La Trilogía (Aventuras y Desventuras Húmedas #4) ¿QUÉ PUEDE HACER? #2
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¿QUÉ PUEDE HACER? #2

Le llamó la atención, sin saber si aquello que se le había ocurrido era una buena idea. Quizá el estar tan mal le había hecho pensar en su madre, en la única que siempre estaría para cuidarle. Mari giró de nuevo el cuello para mirarle y fijó la vista con sus ojos azules.

—¿Quieres venir al cine conmigo?

El silencio recorrió la habitación, solo los vaqueros que aniquilaban a los indios lo interrumpían. Mari se quedó totalmente perpleja, su hijo le estaba invitando a ir al cine, ¡con él!

—Pues no sé, cariño, ¿a qué hora es?

—Empieza a las diez, pero bueno con los tráileres y los anuncios pues diez minutos más tarde supongo.

—Acabará muy tarde…

Mari se quedó callada observando a su hijo.

Como le miraba con unos ojos algo rojos que le hicieron pensar “¿ha llorado o es la alergia?”.

Un sentimiento de protección la invadió y notando que su pequeño tal vez pudiera estar herido, quizá no físicamente, seguro que de una forma más emocional, terminó por decir.

—Bueno… si es buena, me apunto.

—Eso no te lo puedo asegurar. —ambos rieron— Aunque no tengo mal gusto. Entonces, ¿salimos para las nueve y algo? —Mari asintió, le parecía bien, el cine estaba cerca— Voy un rato a jugar al ordenador. Cuando estés lista, me avisas y marchamos.

Sergio se marchó a su habitación y Mari se quedó viendo la misma película, pero esta vez mucho más despierta.

Hacía tanto que no iba al cine, que le comenzó a provocar una leve ilusión.

Debatió un buen rato mientras los indios eran masacrados, que ropa se iba a poner, cuál sería la adecuada para ir a ver una película, estaba totalmente fuera de esas cosas, ir al cine lo consideraba de… jóvenes.

Dani la dio un beso para despedirla, algo que más que anunciarle que su marido se marchaba, era una alarma para avisarla que debía cambiarse.

Fue a su habitación cerrando la puerta tras de sí.

Abrió el armario y lo miró con detalle. Cada vez tenía menos ropa “moderna”, toda ropa de “madre”. ¿No era una madre?

Le quedaba media hora hasta las nueve y en todo ese tiempo se probó varios modelitos, que aunque le quedaban bien, ninguno parecía gustarle. “Si Carmen estuviera aquí, sería más fácil” pensó la mujer recordando las vacaciones con su hermana.

Al final se decidió por llevar unos vaqueros algo holgados, con un jersey ajustado y una chamarra de cuero negra. Con todo ello puesto se vio de maravilla, el cabello peinado en una coleta, esta vez bien hecha, le daba un tono bastante juvenil, salvo por una cosa que no le gustaba.

El jersey de color gris, era bastante ajustado y tenía un escote pronunciado en forma de V.

cualquiera que mirase podría ver sus senos apretados el uno contra el otro, no quería ir tan “descocada”.

Para arreglarlo, se puso una camiseta básica blanca por debajo, tapando el exceso de pecho sin dejar ningún trozo de seno a la vista.

Para culminar el vestido, tomó prestado a su hija, unas zapatillas All Star que le quedaban como anillo al dedo.

En verdad se veía muy guapa, joven y a la moda.

En el tocador de la habitación, terminó por pintarse las pestañas y después darse un toque de pintalabios, aunque poco, tampoco quería ir excesivamente preparada.

Al fin y al cabo iba al cine, no a la recepción con el presidente del gobierno.

Estaba lista y se volvió a mirar en el espejo.

Su reflejo era bello, precioso, incluso ella misma lo sintió.

Solo se había preparado en Navidades y un poco en Nochevieja, con ese día ya eran tres en muy poco tiempo, puede que algo estuviera comenzando a cambiar en el interior de la mujer.

Cogió un bolso negro y se lo cruzó desde el hombro a la cintura, comprobó si tenía dinero para invitar algo a su hijo, le tenía que devolver el favor por la entrada.

Cierto. Sergio la había invitado, no lo había pensado, pero tal situación en un momento le hizo sentir un escalofrío en su espalda. Salió de la habitación, la luz de la sala le hacía suponer que allí se encontraría su hijo. Anduvo con calma aunque con cierto nerviosismo, pero ¿por qué esos nervios?

Sentía lo mismo que cuando Dani la esperaba para salir de fiesta o hacer algún plan. Ella se arreglaba, se ponía guapa y cuando llegaba donde él, sentía unos pequeños cosquilleos, como si quisiera escuchar que lo había conseguido, que estaba preciosa.

Apoyó un hombro en el umbral de la puerta y vio a su hijo sentado en el sofá, al parecer había terminado con el ordenador.

Se había puesto un vaquero, uno de los tantos que le quedaban fenomenal, “a los jóvenes todo les queda bien”.

Por arriba una camiseta que tapaba un jersey ceñido de rayas con diferentes azules.

Se puso de pie al verla y Sergio le lanzó una mirada de satisfacción.

—Vaya… estás muy guapa, mamá.

Desde sus pequeñas vacaciones los halagos de Sergio habían sido habituales, quizá en menor medida, pero siempre tenía alguno preparado para ella. Eran casos puntuales, ya fuera, por verla guapa, por ver como solucionaba un problema o simplemente diciéndola que su comida estaba sabrosa.

—Gracias. Hace mucho que no voy al cine, me he preparado un poco… no llamaré la atención.

—Bueno… —Sergio no reprimió una carcajada— llamarás la atención porque vas muy guapa, por nada más. —Mari sonrió— Si ya estas lista, ¿marchamos?