NOS VOLVEMOS A VER
De lunes a jueves Sergio apenas vio un rato a Carolina.
La pobre estaba algo estresada con un examen parcial que tenía el viernes y estudió como nunca.
Sergio solo la molestó unos minutos, llevándola una bebida energética para que recuperara fuerzas.
La joven lo agradeció y le despachó rápido, tenía que seguir estudiando, aunque le costó bastante retomar el estudio, Sergio estaba en su cabeza.
El muchacho en cambio, poco tenía que hacer.
Pasó par de tardes junto a Javi y otros amigos jugando a las cartas en la cafetería, con penosa suerte hay que añadir, y también intercambiando mensajes con su hermana.
Laura solía escribirle casi a diario, aunque esa semana en concreto hablaron de manera ininterrumpida.
Sobre todo de la visita de Carmen, de las cosas que le compró y también, de que su madre andaba algo nerviosa o intranquila, no sabía bien.
Se podía hacer una idea de cuál era el motivo.
Según su tía, Mari quería hablarlo, tenía ganas…
o por lo menos estaba por la labor de poner fin a la situación.
Ninguno de los dos sabía que sucedería después, si volverían los mismos sentimientos o retomarían su antigua vida, pero había que hacer algo ¡YA!
Preguntó a su hermana el horario de su madre, más que nada por confirmarlo, ya se lo había dicho anteriormente. Lo único que le importaba era que salía a los ocho y estaba siempre de lunes a viernes, algún sábado que otro también, pero entre semana era cuando la podía pillar.
El jueves se quedó dormido diciéndola que muchas gracias por la información y no le sorprendió levantarse al día siguiente con un mensaje de Laura. Lo que si le impresionó a primera vista fue el contenido.
—¿Vas a ir a verla?
Podía ser una duda normal, una pregunta común de una hermana a su hermano.
Sin embargo, a través de la pantalla sintió algo raro, como si esas palabras tuvieran un tono y Laura se lo preguntase de otra forma.
“¿Lo vais a arreglar?” fue lo que en verdad leyó el muchacho sintiéndose descolocado por completo.
Solo eran imaginaciones suyas, Laura no sabía nada, por supuesto Mari no se lo había contado. Pero su hermana era lista, bastante perspicaz y se podía oler que algo pasaba. Con dedos inquietos escribió en el móvil una escueta respuesta.
—Sí.
—Me parece muy bien.
Laura contestó rápido, no le importaba sacar el móvil de forma furtiva en clase, siempre tenía un hueco para hablar con su hermano.
La puerta sonó con fuerza mientras la pregunta que se imaginaba en su cabeza resonaba una y otra vez.
Sergio se alzó de su cama, con el pelo disparado para diferentes direcciones y aún a medio despertar.
Abrió la puerta recibiendo una ayuda extra del exterior, haciendo que se retirara un paso atrás dejando paso al vendaval que se avecinaba.
—¡Ya está! ¡Me salió de puta madre!
Claro que era Carolina, con su vitalidad mañanera entrando a viva voz con una felicidad que le salía por los poros.
—Me alegro —dijo Sergio en mitad de un bostezo.
—Huele a paja, abre las ventanas.
—Dios, Carol, siempre igual. Eres pesada hasta decir basta.
Con una energía infinita corrió hasta la ventana y la abrió con fuerza haciendo que Sergio apartara la vista de sol como un vulgar vampiro. En un visto y no visto, le hizo la cama he incluso le ordenó el escritorio.
—¿Qué haces?
—Es que me levanté con muchísimas ganas.
—¿Tienes planes para este fin de semana?
—Marcho a la tarde, pero el domingo al mediodía estoy aquí. Es el cumpleaños de una amiga. ¿Me vas a echar de menos? —le pinchó con un dedo en el vientre y este sonrió.
—Un poco, tampoco te ilusiones.
—¡Cómo te gusta mentir! —le añadió entornando los ojos—. Venga, vístete, vamos a dar un paseo o algo, que ha salido el sol.
—Diez minutos, por favor.
—Seis y porque estoy feliz. —le empezó a empujar a la ducha— ¡Rápido, rápido! No quiero perder el día. —cerró la puerta del baño con Sergio dentro y añadió— Si no te das prisa me voy a poner a fisgar tus cosas.
—Me da que lo vas a hacer aunque tarde tres minutos.
La joven se rio tras la puerta y esperó sentada en la cama.
Tenía algo por lo que estar feliz, que seguramente contaría a Sergio más tarde.
Había quedado con Paola, el domingo a la mañana iban a hablar y parecía que por fin darían un paso más, estaba ilusionada y quería gritárselo.
Sin embargo, algo dentro de ella no quería decirle nada, tenía un presentimiento, como si a Sergio… le fuera doler.
No entendía muy bien de donde venía esa sensación, era como decir a un novio, “oye me voy a ver con mi ex, ¿qué te parece?”. “No le estoy engañando, no es nada mío, ni siquiera me gusta…” pensaba mientras perdía sus ojos en la pared verde que había detrás del escritorio.
Aunque sabía que algo la pasaba, no solo fue el fin de semana pasado.
Esta semana gracias a los estudios no le dio tiempo a pensar mucho en su amigo, pero cuando le llevó la bebida energética, el pecho se le comprimió para después latir con fuerza.
