Ay Dios, es un Nerd 14.
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14.

Al día siguiente veo que Tim viene corriendo por el despacho de la oficina.

—¡Brenda, has visto el email ?! —me dice acelerado.

—Buenos días, Tim. No, ni siquiera he abierto el ordenador.

—Ok. Tenemos que estar en San Francisco mañana a las nueve de la mañana. Recibimos una invitación de última hora a un meeting no oficial del cliente con un competidor. Nos van a dejar entrar para presentar nuestra propuesta. Tiene que ser en persona.

—¿Cómo? ¿Así, sin ninguna antelación? —pregunté yo atónita.

—Porque no estábamos invitados. Pero el Director acaba de convencer al cliente: quiere que presentemos la propuesta justo después del competidor. En principio será solo un día.

—Entonces, ¿tenemos que ir? —dije. Internamente me preguntaba: ¿por qué yo?

—Ya he hablado con el Director —la mirada de Tim era fija, una mezcla de entusiasmo, miedo y algo más—. Tengo los billetes. Vete a casa a hacer una maleta, nos vemos en tres horas en el aeropuerto.

Volví rápidamente a casa. Abrí una maleta y metí y doblé ropa lo mejor que pude.

Me puse ropa cómoda para el vuelo y me dio tiempo incluso a descargar un podcast .

¿Un vuelo de seis horas con Tim? Iba a necesitar los auriculares.

Wink estaba en algún sitio de la casa haciendo una siesta de catorce horas.

No iba a molestarlo. Le dejé más comida y agua y me preparé para salir.

Tim no es mi jefe. El Director de Ventas, Irving Lasalle, que nos ha pedido asistir al meeting , es mi superior, pero está tan arriba en los escalones corporativos que no tiene tiempo de ver lo que sucede abajo.

Por eso Tim, que está en mi equipo como senior , acabó siendo mi mentor.

¿Cómo explicarlo? Me siento agradecida por haberme enseñado cómo navegar en el puesto.

Es el que me recuerda mis responsabilidades, cómo hacer mi trabajo y vigila que no me salga del camino.

Pero tengo que reconocer que es muy pesado.

Llegué al aeropuerto antes de tiempo. Tim ya estaba allí.

—¡Hey, Brenda! ¿Ya lo tienes todo? Para mí fue fácil —dijo señalando a su maleta—. Llevo varios días durmiendo fuera de casa.

Me daba miedo preguntar.

—¡Hola, Tim! Sí, ya lo tengo todo. Vamos a pasar los controles.

Tras un rato, tomamos un pequeño almuerzo en silencio y subimos al avión. Viajábamos en clase Business el uno al lado del otro. Me preparé mentalmente para las seis horas de vuelo. Tim suspiró:

—Bueno, ya estamos aquí. Lo mejor de estos viajes es que te ponen en un modo de alerta. Aprendes a priorizar más.

Oh, no. Quería hablar durante el viaje. Me saqué educadamente los auriculares de las orejas.

—Con experiencia no es difícil ponerse en modo automático. Uno no tiene que preocuparse tanto de organizar un día loco como hoy —dije yo.

—¡Exacto! Como un cowboy del Salvaje Oeste. Sale al desierto sin saber y, al mismo tiempo, sabe…

—Tim.

—Un duelo a pistola en el Salvaje Oeste debería haber sido así, ¿verdad? Aunque te puede caer una bala, sales a esa calle sabiendo que todo se decide en un segundo, sin que tengas control ninguno, apenas…

—Tim, ¿estás bien?

—Brenda —hizo una pausa y me miró—, me voy a divorciar.

—Cielos, Tim. Lo siento muchísimo —le dije de manera auténtica, sin fingir emoción. De hecho ya venía preparada. Llevaba meses viendo esto venir. Para lo que no estaba preparada era para tener que hacer de terapeuta durante seis horas, o más.

—Maria me dio el aviso ayer. Yo ya tenía mis cosas fuera de casa. Pero igualmente es un golpe.

—Lo lamento muchísimo.

—¿Cómo podía haber previsto esto? Brenda, Maria y yo éramos perfectos el uno para el otro.

—¿Perfectos en qué sentido?

—¿Cómo decirte? Ella podía leer todos mis pensamientos. Todas sus experiencias en la vida tenían un equivalente en la mía. Se podría decir que antes de conocernos habíamos llevado vidas paralelas.

—Comprendo —dije yo de manera simpática. Creo que Tim entendió literalmente que yo lo comprendía.

—¡Claro! —dijo él—. ¡Tú estás enamorada de tu nuevo novio, Brenda! Tú sabes de lo que estoy hablando.

—Tim, bueno, eso es un tema complicado —respondí. No quería empezar a hablar de los Brads.

—Siempre es complicado, Brenda. Por eso no hace falta poner etiquetas.

—De todas formas, Tim, cada experiencia es distinta y las personas son tan diferentes. No se puede predecir…

—¡Déjame que te diga lo que tienes que hacer y lo que no tienes que hacer! —continuó—. Escucha siempre, pero no hagas caso a todo. Aprende a tomar la palabra si estás en silencio…

—Es verdad, la comunicación es muy importante…

—¡La gente no sabe qué significa esa frase! —exclamó Tim—. La comunicación no, más bien la intención es importante. Es decir, si haces algo, explícame qué cuernos quieres decir, por qué lo haces…

Fue una hora muy intensa, pero al final Tim se durmió.

Llevaba toda la noche sin dormir. A veces no queremos que nos afecten los mensajes que nos rodean, pero es inevitable que nos toquen, a no ser que vivamos protegidos como plantas exóticas de un invernadero que necesitan una cierta temperatura, luz y humedad.

Me pregunté qué había pasado en mi vida últimamente y qué se me escapaba.

La cita con Brad el nerd fue una decepción, pero solo al final.

Estoy empezando a conocerlo, pero no estoy segura de si quiero seguir.

Brad el San Valentín fue una cita soñada y perfecta, y si no salió mejor fue por mí.

Las palabras de Tim hacían eco en mi cabeza.

Sentí algo de miedo. Quiero estar segura de lo que estoy haciendo, y quiero seguridad.

Resolví enviar un par de mensajes esa noche.

Yo también dormí un poco en el vuelo. Tuve un sueño muy corto.

Paseaba por un prado cercano a la casa donde crecí, en el campo.

Alguien me dijo que la gente había estado cortando plantas y que ya no era lo que era.

Yo me senté en el suelo. De repente era una niña.

En ese instante, de la tierra salió un manantial de agua.

Me desperté con un respingo de Tim. Parece que el pobre estaba teniendo una pesadilla.