7.
—¡Brenda! Me tienes en ascuas —dijo Liss.
—Y yo quiero enterarme de todos los detalles —dijo Jones.
Mis dos compañeros de oficina estaban salivando en la cocina de nuestro edificio.
—¡Venga, pero si lo estás deseando!
—¿Te da vergüenza? ¡Pero si yo os cuento todo!
Suspiré. Mejor tomármelo con humor.
—Tengo muy poco que contaros. Fui a un mercadillo el sábado y al MoMA el domingo.
—¿Y la cita? ¿No hubo cita?
—Bueno, tuve una cita el viernes.
—¡Ay, lo sabía! —Liss estaba tamborileando en la mesa.
—¿Entonces está aprobado? ¿Le hiciste la entrevista? —preguntó Jones.
Sé que Jones lo preguntaba de manera ingenua, pero la verdad es que la cita fue una verdadera entrevista.
—Sí, tengo una cita con él este viernes.
—¿Oh, San Valentín? ¡Brenda, a ti te gusta de verdad! —Liss batía palmas.
—Solo hay que ver la velocidad a la que vas con él: hablas en la app , cita, cenita de San Valentín… —canturreó Jones con voz aflautada.
—¡No es rápido para nada! —saltó Liss—. A partir de los treinta todo se acelera. Ya no vas a esperar años para ver si todo funciona, conocer a sus padres, casaros, tener hijos… ¡Ay, que a mí ya me toca! —se rió con estruendo.
—También se aceleran las arruguitas —bromeó Jones—. Date prisa en pillar a uno guapo mientras puedas.
—Oye, Jones, que a los hombres también les salen arruguitas.
—Esos son los que a mí me gustan.
Entró Tim en la cocina.
—Brenda, te estaba buscando. Voy a necesitarte para un proyecto urgente. Los alemanes van a necesitar una presentación mañana. ¿Puedes encargarte tú?
—Sí, claro —respondí.
Perfecto. Empezar la semana con esta tensión. No sé si voy a poder con todo. De hecho ya estoy pensando en cancelar las citas. Necesito resolver definitivamente lo de los números de teléfono.
Cuando Tim salió, le conté el problema al consejo de sabios de Liss y Jones:
—En fin, esta es la situación. Ahora no sé qué hacer. Necesito vuestra ayuda.
Se quedaron pensativos un instante.
—Yo creo —dijo Liss— que deberías preguntarles algo que solo uno de ellos puede saber. Por ejemplo, un detalle de la cita.
—Pero tienes que sacarles respuestas diferentes que los identifiquen —apuntó Jones.
Hubo un silencio.
—Brenda, diles que cancelas las citas —propuso Jones.
—¡Jones, qué estás haciendo! Brenda, ¡no lo escuches! —exclamó Liss.
—Calma, no tiene por qué cancelarlas al final. Ahora mira —abrió su móvil—, el viernes va a haber bastante lluvia. Diles que va a llover bastante, si no les importa hacerlo otro día. Cada uno dirá una cosa. Luego tú confirmas, cancelas o haces lo que quieras.
Eso podría funcionar.
—Voy a probarlo, chicos. Os doy las gracias.
—¡De nada! Ya nos cuentas —Jones guiñó un ojo.
—¡Brenda, no canceles las citas! ¡Tienes que ir! —dijo Liss.
En mi despacho me puse a trabajar inmediatamente en el PowerPoint que necesitaba Tim.
Mientras escribía unos guiones sobre cómo presentar la empresa a estos señores extranjeros, me pregunté cuántas veces se podía reescribir un mensaje tratando de transmitir un significado específico.
Incluso si me esfuerzo en verter en él las palabras que yo quiero, el peso de comprenderlo está en la otra parte.
Fifty-fifty . ¿Una comunicación efectiva requiere de interpretación?
¿Eso quiere decir que si al final encuentro a alguien, es esa persona que te entiende?
No tengo tanta experiencia en relaciones.
Abrí mi móvil. Escribí un mensaje para los dos:
Hola! Parece que el viernes va a llover mucho, ¿puede ser otro día?
Enviar.
Qué maneras más complicadas tenemos los seres humanos de comunicarnos. Incluso hablando el mismo idioma, las palabras tienen sentidos diferentes.
Tim entró en mi despacho.
—Brenda, disculpa. Los clientes están aquí.
—¿Qué? Pensé que era mañana, por videoconferencia.
—No, han aterrizado esta mañana. Pero han ido a comer, por lo que vamos a tener una visita esta tarde —informó Tim—. Por cierto, cometí un error: no son alemanes, son holandeses. Hans Van den Berg y un compañero.
—¿Y me lo dices ahora? He puesto imágenes de banderitas alemanas por toda la presentación.
—¿Son fáciles de quitar? Mejor que las quites entonces, a ver si van a pensar mal.
Obvio, Tim. Pasé los siguientes treinta minutos repasando diapositivas, para después saltar directa al meeting . Por el pasillo vi a Samantha:
—¡Cariño! ¡Buena suerte!