Le gustaba mucho estar con él, tanto que igual… le comenzaba a gustar de otra forma…
Carol se engañaba una y otra vez, diciéndose que eran amigos y nada más, que era amor de amigos y punto. ¿Cómo le iba a gustar otra vez un tío? “Son unos cabrones”. No obstante, no tenía muy claro si generalizar era una buena opción, “Sergio… no es así”.
La mañana fue bastante placentera, caminaron por los alrededores de la facultad mientras Carolina no paraba de hablar de su examen. Buscaba un momento para contarle lo de su “novia”, con suerte igual a partir del domingo podría llamarla así.
—Estuve hablando con Laura. —sentada en el banco comiendo una bolsa de Doritos, Carol se giró. El tono de Sergio indicaba que era importante. Ya le conocía— Me ha estado hablando de casa, de mis padres… he decidido que voy a ir a hablar con mi madre.
La joven se quedó de piedra, queriendo decirle, “muy bien, es lo que tenéis que hacer, arregla las cosas”. Sin embargo, tardó en contestar, pensaba en todo lo que eso implicaba y en una cosa que ella… solo se imaginaba.
“Si lo arreglan, ¿volverá a casa? Eso es bueno, porque tendrá una buena relación con sus padres. Pero, no quiero que se vaya…”. Quería tenerle cerca, era un gran apoyo en su vida. En tan poco tiempo, se había convertido en alguien tan importante, era su… MEJOR AMIGO.
—¿Qué te parece? —preguntó Sergio al no ver reacción de parte de su amiga.
—Bien. Supongo, ¿no? Me refiero, es lo que quieres ¿no?
—Sí, tengo que arreglar las cosas. Ahora no pienso tanto en ello —“porque te tengo a ti y haces que me olvide de todo” se tragó sus palabras. No quería sacarlas, sonarían raras—, pero a la larga me comerá de nuevo por dentro.
—¿Qué vais a hacer? —con la imaginación volando, pensó que aquello sonaría del todo inapropiado, rectificó— Vais a tomar algo o no sé, pasear… —“cállate, qué la jodes”.
—Ni idea, voy a ir a verla a la tienda. Allí acabaré con esta chorrada.
Necesitaba decirle algo, si quería que le acompañase o si necesitaba algún tipo de apoyo moral. Pero no le salió, además que ella se iría a su casa, aunque si lo pedía… se quedaría con él… lo que Sergio necesitase.
—Si después estás mal o… no sé… me puedes llamar o algo. —se sentía nerviosa, el tema la ponía así. Porque se olía que tras la capa superficial del problema, había algo más.
—Pues tiene gracia…, pero podrías ir dándome tu móvil, ¿no?
Carol sonrió de lo estúpido que era, ninguno de los dos tenía el número de teléfono del otro, total ¿para qué? Vivían a dos puertas. Hacían vida juntos, y todos los días se veían, no lo necesitaban, sin embargo, se intercambiaron los números de teléfono.
—Ya está. Señor fontanero, así te reconozco rápido. —bromeó la joven.
—¿Qué pongo yo? Pesada, muy pesada, pesadísima…
—Pon: la mejor del mundo. Creo que es lo más evidente.
Sonrieron y volvieron a la residencia, aunque a Carolina algo le picaba dentro de la cabeza.
Todavía tenía que contarle lo de Paola y le costaba un mundo sacarlo, además que saber que se vería con su madre, no entendía por qué no le daba buenas sensaciones.
Sabía que lo arreglarían, que todo estaría bien, sin embargo… Después… ¿Qué pasaría?
Anduvieron hasta la puerta de Sergio, donde este se despidió y Carol le paró antes de entrar. Fingió una sonrisa de sorpresa, “¡Vaya, qué casualidad! Justo me acordé de algo que te tenía que contar…” que falso sonaba en su cabeza.
—¡Sergio, que no te conté! Hablé con Paola. —el gesto de Sergio le pareció correcto. Parecía que iba todo bien ¿por qué iba a ir mal?
—¿Me lo cuentas ahora? ¿Cómo no me lo has dicho antes? ¿Qué tal?—la verdad que sí era sorprendente. Salvo para Carol, que el motivo era que no se atrevía.
—Se me pasó por completo, tío, tengo la cabeza en mil cosas. Pues parece que bien y el domingo a la mañana vamos a quedar para hablar.
—¿Quizá lo intentéis?
—Puede ser.
—¿Sin otros novios de por medio y relación pública?
—Se lo está pensando, pero parece decidida. —Carol dudaba de sus palabras.
—Entiendo. —colocó su mano en el hombro de su amiga— Me alegro si es eso lo que quieres. Solo te digo una cosa, ten cuidado… no quiero… —la duda por decirlo le comió, pero era su amiga. Suspiró con fuerza y lo soltó— No quiero que te hagan daño.
A Carol el corazón se le contrajo, por un momento sintió tanto que no lo pudo contener. Millones de sentimientos trataban de manar por su piel logrando que el vello se le pusiera de punta, menos mal que Sergio no lo podía notar.
Su frase, su voz, su tono, “que no me hagan daño” se repetía en su cabeza, sonaba tan bien, tan calmado, con tanta protección, le pareció una frase perfecta.
Pero por otro lado, también tenía otra pronunciación, que por una parte le gustaba, pero por otra, no quería que eso fuera así.
La pregunta sonó fuerte en su cabeza, quizá sabía la respuesta de antemano, pero era la primera vez que le dio forma. “¿A Sergio le gusto?”.