Ay Dios, es un Nerd 9.
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9.

Llegó el fatídico día de San Valentín. Encendí el portátil, revisé un par de emails y dejé el ordenador encendido mientras desayunaba.

En ese momento, entraron dos cartas por el buzón. Un administrador del edificio a veces me pasaba la correspondencia.

Una era una carta del banco, normal. Al girarla me di cuenta de que me la había colado por error. El destinatario es el vecino del tercero, Brad Morgan. Luego le digo. Dejé la carta sobre la mesita junto a la puerta.

La otra era un sobre pequeño y bien cerrado.

Tuve un presentimiento. Abrí el sobre de inmediato.

Era una postal de San Valentín artesanal, hecha con un papel reciclado con acabado rústico, tan grueso y rígido que parecía que luchaba por abrirse.

En la portada tenía un árbol al que le habían grabado en su corteza dos corazones entrelazados.

Un símbolo de amor. Abajo, las letras: I've been thinking about you .

Esto es de una canción, ¿verdad? El corazón me estaba palpitando.

Abrí la postal. No había nada, solamente la siguiente frase escrita a mano:

Desde el momento en que te vi, ocupas un lugar en mis sueños. Brad.

Casi me caigo al suelo al leerlo. ¡Había recibido una postal de San Valentín! Pero no solo eso… ¿Estamos hablando de una declaración de amor? ¿Está enamorado?

¿Quién ha sido? ¿Cuál de los Brads? Mi intuición me estaba diciendo que tenía que ser el de la cita, es decir, como consecuencia de la cita.

Quizás le di a entender demasiadas cosas…

Soy consciente de que hago muy bien el papel de ventas.

A esto se le llama deformación profesional.

Solo podía ser ese, pensé. Y por encima de todo tengo que ser sincera: a Brad el nerd lo he visto solo un par de veces, no me va a escribir una carta por eso.

Me siento un poco ahogada. No me esperaba esto de Brad el atleta.

Esperaba un movimiento más cool por su parte.

Quiero decir, hablamos, tenemos una cita con un par de copas, nos conocemos un poco, nos damos un beso, sí, reconozco que lo besé.

Y él va y se declara por San Valentín. Al menos no es un ramo de flores o una serenata por el balcón.

Me imagino que va en serio, o que no va a huir en ningún momento.

¿A esto se refería Liss con que todo se acelera a los treinta? ¡Qué vértigo!

Dejé la postal en la mesita junto a la puerta.

Hice un par de respiraciones antes de volver al ordenador.

Tenía un mensaje de Liss deseándome buena suerte.

Los compañeros estaban enviándose GIFs y memes de San Valentín por Teams .

No había opción de evadirse de la realidad hoy.

Por la tarde iba a encarar al autor de la postal.

Llamaron al timbre de mi puerta. Eran las diez.

Era el señor Dukakis, mi casero, y Brad.

—¡Brenda! Buenos días. Disculpa que te moleste, sé que estás trabajando a estas horas. Le estaba diciendo aquí al nuevo inquilino que tú eres el orgullo del edificio. Además pagas siempre y a tiempo… —dijo Dukakis. Por supuesto, mi casero siempre se ahorraba dinero haciendo las cosas él mismo.

—Nos conocemos. Hola, Brad —dije.

—Hey —saludó él con un poco de vergüenza. A su edad ya podía perder la vergüenza.

—…por eso me extrañó mucho cuando me dijo que salía agua de tu piso. De verdad, no lo esperaba. Además, le hice una reforma al piso hace cinco años. Entonces, ¿puedo pasar? —dijo Dukakis mientras entraba por la puerta.

—¡Adelante! Por favor.

Y fue para mi cuarto de baño. Wink se escondió en alguna parte.

—¿Dukakis es también tu casero? —le pregunté a Brad.

—Sí, me ha pedido que le eche una mano llevando las herramientas. Tu piso es mucho más grande que el mío…

—¡Sí, pero también es más caro! —dijo Dukakis, que lo estaba oyendo todo desde el cuarto de baño—. El tuyo es de renta controlada… Suertudo. En fin, disculpa, Brenda, por tener que oír todo esto.

—Estamos en Manhattan. Vivo sola y puedo ver Central Park desde mi casa. Incluso pagando lo que pago, yo también me considero una suertuda.

Miré a Brad. ¿Este chico no se peina? Llevaba unos pantalones de chándal, una camiseta cualquiera y las zapatillas de estar por casa. No voy a criticarlo; por mi parte, yo iba igual. Ese día no tenía meetings y ni siquiera me había maquillado.

Hay algo en sus ojos que me dice que no es el tipo de hombre que estoy acostumbrada a encontrarme en los meetings de la oficina. Mira la habitación, procesa, analiza… Después su boca parece que dice algo… y no dice nada.

