6.
Al día siguiente resolví ir al MoMa yo sola. Estoy pensando en que necesito dejar un espacio a un cierto tipo de reflexiones, quizá inspirada por el arte de este museo. Me vestí de manera sencilla y salí a la calle. El día era fresco, pero soleado.
El museo es enorme. Me permití pasear por las salas sin itinerario alguno, simplemente confiando en mi intuición. Una sala grande tenía unas luces colgando del techo. Según el ángulo desde donde mirases, producía formas diferentes. Un zumbido suave rodeaba la sala. Me quedé ahí parpadeando un rato.
Oí una voz que se me acercaba:
—Brenda, ¡hola!
Era Pearl, la amiguita de Brad.
—¡Hola, Pearl! ¿Cómo estás? ¿Disfrutando del domingo? —pregunté yo.
—¡Muy bien, y tú? Estoy trabajando. Hago un turno aquí los fines de semana.
Me di cuenta de que estaba vestida con un uniforme del museo. Era una de las personas que vigilaba las salas y te decía algo si intentabas tocar las obras. Me relajé: me di cuenta de que Brad no estaría aquí si ella estaba trabajando.
—No sabía que te gustara el arte. ¿Trabajas en Manhattan, verdad? —me preguntó.
—Sí, soy representante de negocios en una empresa de la zona.
—Sí, me lo imaginaba.
¿Te lo imaginabas? Respiré hondo un microsegundo. Me estaba poniendo a la defensiva.
—¿Y tú vives también por aquí? —pregunté.
—Bueno, yo vivo en Brooklyn.
—Ah, vale. Como últimamente te he visto cerca de mi casa, no sabía.
—Sí, vine para ayudar a Brad con la mudanza. Somos compañeros de clase en el máster.
¿Son estudiantes?
—¡Ah, claro! Pensé que tú eras su novia y venías a vivir también.
—No, no, solo somos amigos muy cercanos.
¿Qué está pasando aquí?
—¡Qué suerte poder estar tan cerca del arte de estos museos, verdad! —dirigió su mirada a la exhibición de luces, hizo una pequeña pausa y después se giró hacia mí—. Es muy inspiradora. ¿Qué te parece a ti?
—Me parece… una propuesta alineada de una manera muy moderna.
Ella se rió.
—Disculpa, es que me acabas de hablar en jerga de negocios. Mi especialidad es la antropología y a veces analizo a la gente subconscientemente. De algún modo lo esperaba.
Yo también empiezo a ver un patrón aquí.
—Bueno, creo que este arte está aquí para hablarnos y darnos un mensaje que puede ser distinto para cada uno de nosotros —le respondí.
—Son formas de verlo. Lo que dices es totalmente válido, pero una formación en arte enriquece enormemente la apreciación de esta pieza. Hay conexiones, influencias… cosas que no se pueden ver a simple vista.
Sentí que me estaba arrastrando a zonas que yo no conocía. Ella sintió la creciente incomodidad.
—¡Disculpa! En ocasiones hago muchas preguntas. No te lo tomes de forma personal. Mi padre era policía —dijo.
—Para nada, hoy estoy aprendiendo mucho, en general. Bueno, ya nos veremos. Saluda a Brad de mi parte.
—¡Ciao! Disfruta de la visita. Si necesitas algo, dime. ¡Y no uses flash! —se despidió con una sonrisa.
Me dirigí a una parte del museo que estuviera tranquila.
Había varias esculturas hechas con material reciclado y varios bancos.
Me senté. Sentí como un remolino a mi alrededor.
La conversación con Pearl me dejó exhausta.
Ardillita. No quería ponerme a la defensiva, pero había algo en el tono que atacaba partes de mí que no sabía que estaban ahí. Esbocé una sonrisa.
De camino a la salida vi el cuadro La gitana dormida , de Henri Rousseau.
Me sumergí en los colores oníricos y la atmósfera de sueño.
Sí, tenía razón: yo podía hablar con el cuadro igual que él me hablaba a mí.
Podía ser yo misma y reflejarme en esa otra imagen, totalmente diferente de mí, que estaba al otro lado.
En el cuadro, un león toca con el hocico a una mujer que duerme en el desierto.
Tuve la certeza de que estaba a punto de conectarme con algo, y que ese algo había estado dentro de mí desde hacía mucho tiempo, esperando a ser contactado.
Salí con la sensación de que había merecido la pena ir al museo, y que quizás algún día habría oportunidad de compartir estos sentimientos con… alguien.
De vuelta en casa, Wink me tocó para saludarme. Mi león. El fin de semana me había dejado muy cansada. Vi que tenía mensajes de los Brads. Decidí renombrarlos en la agenda para no confundirme aún más. Casi tiro el móvil contra la pared después de ver los mensajes.
Brad 1: Oye, ¿te viene bien el viernes?
Brad 2: El viernes 14 está bien.
El viernes 14 de febrero. ¡San Valentín!
¿Tengo una cita, dos o ninguna? Me hice un ovillo en la cama. Solo quiero un abrazo.