La Trilogía (Aventuras y Desventuras Húmedas #4) LA CASA DE ALICIA #2
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LA CASA DE ALICIA #2

Ella soltó una risa nerviosa y caliente, algo que pareció más un “hipo” que una carcajada. No importaba… que hiciera los sonidos que quisiera, Sergio solo tenía ojos para lo que poseía entre las piernas.

Con dos pasos rápidos se puso frente a la chica, que sin cerrar las piernas le esperaba con ansiedad.

Sergio se mordió el labio para contener los primeros impulsos de desenfreno y admiró la chica tan bella que tenía delante, “mucho mejor que en la foto del bikini”.

Pensó mil cosas en aquel instante, incluso en que le podría pedir hacérselo con el bikini puesto, sin embargo, hizo lo más obvio, comenzar el coito.

Cogió de las piernas a su amante y la levantó en el aire sin pedirla permiso.

El sofá como buen chaise longue, tenía una parte más alargada que Sergio acertadamente denominaba la L.

Allí la depositó sin perder un gramo de fuerza.

Realmente estaba tan acelerado que aquella mujer no le pesaba nada, seguramente podría hacérselo durante horas.

Colocándola justo en la esquina, con cada nalga separada por la punta del cojín, sujetó sus piernas y esta se apoyó en sus antebrazos para dejarse hacer.

El pene estaba dispuesto, el condón tenía cierta lubricación que haría la entrada perfecta, sin obviar la humedad que Alicia cultivó durante toda la noche.

Todo aquello, lograba que el interior de la boca de Sergio, salivase.

En aquel momento, de nuevo, como un flash, Marta apareció en su cabeza.

Una imagen rápida de ella sonriendo y diciéndole que le quería, aquellas risas que habían tenido justo después de ver a Alicia por primera vez.

Todo duró menos de medio segundo, fue muy rápido.

Pensó en que diría su preciosa tía, incluso, que diría su…

¿Preciosa? Madre, “¿Qué hago pensando en ella?”.

Volvió a salir de su mente viendo a la amante que yacía encima del sofá esperando por una penetración que se eternizaba. Alguna duda le había asaltado, pero con la mirada fija en los preciosos ojos color avellana de la joven y en como su pecho rugía al aspirar, metió su pene en lo más profundo.

—¡JODER!

Alicia dio un verdadero alarido. Un grito de placer extremo, sorpresa y conocimiento personal. Este último, por descubrir cuan profundo era su vagina.

—¿Más? —preguntó Sergio enaltecido por saber que podía proporcionar un gran placer.

—Sí, sí, hazlo otra vez.

Sergio repitió la misma jugada. Sacó su pene duro y repleto de venas que simulaban las raíces de un árbol y de nuevo lo dirigió a la entrada de la muchacha. Entró con fuerza por segunda vez, hasta que su sexo se quedó completamente en el interior y sus genitales acariciaban el ano de Alicia.

—Me cago en… —replicó esta vez en un tono más moderado—. Con esto ya ha valido la pena que vinieras.

—No, Alicia, no. Todavía queda lo mejor.

Con un ritmo rápido volvió a entrar y salir de un sexo que comenzaba a palpitar después de pocas acometidas.

Las manos de Sergio aferraban la parte trasera de los muslos de Alicia dejando sus rodillas casi en el rostro de la joven.

Estaba más abierta de lo que nunca había estado en la vida, ver desde esa posición al hermano de su amiga metiendo sin parar su miembro mientras ponía caras de pasión era impagable.

Lo que tanto anhelaban ambos llegó, nada más par de minutos después de la primera entrada. Alicia que llevaba sin sexo más tiempo del que desearía, estaba demasiado sensible y todo lo que había esperado para tener aquel coito la hizo explotar.

Las entradas ya no eran tan profundas, sino rápidas. La boca de la joven solo aspiraba aire mientras miraba como una y otra vez era penetrada con una pasión que la desbordaba. Agarró con fuerza la nuca del joven y la acercó todo lo que pudo hasta su boca.

—Fóllame, que me corro… —suplicó entre dientes.

Sergio volvió a sacar esa parte ardiente que pocas veces había visto.

Comenzó con unas entradas poderosas que al llegar al fondo de la muchacha hacían que unas cuantas gotas salieran disparadas del sexo.

Era como ver gotear en un charco, algo imperceptible, pero después de unas cuantas entradas y salidas de ese tipo, al tiempo que Alicia gemía sin parar, tanto el sofá como las piernas de ambos quedaron humedecidas.

—Ya está, ya está. ¡Joder! ¡Qué gusto! —sentenció Alicia soltando las manos de la nuca de su amante y agarrándose el pelo con fuerza.

Un grito sonó atronador dentro de las cuatro paredes cuando Sergio introdujo todo de golpe, notando que el orgasmo estaba allí. La vagina convulsionó, todo el interior masajeó el tronco y el prepucio del joven que seguía haciendo fuerza para ganar milímetros allí dentro.

Alicia estiró un sonido irreconocible hasta la extenuación y volteó los ojos hasta dejarlos blancos. Su cabello negro yacía en el sofá como una línea de conexiones neuronales, todas con el mismo destino, el rostro rojo de la chica.

