser absurdo. Volvía a casa después del trabajo y me paré a hacer unas compras en el supermercado cuando me llega una llamada de Brad Felino.
—¿Hola? —respondí yo rodeada de personas en el pasillo del supermercado—. ¿Está todo bien?
—Hola. Sí —dice Brad con toda la tranquilidad y animado—. ¿Te importa que te llame?
—No, claro. Me gusta que me llamen. Pero la cosa es que probablemente este no es el mejor momento.
—Ah, ok —él sonó desanimado de repente—. ¿Quieres que te llame luego?
No hay luego. Luego a lo mejor estamos cansados o de mal humor, o vaya usted a saber cómo.
—¡No! Está bien, de verdad —respondí intentando sonreír. Alguien había chocado contra mi carrito de supermercado.
—Verás, quería contarte algo.
—¿Sí?
—He estado pensando en lo que ha pasado estos días y una de las grandes conclusiones que he sacado es que me he pasado muchos años demasiado proyectado en el futuro. Después de hablar contigo me he dado cuenta de que no se trata de vivir el presente, sino de celebrar el presente.
—¿Yo? ¡Pero si yo no he hecho nada!
—Estuvimos hablando de sueños… Soñé con una casa vacía con muchas habitaciones, cerca del bosque —explicó—. Me di cuenta de que es una casa que tienen mis padres en el campo. Estaba pensando que, sea lo que pase en el futuro, me gustaría celebrar el presente en esa casa.
—¿Celebrar de qué manera? —dije alzando un poco la voz. Unos niños pasaron gritando a mi lado.
—Pues… ¿esos son niños? ¿Dónde estás?
—¡No te desvíes! ¿Qué quieres hacer? Disculpa. Estoy en el supermercado.
—¿Puedes comprar…?
—No, no puedo. Ahora cuéntamelo.
—Vale. Me gustaría invitarte este fin de semana para esta celebración —y recalcó la palabra celebración .
Me quedé flotando en una nube, ajena de repente a los adolescentes que estaban jugando a hacer pases con bolsas de patatas fritas enfrente de mí.
—Yo… sí, claro —dije mientras sonreía tímidamente.
—¡Genial! Entonces voy a confirmar con los otros.
—¿Los otros? ¿Pero hay más gente? —Estaba empezando a sudar. Llevaba el abrigo puesto, pero dentro del supermercado hacía calor.
—Ah, quería invitar a mis amigos de la uni para poder celebrar este momento. Ya sabes: Pearl, las otras chicas, Santi…
—¿Pero entonces va a ser una reunión de amigos? —pregunté yo con menos ánimo. En vez de ser una escapada romántica, iban a juntarse a hablar de sus asignaturas y sus profesores. Estaba ya viéndolo.
—Ah, no te preocupes. Van a venir también los novios de algunas de las chicas —dijo él, ajeno a mi decepción.
—¿El novio de Pearl también viene?
—No, Pearl está soltera.
—Entiendo —visualicé a la ardillita lista y su cohorte. La última vez que la había visto había habido cierta tensión. ¿Y qué? Quiero estar en este momento.
—¡Será divertido! Tengo un par de ideas.
—Ok. Está bien. Voy a tu fiesta. Solo me preocupa una cosa: no sé de cuántas personas estamos hablando al final. Si somos muchos y la casa no es muy grande, ¿cómo vamos a dormir? ¿Has pensado en eso?
—Sí —dijo él muy despacio, con una sonrisa que podía oírse—. Estoy dándole forma a una idea que he tenido.
—Oh. Ok. Te dejo que seas creativo —respondí, sin tener muy claro cómo y con quién iba a dormir yo esa noche.
—Solo una cosa, Brenda —dijo con misterio.
—Di.
—¿Puedes cogerme pasta de dientes, por favor? Después te pago eso y el helado.
—¡Venga ya! Eso era lo que te invitaba.
—De acuerdo. ¡Gracias! Hablamos.
Cogí las cosas y fui rápido a la caja. Brad es un gato, definitivamente.