¿SOMOS AMIGOS? #3
—No me había percatado… —la lengua de Carol se trababa. Se maldijo por un segundo por estar así después de tal cogorza el fin de semana. Pero era joven, se lo podía permitir.
—Pues… —Sergio cayó pesadamente sobre la cama— tengo que confesar, que el tema de la foto una vez se lo pedí a Marta.
—Carol ya sabía de sobra quien era esa chica— Por supuesto no me la envió y no la culpo, nunca más insistí, pero…
¡Dios! Como me ponía la idea. Es algo que estará en la cabeza o qué sé yo, pero el morbo de una foto, así en lencería, de tu novia… la idea es superexcitante.
—¡Sergio! —rio a mandíbula abierta doblándose hacia atrás mientras dejaba al aire buena parte de su vientre— ¡Puto guarro!
—No lo soy. —se defendió con dos coloretes en las mejillas.
—Sí lo eres. —no paraba de reírse y mostrar lo borracha que estaba— Pero bueno, brindo por Marta, una gran mujer y sabia. —alzó la copa. El joven le siguió a regañadientes— La mía no era en ropa interior como tal, era un poco más especial.
A Carolina hablar del tema ya no le causaba absolutamente nada. El baile la exorcizó y con la ayuda de las cervezas, habían matado al demonio. Al menos por el momento, sabía que ese mal que tenía en su interior volvería, pero con Sergio dentro de la habitación, estaba a salvo.
—No entiendo. —pocas cosas podía comprender.
—A ver… esto si lo comentas, sí que te mato ¡eh! —el muchacho cerró los labios como si tuviera una cremallera— Así me gusta. Pues mira… a mí… el tema de los disfraces… ya sabes disfrazarte de personajes o personas o de cierto modo… —no podía estar más roja, para Sergio estaba preciosa— me pone.
—¡Toma! —comenzó a reírse sin parar hasta que la chica le lanzó un cojín— No, no, si me parece maravilloso, te diré que a mí un poco también. O sea no vestirme y eso, pero igual hacer un poco de eso, me fascinaría. ¿Puedo saber de qué era?
—No sé para qué digo nada. —se tapó la cara y cuando la descubrió habló de nuevo— Pues tenía una ropa muy sexy, ni te lo imaginas, lencería buena ¡eh!
Nada de mercadillo. Unos guantes con los dedos al aire, unas medias negras, una cola y —se llevó las manos al pelo— una diadema con orejas de gata… ¡Ah! Y… me pinté unos bigotes.
—Vaya… —se quedó perplejo y le costó contestarla, porque una parte de él se estaba poniendo dura. Logró decir algo al pensar en su miembro— ¿Una cola?
—Sí…, pero… eso ya otro día. —terminando por reírse de forma muy tímida— Es una fantasía que tenía y claro pensaba que con mi ex…, pero no, por supuesto que no.
—¿Paola?
—No… aparte de que me da muchísima vergüenza contarle eso. —“¿Por qué a Sergio no?”— La fantasía es con un chico, no una chica. O sea que me da que me quedaré con las ganas.
En aquel instante Sergio no dudó en querer facilitarla la ayuda para cumplir lo que desease, pero sabiamente se cayó.
Notando un picor muy reconocible en la entrepierna decidió que era el momento de irse, si la conversación seguía, el picor se convertiría en un dolor terrible al tratar de no despertar a la bestia.
Se puso de pie, con un leve bulto que Carol miró con curiosidad. Una curiosidad que rápido se convirtió en timidez, porque el pene de Sergio se notaba muchísimo.
—¿Ya te vas? —la joven quería seguir hablando toda la tarde y toda la noche, se lo pasaba genial.
—Sí, que si no mañana, no nos vamos a levantar. —algo sintió al mirarla a los ojos y preguntó— ¿Prefieres que me quede?
—Eh… no, no, mejor descansar. Tenemos que dormir, además tengo que deshacer la mochila que al final te has escaqueado. —detuvo sus labios un segundo y volvió a mirar en una décima de segundo el bulto entre sus piernas. “¡Quita la vista!”— Si te quieres quedar… tampoco me importa.
—Bueno… igual…
Vio cómo su amiga se levantaba. Quedó con la ventana a la espalda mientras las gotas seguían golpeando el cristal y una canción que no escuchaba salía del ordenador. Dio un paso hacia él con los pies descalzos, el ombligo al aire y… unos pezones parcialmente duros que se notaban tras la tela.
Sus pechos se veían firmes, la camiseta estaba ceñida y se podía vislumbrar su contorno, Sergio lo vio y Carol observó como la miraba. Ambos se sintieron extraños por primera vez, bajando esta última la cabeza, con la intención más disimulada posible, de mirar el bulto que se movía bajo la tela.
—Será mejor que me vaya.
—Sí, mañana nos vemos. —esperó un momento y le volvió a mirar a los ojos, ambos conectaron un segundo eterno— ¿Te parece bien?
—Por supuesto.
Sergio se fue rápidamente, sin dar más tiempo a otra palabra que estropeara el momento. ¿Por qué lo había estropeado con su reacción o Carol estaba cómoda? Sus duros pezones con el calor de la habitación no eran normales, o eso creía el joven.
Se adentró con rapidez en la cama, sin pensar en nada más que en el blanco del techo para reprimir una masturbación que estaba llamando a la puerta.
Logró cerrar los ojos y el alcohol hizo que el sueño viniera rápido, había conseguido parar un orgasmo con el nombre de Carol.
Lo que desconocía era que su amiga, también detuvo un orgasmo, pero en su caso, con el nombre de Sergio.