—¿Qué te parece mi piso? ¿El tuyo no es igual?

—Ah, las vistas son las mismas, pero tiene una ventana menos. En efecto, creo que tiene unos metros menos que el tuyo.

—Espero que tengas espacio para poner tus libros.

—Sí, no es un problema. Tú no tienes muchas cosas, aparte de los muebles, ¿verdad?

—Bueno, es un estilo… minimalista —dije. Me sentí orgullosa de mí misma por encontrar la palabra a tiempo—. Paso mucho tiempo en el trabajo, por lo que me gusta desconectar en casa.

—Ah, a mí me sucede justo al contrario. Es en casa donde me inspiro. Necesito rodearme de cosas —dijo Brad.

No me esperaba este choque. Quizás somos personas diferentes e incompatibles.

—¡Disculpa, Brenda! Voy a necesitar apartar tus jabones y champús —dijo Dukakis—. Ya sé por dónde se cuela el agua. Brod, ¿me traes la masilla?

—Sí.

Esperaba tener una oportunidad de conocer algo más de Brad, pero con el casero oyéndolo todo no me lancé a hacer preguntas personales.

—Entonces ya estás totalmente instalado.

—Sí, estoy cambiando mi dirección. Estoy esperando un par de cartas importantes de la universidad.

Entonces ¿es estudiante? Otro tanto en su contra.

—¡Ah, por cierto! Me llegó una carta para ti —le dije—. La he dejado en la mesita junto a la puerta.

—Ok, gracias.

—Bueno, esto ya está —dijo Dukakis saliendo del cuarto de baño—. He tapado con masilla una grieta del azulejo. Debería funcionar por ahora. Luego me dices. De momento hay que dejarla secar. ¡Hoy no te duches! —y se rió.

—¡Pero cómo que no puedo ducharme! Hoy necesito salir.

—Me dices luego cómo ha quedado, a lo mejor tengo que venir después a lijar la masilla. ¡Gracias, Brenda! Que tengas un buen día.

—¡Hasta luego! —dijo Brad.

Se cerró la puerta. Respiré aliviada, aunque era un alivio minúsculo. Aún tendría que lavarme y arreglarme sin usar la ducha.

Cuando terminé el día de trabajo empecé los preparativos. Quizá necesitaba inspirarme para esta cita. Para encontrar el amor es necesario creer en el amor. Si no, ¿cómo voy a reconocerlo cuando lo encuentre? Fui a buscar mi postal de San Valentín para cargarme de esa energía.

No estaba.

Miré por todas partes del salón. Por el dormitorio. Incluso en sitios donde sé que jamás estuvo, como el cuarto de baño y la cocina. Nada. Intenté reconstruir la escena mentalmente: esta mañana abrí la postal, casi me caí al suelo y después… dejé la postal en la mesita junto a la puerta.

La revelación me atravesó como un relámpago. Visualicé en mi recuerdo la postal, que se quedó semiabierta encima de la carta del banco. Cuando Brad se llevó su carta del banco, debió haberse llevado la postal, probablemente.

Si la lee, a lo mejor va a sentirse celoso. Pero debería ir a pedírsela en cualquier caso. Algo como: Hey, disculpa, ¿tienes una postal de San Valentín que me han enviado? . Pero la va a leer igualmente, eso seguro.

¿Cuál era el mensaje de la postal?

Desde el momento en que te vi, ocupas un lugar en mis sueños. Brad.

Caí al sofá y me quedé inmóvil con la boca abierta más de diez minutos mientras trataba de analizar las consecuencias de este detalle.

Brad, el que me manda postales, había escrito un punto y luego su nombre.

Esto es la manera convencional de firmar una nota a mano, ¿no?

Quizás debería haberlo escrito un renglón más abajo, apartado del texto de la dedicatoria.

Porque al dejar el punto, parece como si…

Desde el momento en que te vi, ocupas un lugar en mis sueños. Brad.

Porque visto así, parece como si yo misma le hubiera escrito la postal a Brad, a mi vecino el que se lleva mis cosas.

Es un punto, ¿verdad? ¿O una coma? Si es un punto creo que no pasa nada. Pero si es una coma, sí. Ya no me acuerdo. Alguna gente escribe comas como si fueran puntos, o al contrario. Muchos ni siquiera saben usar los signos de puntuación correctamente.

Cabía la posibilidad de que se la hubiera llevado por error. Pero el hecho es que se la había llevado y muy probablemente la había leído ya. Y él no es una persona que no sepa interpretar la ortografía, estoy segura: él lee mucho.

Bloqueé todos mis pensamientos. Me puse en modo automático para terminar de vestirme. Me miré al espejo. ¡Tengo una cita!