ABRIENDO EL CORAZÓN #3
—Pienso que lo dice en serio, lo de que espere y que me quiere. Siempre me repite que no está preparada. —miró a su amigo con cierto gesto de enojo— Pero cuando le cómo… —estaba siendo demasiado expresiva— ¡Ahí no se queja!
Sergio mantuvo un rebuzno que ocultaba una carcajada que le iba a desencajar la mandíbula.
El comentario de su amiga había sido tan explícito que no pudo soportarlo y se rio.
Lo primero que le surgió a la chica fue enfadarse, que se rieran de aquello no le hacía la menor gracia.
Pero repitiendo en su cabeza la frase que acababa de soltar… terminó riéndose de la misma forma.
Después de un minuto se detuvieron, el ataque de risa cesó y los dos se quedaron meditando en silencio dentro de la pequeña habitación.
—En este caso concreto, siento decirte que me parece que no tienes suerte en el amor. Has topado con una chica que tal vez esté preparada en algún momento o tal vez no. —le comentó Sergio.
—No soy muy afortunada si te soy sincera. —el joven se sintió intrigado— Aunque… eso es una historia para otro día.
—Sí, tienes razón, se ha hecho tarde. A lo tonto y a lo bobo hemos pasado un buen rato.
Se levantó de su silla, estirando los músculos agarrotados y lanzando un triple a la papelera con la lata de Pepsi. Falló. Tuvo que recoger y tirar vilmente desde cerca.
—Tranquila, Carol. En este caso, no es bueno dar consejos, porque no estás en la piel del otro.
Sé lo que piensas tú y lo que sientes, en ese caso te diría que la esperes y que al final vendrá.
Sin embargo me pongo en el lugar de Paola y puede ser que le cueste un mundo sacar a la luz una relación con otra chica.
Llamémosle una relación clandestina, así le da más tintes de telenovela.
—Tu toque estúpido me encanta, ¿te lo he dicho alguna vez? —Carolina también se puso de pie.
—Alguna vez… —sonrieron caminando hacia la puerta— Si quieres mi humilde opinión. A Paola pienso que le va a constar muchísimo y eso te lo digo que… —¿podía confiar en su amiga como ella había hecho?— de relaciones… prohibidas… sé un poco.
El gesto de Carolina tras las gafas se tornó curioso, sus ojos verdes quedaron fijos en el joven a la espera de más.
—Pero eso sí que es una historia para otro día. —la joven notó la importancia y el peso de esas palabras y algo le dijo, quizá la intuición, que preguntara.
—¿Eso tiene que ver con el problema en casa, con tus padres?
—Otra muestra de que eres muy lista. ¿Te ha venido bien contarlo? —ella asintió— Otro día hablamos del tema, ¿te parece bien?
—Por supuesto.
Sergio fue a abrir la puerta, pero se detuvo.
Se dio cuenta de que su amiga le había abierto su corazón y él no había hecho nada al respecto.
En el pequeño cuarto habían conectado como hacía tiempo que no conectaba con nadie.
La joven le contó el problema que la comía por dentro y por el cual sufría tanto.
Puso sus ojos en los de la joven, estaban ligeramente tristes y con cierta sorpresa, por ver que su amigo seguía allí plantado sin abrir la puerta. Entonces lo comprendió, supo que todavía no se podía ir, no debía dejar así a Carolina, debía darle algo antes de marchar.
—No puedo hacer nada para que tu situación mejore, pero… —su lengua se trabó, aun así puso todo el empeño en decirlo— ¿Quieres un abrazo?
Carolina se lanzó a sus brazos, hundiendo la cabeza contra la parte superior del cuello y dejando el cabello en la barbilla del Sergio. Supo que había actuado a la perfección, sobre todo, cuando la muchacha desbordaba de sentimientos, comenzó a llorar.
—Todo se solucionará.
Susurró el chico añadiendo un tierno beso en la cabellera de Carol que hizo que esta le apretara más.
Ambos fundidos en el abrazo, se fueron separando a medida que la muchacha ralentizaba su respiración y disminuía el llanto contenido.
Al final, cuando volvieron a estar cara a cara, Sergio levantó su mano diestra de forma dulce, limpiándola varias gotas que corrían por sus mejillas.
—¿Tus amigas de la universidad, no saben nada? —negó con la cabeza, era evidente— Soy el único entonces. Estoy a dos puertas para cualquier cosa que necesites.
—Cada vez las veo menos, no puedo estar junto a Paola así… tan normal, me cuesta esconder lo que siento. —parecía que el sollozo se calmaba— No es fácil. Pero gracias, Sergio, de corazón, eres un verdadero apoyo.
—No soy un apoyo, soy tu amigo.
Volvió a rodearle con sus brazos, esta vez por el cuello, propinándole un beso en la mejilla. El cuerpo del joven mantuvo la calma, rodeando a su amiga por la cintura atrayéndose el uno al otro.
Volvieron a separarse para despedirse en silencio.
Sergio salió por la puerta rumbo a su habitación, recorriendo el pequeño tramo con la mano en la mejilla todavía sintiendo el calor de Carolina.
Se había vuelto a olvidar de su madre, de sus problemas y solo rondaba su mente la desafortunada de su amiga “está sufriendo…”.
Sin embargo otra cosa, después de bastante inactividad, saludó con cierta fuerza. Bajo sus pantalones, debido a aquel beso y aprisionado por unos calzoncillos que no le podían detener, el miembro de Sergio volvía a resurgir.