ABRIENDO EL CORAZÓN #2
—Eres tan imbécil. —Carol sonrió porque sabía que Sergio solo pretendía rebajar la tensión— Ese fue el primer día que nos enrollamos.
Traté de hablar con ella, a ver qué opinaba o que pasaba con nosotras, más que nada para aclararme, a mí ella, me gustaba horrores, sobre todo después de saber que a ella también le gustaban las chicas…
o al menos yo. Sin embargo, no conseguí nada, solo me daba evasivas y delante de las demás hacía como si nada.
Puedo entenderlo, decir algo así abiertamente puede ser difícil, yo no tengo problema, pero yo soy yo, Paola es Paola.
—dio un gran sorbo a la lata, necesitaba líquido— Eso sí, cuando estábamos juntas, que solía ser en mi habitación, es que te juro que ni hablábamos.
Llegaba… lo hacíamos… y casi que se largaba.
—Joder… que mal suena eso.
—A ver, había amor, eso lo notaba, pero quizá contado así parece demasiado frío.
Sigo. El punto llegó la semana antes de que nos conociéramos.
Vino a la habitación, lo hicimos y decidí que esto ya no podía seguir así.
Antes tenía la excusa de los exámenes y eso, pero ya habían terminado, por lo que un día comiendo le dije que ya no aguantaba más, teníamos que hablar.
Ella se hizo la loca, como si nada pasara, aunque luego cedió.
Fue una conversación larga y bien tediosa, no la puedo resumir en pocas palabras, pero lo intentaré.
Básicamente acabó diciéndome que la gustaba.
Le dije que no me importaba mantener en secreto nuestras tardes en la habitación, pero que tampoco quería hacer como si no pasara nada, yo me estaba enamorando.
—Se nota.
—¿Cómo?
—Por como hablas de ella, se nota que te gusta mucho. Lo veo en tus ojos, tus expresiones, cada palabra que dices se siente que la dices con ganas.
—Señor fontanero, usted sigue siendo muy observador.
—Puede ser. —ambos se rieron, notando que estaban siendo verdaderos amigos.
—Bueno, tendré que ir acabando que si no me enrollo y no acabamos nunca.
La cosa termina en que me dijo que podíamos ser pareja, vamos que estábamos juntas de forma oficial.
Pero bueno, los dos o tres días posteriores siguió siendo lo mismo de siempre, incluso la llevé al baño para darla un beso.
Solo quería uno, solo uno… y me dijo que ni de broma, que en “público” no…
, me sentí como una mierda. Pero podrías decir, ¿por eso llora esta tía?
No, eso no es lo peor. El día que estaba llorando era por una razón muy sencilla y muy diferente a esa.
Carol suspiró de forma profunda, Sergio vio que su mirada, tras las lentes, mostraba dolor. Pensó que sería bueno acercarse a ella, que quizá le necesitaba a su lado, pero antes de que decidiera moverse, la jovencita volvió a mover sus labios.
—Estábamos todo el grupo de amigas reunidas, así hablando de todo y de nada.
Salió una conversación sobre parejas, no me acuerdo cuál fue el detonante, cualquier tontería, eso da igual.
Lo que importa es que de pronto, Paola empezó hablar.
Comenzó a decir que estaba conociendo a un chico, yo levanté la cabeza casi al momento, menos mal que creo que ninguna me estaba mirando.
Pensé, “está hablando de mí, pero en clave. Está claro, ¿qué va a ser si no?”.
—en su rostro nació una mueca irónica a la par que negaba con la cabeza— ¡Qué estúpida soy! ¡Sí que estaba conociendo a un tío!
—Joder, Carol. Lo siento mucho.
—Sé que lo sientes, aunque es ridículo. Me largué corriendo de allí, tratando de no montar un numerito, claro.
Me metí en el cuarto y lloré, lloré como nunca.
Cuando me arreglaste la ducha te despaché rápido porque me había mandado un mensaje para hablar conmigo.
Si fui un tanto borde, te pido perdón, sé que ahora me comprendes.
—Tranquila, solo me pareciste un poco tonta, nada más, —la sonrisa de Sergio la calmaba— pero nunca lo tomé en cuenta. ¿Salió algo de eso?
—Pidió perdón y me dijo mil mierdas sobre que necesitaba tiempo, que su corazón estaba dividido, que si ese chico y yo estábamos en él, bla, bla, bla. Sinceramente, sentí que ese tío era el novio para enseñar y yo la amiga que se folla cuando le da un capricho.
—¿Desde ese día habéis…? —la cara de Carol le hizo saber al chico, que contestar sí, no era necesario— Entiendo. Estás enamorada.
—¿Algo que no sepa?
—Solo una cosa, dile a Paola que también tiene la culpa de que se te atasque la ducha.
—¿Qué?
—Cuando me secuestraste para que te arreglase la ducha, al sacar el tapón, vi que había pelos morenos con toques azules como el tuyo, pero también rubios.
Era evidente que no te duchabas sola. —Sergio sintió el rubor en su rostro— Aparte de esa curiosidad…
no te puedo decir nada más. Eres muy lista y sabes cuáles son las soluciones a esto.
O te elige a ti por completo, o serás su amiga siempre y no pasaréis de polvos clandestinos.
En parte la entiendo, ella tiene que sacar a la luz un lado que no ha sido el habitual, quizá tenga miedo.
—tener relaciones secretas era la especialidad de Sergio…
al menos últimamente— ¿Crees que tienes oportunidades con ella?