Sacó su herramienta del interior viendo lo dilatado que había quedado el sexo opuesto. Se sentía realmente bien, como si el trabajo estuviera bien hecho, pero aún quedaba más.

No lo hizo de forma descortés, únicamente le faltó algo de caballerosidad. Sergio cogió la mano de la chica con dulzura y sin dejar que el orgasmo abandonara su cuerpo, la subió de nuevo en volandas. Siempre había querido probar una cosa y ahora se veía con muchas fuerzas para hacerlo.

—Alicia, métetela.

La joven todavía con el rostro descompuesto y algo perdida, pasó su torpe mano entre ambos cuerpo. Sus piernas rodeaban la cintura del joven y las manos de este de nuevo estaban agarrando su trasero. Cuanto le gustaba notar cada dedo apretándola.

Con poco acierto, debido a la falta de experiencia en esa posición y la dificultad para ver, tardó en introducir de nuevo el miembro de Sergio. Aunque la espera pareció más larga de lo que en verdad había sido, al fin lo lograron, comenzando de nuevo un sexo de lo más satisfactorio.

Pasando ambas manos de nuevo por debajo de los muslos de la chica, la cogió como bien había visto en muchas escenas porno durante tardes interminables. Y allí mismo, de pie, retomaron el coito.

No era tan sencillo como los videos para adultos hacían ver. Las piernas ya endurecidas por el coito anterior, no hacían que resultara nada sencillo. Sergio se ayudaba de manos y cuerpo para poder hacer las penetraciones, pero Alicia, totalmente inexperta en esa postura no hacía nada.

—Nunca lo había hecho así. —saltó la chica al no notar demasiado placer.

—Yo, alguna que otra vez —mintió, de nuevo para pavonearse.

El sentido de todo aquello era bastante simple, él era el “adulto” en esta pareja, debía llevar la voz cantante de hombre experimentado.

Aquellas tonterías nunca las hubiera pensado sereno y tampoco si hubiera estado menos cachondo.

No obstante la mezcla había sido tan mala que ahora se comportaba como lo que tildaría él mismo, “un imbécil”.

—He estado con algún que otro chico de gimnasio, pero nunca me pusieron así. —solo uno. No se quería sentir intimidada por el comportamiento del chico.

—Pero… no te lo haría así…

El orgullo etílico del joven había sido herido.

Oír que otro “chico” estaba en una conversación mientras hacían sexo…

no le gustaba. Agarró con más fuerza ambas nalgas de la mujer y las abrió todo lo que pudo.

En un acto algo insensato, pero algo posible debido a las fuerzas que parecía tener, comenzó con un ritmo tan frenético, que jamás se hubiera imaginado.

Quizá solo con Carmen había gozado a tamaña velocidad, aunque no lo recordaba con exactitud.

Las manos de Alicia se agarraban a la espalda con ganas, pensando que podría salir volando en cualquier momento.

Sus piernas se agarraban mucho más a la cintura del joven y notaba como tanto su sexo se abría sin contemplaciones y su trasero… hacia lo mismo.

El cabello oscilaba arriba y abajo, le golpeaba en el rostro y se le metía en la boca. El placer estaba siendo terrible, era similar a tener un vibrador, ya que el coito era tan veloz que apenas se movía, solo vibraba.

El placer iba llegando, pero también el bamboleo de su cabeza unido al alcohol de toda la noche, la hicieron desfallecer.

—Para, Sergio, para…

El joven se detuvo al de dos segundos, ya que apenas la había escuchado y eso que el tono era alto y claro, además solo le separaban unos centímetros. Miró a la joven como se recogía el pelo detrás de la oreja mientras centraba su mirada y se humedecía los labios.

—Me mareaba…

—¿Estás bien?

El pecho de Sergio explotaba a cada aspiración, se había cansado como nunca y algunas gotas de sudor perlaban su frente. No pasó inadvertido para la joven que le besó con pasión aún con su pene en el interior.

—Bájame, seguimos de otra forma.

Posó los pies en el suelo con algo de incertidumbre, en más o menos diez minutos apenas los había usado para nada y con el gozo que todavía llevaba no sabía si le sujetarían, pero lo hicieron.

Con un rápido movimiento, Sergio dio la vuelta por el cuerpo joven de Alicia y la rodeó por la espalda.

Comenzó a darle suaves besos en su cuello y un pequeño mordisco, algo que hizo a la muchacha abrir los ojos y decir.

—¿Tú me puedes morder, pero yo a ti?

—No —dijo añadiendo sonidos de negación—. Como me dejes una marca… la liamos.

Pasó las manos hasta los pechos de la muchacha y los aprisionó mientras esta gemía. Abrió los ojos y se vio en el reflejo de la televisión. El cristal negro le daba una imagen perfecta del cuerpo de su amante que ahora era acariciada por sus ya calientes manos.

—Ponte a cuatro patas —le sugirió Sergio, no había opción a debate, pero sonó demasiado bien. Alicia se fue a mover al sofá, pero señalando el suelo, el joven le hizo ver que la posición exacta era allí mismo—. En la alfombra mejor.

Era mullida y seguramente algo cara, ya que el tacto era demasiado agradable, pero aquello no hacía que la comodidad fuera mayor que el sofá.